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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El juego de las sillas"

A rey muerto, rey puesto. A Soria muerto, Latorre de repuesto. Si aún le sigue interesando a usted quién va a representar a España en el Banco Mundial —que seguramente no—, sepa que se llama Fernando Jiménez Latorre y que reubicado anoche, a toda prisa, por el mismo gobierno que tenía previsto renovarle en el Fondo Monetario Internacional. El juego de las sillas. Levántate de ésa, Fernando, que ahora te toca esta otra. Sus méritos profesionales no se discuten —es funcionario, como diría Rajoy— y según la versión oficial, quedó segundo en el famoso concurso que ganó Soria —funcionarios concursando por puestos para funcionarios, como también diría, o dijo, el presidente—.

Carlos Alsina |  Madrid |  Actualizado el 17/08/2018 a las 18:30 horas

La vida política española se ha quedado a vivir en Soria. En vista de que Sánchez no consigue entusiasmar a nadie —-ni siquiera a sí mismo— con la monda de contactos que está realizando, el tema que mantiene ocupados a los grupos políticos —"ocupados" es una forma de hablar— es el Expediente Soria, los rescoldos, aún muy activos, del incendio que prendió el viernes el gobierno pirómano.

Hoy la mesa del Congreso ofrecerá la primera prueba de hasta qué punto el Parlamento le es adverso, en este momento, al gobierno. La investidura la perdió Rajoy por la mínima, pero la votación de hoy en la mesa de la cámara la va a perder por goleada. Los seis que suman PSOE, Podemos y Ciudadanos contra los tres que tiene el PP. La oposición convocará a Luis de Guindos con carácter de urgencia para que rinda cuentas sobre el Expediente Soria la próxima semana y en comparecencia monográfica ante el pleno. Esto último es lo significativo: que no se van a conformar con que vaya el ministro a la comisión, en la sala pequeña y con unos pocos diputados; lo van a llevar de las orejas al hemiciclo, al patio de los mayores y en sesión monográfica. Todo Soria. Soria non stop.

Ciudadanos hace frente común con PSOE y Podemos en un ensayo general de lo que Albert Rivera desearía que pasara el resto de la legislatura. Un ejecutivo en minoría y un gobierno, en la práctica, del Parlamento. Solo que para haya legislatura, de cuatro años, antes de finales de octubre tendría que haber —y no parece que vaya a haberlo— nuevo gobierno. Si al final hay pleno la próxima semana, al menos sus señorías encontrarán algo que hacer además de tumbar investiduras. Dar mítines en Bilbao o en Santiago no cuenta como actividad parlamentaria.

Llueven piedras sobre Luis de Guindos. Se le llama fuego amigo porque viene de dentro. Pero dentro es donde están los peores enemigos. ¿Dentro de dónde? Del gobierno, claro.

La versión que difunde el grupo vinculado a presidencia dice que fue el ministro quien comprometió a Rajoy. Contándole la película de Soria sólo a medias. Haciéndole creer que la recolocación carecía de contraindicación alguna. Una cosa de funcionarios, presidente, pura burocracia administrativa. Y el ingenuo Rajoy, que es un recién llegado, ¿verdad?, a la administración pública, que nunca se ha preocupado por saber cómo se designan los cargos en las organizaciones internacionales, que nunca ha alcanzado a distinguir —porque nunca se ha ocupado de ello— el Banco Mundial del Mundial de Fútbol, se encontró de pronto con un incendio que no era suyo pero que él, raudo y eficaz, se ocupó de sofocar llamando a Soria para que destituyera a sí mismo.

Se ha organizado la mundial —dicen los enemigos de De Guindos— porque al presidente no le pusieron sobre aviso. Qué tío tan liante el ministro. Esto le pasa a Mariano por dar carrete a advenedizos.

El Expediente Soria convivirá en la crónica política de estos próximos días con la campaña en el País Vasco y Galicia —otra vez el carrusel en marcha— y con la Diada calentando motores en Cataluña. No la diada como tal, que es día de celebración de todos los catalanes, sino la diada independentista, la percha que utilizan los partidarios de separarse de España para movilizarse y exhibir músculo en la calle.

El presidente Puigdemont anuncia que él irá a la manifa indepe. A diferencia de Artur Mas, que ponÍa todos los recursos necesarios al servicio de los convocantes pero luego se abstenía de acudir alegando que su cargo, institucional, lo desaconsejaba. Siempre fue el rey Artur más de aprovechar manifestaciones que de encabezarlas.

Puigdemont, al menos, no disimula. Ni neutralidad institucional ni gaitas: si eres un presidente independentista que sólo busca el aplauso de los independentistas como tú, agarras la pancarta y te desmelenas. De paso le das una alegría a la CUP, en cuyas manos sigues estando porque ni has aprobado los presupuestos ni has superado aún la cuestión de confianza. Rehén político obligado a mostrarse como la madre, o el padre, de todos los independentismos. Al que no le guste, butifarra.