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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Los parecidos entre Luis Bárcenas y Marion Crane

Les voy a decir una cosa.

Como si fuera Bárcenas pero en rubio y en señora, Marion Crane también había obtenido dinero que no declaró al  fisco, también temía que la policía lo encontrara y también tenía un cuaderno en el que hacía anotaciones contables.

 

Carlos Alsina | Madrid | Actualizado el 19/07/2018 a las 08:30 horas

Psicosis, un clásico del cine

Psicosis, un clásico del cine / seestrena.com

Justo antes de que  Marion Crane cometiera la terrible imprudencia de ducharse en el motel de la señora Bates -convirtiendo una película de suspense en un hito cinematográfico- había apuntado en su cuaderno, a mano (claro), unas cuentas. Cuarenta mil de entrada y setecientos de salida. Saldo, treinta y nueve mil trescientos. A diferencia de Bárcenas, sin embargo, Marion rasgó después la hoja del cuaderno y en lugar de pasárselo a El País lo tiró al váter. Lo tiró al váter y tiró de la cadena, lo cual supuso no uno, sino dos hitos más de la historia del cine americano, como relata esta otra película que se ha estrenado hoy y en la que a Hitchcock lo interpreta Anthony Hopkins.

En realidad, la novedad más novedosa que aportó, en 1960, “Psicosis”, no fue el desnudo de la protagonista (que más que verse se sugería) sino el desnudo integral, y en primerisimo plano, de un retrete. Como le dice a Hopkins (o sea, a Hitchcock) el censor que examina el guión previo de su película, no es sólo que pretenda usted mostrar en pantalla un váter, es que pretende mostrar el váter ¡funcionando!, con el agua corriendo al tirar de la cadena. “Nunca una película americana ha sentido la necesidad de exhibir tal cosa”, dice el censor cargándose de razones. Hitchcock conseguirá, contra pronóstico, esquivar la tijera censora con un argumento que hoy todavía perdura: El retrete es importante porque en él están las pistas más valiosas para investigar el crimen”.

El fiscal general del Estado, Torres Dulce, que llego al cargo de la mano de Gallardón pero que viene manifestando en privado su deseo de convertir la fiscalía en una institución verdaderamente independiente, tiene prometido que será beligerante con todos los casos de corrupción (acreditada o presunta) que lleguen a su conocimiento. En su comparecencia parlamentaria de diciembre consideró la corrupción como “la forma más devastadora de ataque a la democracia y sus valores”, en la medida en que es el crédito de las instituciones el que se ve arruinado cuando sus responsables aparcan la moralidad para abrazar (y agarrar) el dinero. Cuando El Mundo publicó la historia de los sobres, el juez de la Gürtel emplazó a la fiscalía a pronunciarse sobre si debía investigarse judicialmente el asunto.

La fiscalía dijo sí porque los indicios aparecidos le parecieron suficientes para abrir una indagación. Con el mismo criterio, y ahora que El País ha difundido el cuaderno contable (o lo que sea) del ex tesorero, la fiscalía apoyará que esto también se investigue. No es una actitud meritoria, claro, simplemente es su trabajo. Del señor Bárcenas se sabe que ocultó varios millones de euros a la Hacienda española y que mantenía relación con los espabilados de la Gurtel, L.B., Luis el carbón y todo aquello. Luego todo lo que tenga que ver con Bárcenas y con dinero, debe ser investigado. Sería insólito que alguien pretendiera acotar esa investigación, porque el Bárcenas que anota cosas en un cuaderno, el Bárcenas que filtra papeles, el Bárcenas que acabó a tortas con Correa, el Bárcenas que engordó su fortuna sin tributar por ella, el Bárcenas que llevaba las cuentas del PP y el Bárcenas al que este partido arropó cuando aún proclamaban su honradez y su decencia, es una única persona: todo es Bárcenas. El mismo Bárcenas.

