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EL MONÓLOGO DE ALSINA

El propósito de Mark Zuckerberg para este año

Les voy a decir una cosa.

Lo que tiene ser un gurú. Que importa poco si reúnes aptitudes, o no, para guiar al mundo en ámbitos que siempre te ha sido ajenos: una vez que eres visto como un profeta, tu palabra será ley para quienes te siguen. Hables de lo que hables.

Carlos Alsina | @carlos__alsina  | Madrid  | 06/01/2015

Mark Zuckerberg, creador de Facebook

Mark Zuckerberg, creador de Facebook / Getty Images

Y no, no hablo de Pablo Iglesias. No siempre hay que estar hablando de Pablo Iglesias. Incluso él, se lo aseguro, lo agradece. Hablo de Zuckerberg, Mark Zuckerberg. El estudiante de Harvard que parió el Facebook hace diez años -no solo, sino en compañía de otros- y que ahora, con treinta años, es el más joven de los mil millonarios que aparecen en la lista Forbes.

Reúne, por tanto, dos condiciones favorables para andar todo el día dándole al coco sobre planes, proyectos e ideas que, aunque puedan parecer marcianas, le han convertido en el gurú (ahí está, un gurú) de la sociedad digital que formamos todos. O casi todos, porque su proyecto más ambicioso (y más cuestionado también por los ejecutivos de las operadores telefónicas tradicionales, como bien sabe Alierta) es el internet para todos, conseguir que todos los habitantes del planeta tengan acceso a la red y participen de ella, todos con conexión, con tarifas accesibles y con servicios básicos que sirvan para mejorar la vida cotidiana de la gente. En esto es gurú gurú, digamos, pero para sus cientos de millones de seguidores cualquier cosa que se le ocurra a Zuckerberg acaba teniendo eco y, casi siempre también, efecto.

Ha convertido en tradición anunciar, cada comienzo de año, un nuevo propósito que promete cumplir. Un año se propuso conocer a una persona nueva cada día del año, otro comer únicamente carne de animales que hubiera sacrificado él mismo y otro más, aprender mandarín. Por insólito que parezca, cada vez que, llegado enero, anuncia su nueva meta, cientos de miles de personas deciden (o eso dicen) imitarle.

Este año introdujo una novedad en el procedimiento para escoger su nuevo propósito: decidió, como Izquierda Unida, dar voz a sus simpatizantes. Han participado más de cincuenta mil personas, una de las cuales propuso que cerrasen Facebook durante veinticuatro horas para animar a los usuarios a salir a la calle a hablar con personas de la vida real con la que nunca antes hubieran hablado.

Finalmente, Zuckerberg reveló la misión que se autoimpone para este nuevo año. Y ésta es, por ello, una de las noticias con las que arranca, atención, el 2015: el profeta de las redes sociales y del internet para todos ha descubierto un eficacísimo dispositivo que lo mismo sirve para pasárselo bien, puro ocio, que para mejorar tus destrezas intelectuales, descubrir nuevos mundos, conocer gente y aprender cosas. Bendito sea el pack, todo en uno.

Digo que lo ha descubierto porque inventado está desde hace años, qué digo años, siglos. Se llama libro, con “l” y con “b”. Y es un invento verdaderamente apasionante que ha sabido adaptarse (o que hemos sabido ir adaptando por la cuenta que nos trae) a los distintos soportes que a lo largo de la historia se han ido inventando. Tan libro es el códice calixino que mangó de la catedral de Compostela el chispas Castiñeiras como el último ebook que acaba de subir a su escaparate virtual la casa del libro.

Deslumbrado por las prestaciones que ofrece un libro, el gurú ha escrito en su propia red que lo libros te permiten profundizar en los asuntos de una manera más profunda que los medios de comunicación y que se ha descubierto a si mismo, recientemente, leyendo libros que le procuran una gran satisfacción intelectual. Qué emocionante, ¿verdad?, ese momento en que uno se descubre disfrutando con la lectura. De tal manera que el propósito de año nuevo que anuncia Zuckerberg es leer un libro cada dos semanas, que 2015 sea el año de los libros (para él, se entiende). O para él y sus seguidores, que al rebufo del profeta han empezado a apuntarse a lo que aspira a ser una especie de club gigantesco de lectores que en dos semanas se terminan un título y luego, entre todos, lo comentan.

Ciento cincuenta mil se han apuntado de un día para otro. Y aunque están proponiendo títulos de todos los géneros para ir comentándolos, Zuckerberg abre plaza con un ensayo de Moisés Naim, “El fin del poder”, una reflexión sobre cómo el poder se ha diversificado, han surgido nuevos actores capaces de aunar y movilizar voluntades -micropoderes los llama- y eso cambia la forma de conducirse y gobernarse las sociedades. Tiene sentido que a Zuckerberg le interese el planteamiento que hace el pensador venezolano porque éste señala, como visión más optimista de este cambio en el reparto del poder, que personas con buenas ideas pueden ahora tener un influencia mayor y hacer progresar la Humanidad: un grupo de veinteañeros puede montar su propia empresa y desafiar, en pocos años, la hegemonía de las grandes corporaciones (seguro que en esto el cofundador de Faceboook se siente aludido).

La otra visión, un poco menos optimista y que también plantea Naim, es que grupos pequeños con ideas extremas tienen cada vez más poder porque el poder se ha hecho más fácil de obtener. El autor los llama los simplificadores, grupos que huyen de los matices, las circunstancias y los tonos intermedios. Menciona, en concreto, el tea party en los Estados Unidos, los grupos de extrema derecha en Europa y los populismos en Iberoamérica. Gente con malas ideas, escribe, que alcanza un poder desproporcionado con relación a su tamaño. Y como él mismo añade, para ver cómo es el mundo en el que estas tendencias, ya visibles, se consolidan y para saber qué efectos tienen, habrá que esperar al menos una década.

Dices: ¿voy a leer un libro porque lo diga el fundador de Facebook, cuyos intereses, preferencias y gustos literarios ignoro por completo? Pues tú igual no, pero las tiendas  de libros en la red están comprobando desde ayer que hay mucha gente que sí. Mosiés Naim debe de estar encantado y su editorial, más todavía, porque las ventas, en un día, se han disparado. Le llaman el efecto Oprah, por Oprah Winfrey, la presentadora de televisión norteamericana: la capacidad que tiene una sola persona, sólo por expresar cuánto le gusta un producto o qué piensa comprar mañana, de mover el mercado y procurar un éxito de ventas.

Para medir el acierto de Zuckerberg en la selección de su libro quincenal (para gustos se hicieron los colore) habrá que tener una muestra más amplia, pero hoy parece innegable que el mero hecho de que un gurú tecnológico, padre de red social y metido hasta las orejas en el llamado ocio digital, exalte las bondades de leer, como toda la vida, un buen libro, supone un valioso impulso a la percepción de este maravilloso --y antiquísimo-- instrumento como aquello que siempre ha sido: un modernísimo dispositivo de crecimiento personal.