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EL MONÓLOGO DE ALSINA

'El alba que no llega'

Les voy a decir una cosa.

“Nunca la noche es tan oscura como justo antes del amanecer”. Esta frase, que podría haber sido el reclamo comercial de la película de Bigelow sobre Bin Laden y que encajaría como un guante en cualquier almanaque y/o libro de autoayuda, se la dijo, en realidad, el locuaz Sebastián Piñera, presidente de Chile, al nada locuaz presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, hace diez días.

Carlos Alsina | Madrid | 04/02/2013

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno / EFE

Piñera debió de ver a Rajoy necesitado de ánimo, porque le recibió con un “te veo mejor de lo que esperaba” que fue respondido por Rajoy con esta otra frase que lo mismo vale para la política que para el deporte o el show business: “El humor”, dijo, “es clave para mantenerse en este negocio”.

Sucedió hace apenas diez días, pero parece que hayan pasado diez años. Por entonces el Financial Times presentaba al primer ministro español como un hombre resolutivo y recto que defendía como un logro estar rebajando la prima de riesgo sin haber tenido que pedir el rescate. El diario había entrevistado al presidente en la Moncloa y se había llevado de allí una buena impresión que reflejó en sus influyentes páginas. Veinte días después, el Financial Times le ha clavado hoy a Rajoy un editorial severo en el que le reclama (él también) que llegue hasta el final en el esclarecimiento de los hechos y en el que subraya que la sociedad está furiosa por la sucesión de escándalos que se van conociendo. Aunque el título del comentario es Rajoy en crisis”, personalizadísimo, no habla sólo del PP y de Bárcenas, sino de cómo “casi todas las instituciones, desde la monarquía hasta la judicatura”, dice el periódico, “muestran signos de podredumbre”. Nada que aquí no sepamos y por supuesto nada que aquí no se haya publicado antes, pero es el Financial Times, el diario de referencia de los que mandan por ahí fuera en la política y en las finanzas. Y cuya idea de los demás países y los demás gobiernos se basa, en un porcentaje elevadísimo, en lo que leen en este periódico.

Entre el Rajoy que recibió al Financial en la Moncloa y éste que hoy ha viajado a Berlín, entre el Rajoy que bromeó en Santiago de Chile con Piñera y éste al que hoy le costaba sonreír en Alemania, lo que ha pasado es que han publicado los papeles de Bárcenas y que, consecuencia de ello, al presidente se le ha acabado el humor porque ve que el amanecer se retrasa. Por eso Angela Mérkel, que tampoco ha sido nunca la alegría de la huerta, se abstuvo hoy de hacer bromas pesadas a su invitado. No le dijo, al saludarle, “¿cómo estás Helmut?”, en recuerdo del ex canciller que se vio salpicado por un escándalo de financiación irregular de su partido. Merkel estuvo sobria y Rajoy, más. Juntos en la rueda de prensa de esta tarde. Los periodistas alemanes, sorprendidos de que fuera hoy cuando, por primera vez, los periodistas españoles pudieran formularle preguntas al presidente del gobierno sobre este asunto. Los españoles también nos sorprenderíamos si no estuviéramos ya habituados a estas conferencias de prensa a toro pasado, diferidas.

Le preguntaron al presidente si cree que es Bárcenas quien está intentando desestabilizar el PP (a esto no respondió) y si tiene intención de querellarse contra él (esto lo dejó en manos del servicio jurídico). Declaró de nuevo el presidente su honradez y añadió esta afirmación que habrá dejado descompuesto a su departamento de comunicación: “Todo lo que se ha publicado es falso salvo alguna cosa, por tanto es totalmente falso”. Ahora se entiende por qué el sábado prefirió llevarlo escrito. Aunque la idea es la misma –no tengo nada que ocultar—y, por tanto, en este frente no hay novedad.

A todo esto, Bárcenas sigue jugando a luz de gas. Ni confirma ni desmiente que esas anotaciones sean suyas. Juega a enredar con afirmaciones ambiguas e imposturas. No ofrece ruedas de prensa y no concede entrevistas. Unas veces emite comunicados y otras, como hoy, responde telegráficamente a la preguntas de los reporteros que hacen guardia a la puerta de su casa. Siempre para insistir en lo mismo: que la contabilidad que él llevaba en el PP no era ni paralela ni secreta. Hoy le dijo al reportero de Antena3: “Ni existe ni ha existido nunca una libreta secreta; todo es una burda manipulación”. ¿Significa que no era libreta o que no era secreta? ¿O que lo allí apuntado no significa lo que se está interpretando que significa? Obviamente, Bárcenas podía haberse quedado a hablar con el periodista un rato largo para aclarar ésta y otras preguntas, pero por supuesto, no lo hizo. Se subió al taxi y salió zumbando. Bárcenas, siempre en fuga.

A él todo lo que interesa afirmar es que hizo honradamente su trabajo de gerente y tesorero, tal como afirmó, mientras pudo sostenerlo en público, que había hecho honradamente sus declaraciones de Hacienda. Y, por supuesto, sigue sin responder -tira millas cada vez que se lo preguntan- a la pregunta del millón. Perdón, a la pregunta de los veintidós millones: de dónde sacó usted, tesorero, su inmenso tesoro. Bárcenas empieza a tener trazas de otros famosos implicados en escándalos políticos que, al principio lo negaron todo, luego amenazaron con hacer caer gobiernos y, al final, se ofrecieron a colaborar con la Justicia a cambio de un trato más piadoso. No hay figura que acelere más una instrucción judicial que la del “arrepentido”, el acusado que confiesa lo suyo para confesar, después, lo de otros. Cuando hoy le preguntó el periodista a Bárcenas por qué no se querella contra el diario que le atribuye los papeles respondió, pretendiendo que sonara creíble, “eso lo están preparando mis abogados”. Declaración que, a quien más habrá sorprendido es...a sus abogados.

Debe de ser desolador para un presidente de gobierno que el sábado afirmó con firmeza su inocencia y la de su partido desayunarse con la percepción de que gran parte de la sociedad no le ha creído. Incluso si las cosas fueran como él las cuenta -que está por ver—queda claro que su sola palabra no basta para convencer a la opinión pública. Éste es, probablemente, el precio que paga quien asumió compromisos e hizo promesas que resultaron sistemáticamente incumplidas. Grave problema -aunque no nuevo- para un jefe de gobierno: que con más de media legislatura por delante, su palabra esté tan devaluada.

A Rajoy le iría mejor si perdiera el miedo a llamar, en público, a Bárcenas por su nombre y empezara por admitir la negligencia de haber tenido de tesorero a un evasor. La razón de que los papeles y los chanchullos publicados tengan verosimilitud radica en eso: en que este señor era el que llevaba las cuentas del partido; este hombre del que decían que era honrado y cuyas declaraciones a Hacienda estaban, aparentemente, en orden se ha descubierto ahora que era un defraudador con veintidós millones en Suiza. Y es el mismo señor que gestionaba el dinero del partido y elaboraba la contabilidad.

Esto a lo que el partido se agarra ahora como si fuera la prueba del algodón, “la contabilidad oficial”, ¿quién la hizo y basándose en qué datos de ingresos y gastos, no sería en los que facilitaba el propio Bárcenas? Lo endemoniado para el PP no es que ahora la opinión pública no le crea. Lo endemoniado es haber tenido de gerente y tesorero a un evasor de cuya decencia y honradez presumieron todos, unos porque estaban en babia --negligentes en la vigilancia-- y otros porque cooperaron activa o pasivamente, del gran engaño. La responsabilidad el distinta y por ahí se empieza, por establecer quiénes eran los unos y quiénes los otros.