Todo lo que tenga que ver con él debe ser investigado por el juez instructor, incluidas, claro, sus anotaciones contables, éstas que se han publicado  ya y cuantas más pueda tener su poder (o en casa de algún amigo). Junto a las investigaciones que se vayan abriendo, hay una que ya está en marcha, que es muy relevante, y de la que estos días -con el tormentón arreciando sobre Génova- estamos hablando menos: de dónde sacó Bárcenas el dineral que acumulaba en Suiza. La procedencia de sus millones, los que no repartía en sobres porque eran suyos. Viendo la afición que tenía (o tiene) a apuntar en un cuaderno los ingresos y gastos, cabe pensar que llevaría también un cuaderno personal con las entradas de dinero en su buchaca suiza.

Lástima que ese cuaderno no lo vaya a publicar, porque aparte de las interesantes coincidencias que pudiera tener con los pagos anotados en la Gurtel es probable también que algunos donantes anónimos que tuvo el PP se quedaran a cuadros al descubrir que el dinero que creían aportar para ayudar al partido a pagar, por ejemplo, la seguridad de los concejales, acababa en la cuenta suiza del gerente, solo o en compañía de otros y presuntamente.

No estaría de más un registro policial de los retretes que frecuentó Bárcenas por si hubiera quedado por allí, como en Psicosis, algún resto de algún papel incriminatorio. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría se presentó hoy ante los periodistas en Moncloa no como Marion Crane (camino de la ducha) sino como Janet Leight (camino de los focos), es decir, sabiendo cuál es su papel y sabiendo, sobre todo, lo que le esperaba: preguntas sobre Bárcenas, sobre los papeles, y sobre los papeles de Bárcenas. No aportó nada nuevo, salvo su convicción personal de que Rajoy es un hombre íntegro al que ella no ha visto nunca saltarse una norma. Con el argumento previo de que ella, en Moncloa, habla como gobierno y no como partido, se evitó la vicepresidenta sumarse al coro de dirigentes populares que han repetido ayer y hoy, con mínimas variaciones, un mismo estribillo: éste que dice que los papeles no se corresponden con la contabilidad real del partido y que la intención de quien difunde falsedades es desestabilizar al gobierno, justo ahora que la economía se recupera (esta última parte es una percepción que está repitiendo el gobierno pero que no se funda en indicadores de PIB, que siguen cayendo).

Cospedal, Floriano, Alonso, González Pons, han formulado todos, en sus entrevistas en los medios, las mismas afirmaciones y con idénticas expresiones. Se han repetido tanto que Rajoy va a tener que buscar algún elemento nuevo para su esperadísima declaración de mañana (otra cosa no, pero habilidad para generar expectación sin duda tiene el presidente: diferir las comparecencias multiplica la expectativa). Qué dirá Rajoy mañana -distinto del no me temblará la mano- no se sabe. Parece evidente que la idea de reunir al comité ejecutivo de su partido (todos los dirigentes con peso) responde al deseo de ofrecer una imagen de unidad sin fisuras en torno a este discurso que están haciendo los portavoces oficiales.

Pero, puertas adentro del comité ejecutivo, está por ver que la unanimidad sea un hecho. Las explicaciones de Rajoy las estamos esperando con interés los medios de comunicación y, por razones distintas, todos los demás partidos políticos, pero también las están esperando (o sobre todo las están esperando) los militantes del PP.

Ayer Cospedal afirmó que hablaba en nombre de toda la militancia cuando afirmó la honradez de los dirigentes y se declaró víctima de una campaña de descrédito. Hay militantes (y hay dirigentes) que no comparten la tesis de la conspiración ni tienen tan claro que todo lo que se viene publicando sea falso. Hay militantes (y hay dirigentes, alguno de ellos integrante del comité ejecutivo que mañana se reúne) que creen que “algo hay” y que desean que se separe el grano de la paja y el trigo de la cizaña -por emplear metáforas de resonancias bíblicas tan del gusto de alguno de ellos-, que se refresque la memoria de cuantos estuvieron por allí y se cuente abiertamente de qué va toda esta historia, caiga quien tenga que caer. Con el suspense y el desasosiego sobrevolando Génova, es a los militantes de su partido, para empezar, a quienes Rajoy tiene que convencer de que Bárcenas, el tesorero, no era, a la vez, el encargado de mantener funcionando los retretes.