OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Quien plantó a Mohamed fue Podemos"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre que Mohamed VI habla por teléfono con Sánchez en lugar de recibirlo en Rabat.

Carlos Alsina

Madrid | 02.02.2023 08:28

Para evitar malos entendidos, habrá que aclarar esta mañana que el rey Mohamed de Marruecos no es de Podemos. Que ambos hayan dado esquinazo a Pedro Sánchez no significa que militen en lo mismo. El rey Mohamed pasa por ser un tipo sibilino, tremendamente astuto, que mide cada gesto y se pasa la vida rumiando cómo hacerle la puñeta al gobierno de España cada vez que le baila el agua. Seguro que es así, que es una suerte de Fouché, Talleyrand y Maquiavelo todo junto.

Puede que también sea amante de la vida ociosa y de las vacaciones largas en la playa. Y juntando todo eso sale que ayer tuvo un gesto bien poco amable, desagradable, con el presidente del gobierno de España, es decir, con España. El día que el jefe de gobierno de tu país vecino aterriza en Rabat con doce ministros, tú estás a cuatro mil kilómetros de distancia, vacacionando.

Dices: qué mala suerte que le haya pillado la visita española en el extranjero (en Gabón está el personaje); a ver, que la fecha de la reunión la ha decidido el gobierno marroquí, si Mohamed está en la otra punta de África y en lugar de recibir a Sánchez lo despacha con un telefonazo la intención parece clara: esta cumbre de gobiernos a la que el nuestro le da la máxima relevancia posible, alto nivel, primera vez en ocho años, la rebaja el gobierno de allí con el gesto distante de su jefe de Estado.

Podía haber sido peor, le podía haber hecho una perdida, o haberle enviado un emoticón con el pulgar hacia arriba, pero el gesto ha sido feo. Incluso muy feo. Diplomáticamente, el rey Mohamed se habrá quedado a gusto, pero no esperará que en España se reciba su actitud ni con gratitud ni con aplauso. Por más que se perciba el regodeo en algunos círculos políticos y mediáticos por el plantón a nuestro presidente.

El esfuerzo del ministro Albares por convencer a los periodistas de que el telefonazo de Mohamed es la prueba de lo tremendamente implicado que está en esta cumbre y los histórica que resulta induce, en el mejor de los casos, a la ternura.

Relación Marruecos - España

A ver, que el rey de Marruecos está implicado en la relación con España no parece que sea una novedad, cuándo no lo ha estado, ministro. Por supuesto que lo está. Vamos, no es que lo esté, es que la relación con España la viene decidiendo él desde hace veinte años. Para los momentos dulces, nuestro gobierno cree que éste es uno de ellos, y para los momentos de confrontación, provocación y generación de problemas. Que de esos tenemos un precedente bien cercano: el intento de desestabilizar Ceuta hace menos de dos años.

Qué interés tiene Mohamed en deslucir la cumbre que Sánchez ha presentado como la refundación de nuestras relaciones con Marruecos lo sabrá el rey y lo sabrá, o no, el gobierno de España. Igual tiene algo que ver con el hecho de que la cuarta parte del gobierno de España haya ninguneado al gobierno marroquí. Porque quien primero dio esquinazo a Sánchez en esta cumbre no fue Mohamed. Ni siquiera Garamendi. Quien primero aguó la cumbre, boicoteándola, fue la cuarta parte de los ministros de Pedro Sánchez. Empezando por su vicepresidenta segunda, nada menos. Cuesta decir en la misma frase que la reunión entre los dos gobiernos es del más alto nivel, histórica, de grandísimo calado, y que ha ido repudiada por las ministras de Podemos, Belarra y Montero, el ministro de Izquierda Unida, Garzón, el de Ada Colau, Subirats, y la vicepresidenta de sí misma, Yo Yolanda Díaz.

Enternecedor también oír a las ministras que sí van quitar importancia al sabotaje de sus colegas u oír a Albares predicar que uno de los hitos de esta reunión es la cantidad de ministros que asisten.

Es que en Marruecos no hay ministros que combatan la posición de su gobierno sobre España. Y en España, sí. Como ocurre con la posición del gobierno sobre la Otan o sobre la guerra de Ucrania. Después de todo, entre las cosas que el presidente Sánchez nunca ha sometido a la deliberación de sus ministros (que son casi todas) está la postura sobre el Sáhara Occidental, que eso sí que fue un hito y un cambio histórico: abrazar la propuesta de Marruecos sin pedir opinión al gabinete y sin informar de ello al Parlamento. Acuérdese de que cuando por fin fue el presidente, arrastrando los pies, al Congreso de los Diputados a exponer su conversión a la doctrina Mohamed cosechó el abrumador rechazo de la Cámara a esta mutación. Recordémoslo aunque al presidente le incomode: su posición sobre el Sáhara Occidental, tan agradecida en Rabat, no cuenta con el respaldo de la sociedad española representada en el Parlamento. La decisión la tomó en contra del Parlamento, por aquello de lo sensible que es a la voluntad de la mayoría social. No será en esto.

"¿Cómo se cuida la coalición"

Pero como dice Yolanda Díaz, lo importante es cuidar la coalición de gobierno. Todo el día cuidándola.

¿Cómo se cuida la coalición? Borrándose de una cumbre bilateral que te incomoda, evitando tomar postura sobre el endurecimiento de penas que propone el PSOE para los violadores sabemos dónde encontrar a la vicepresidenta y dónde no hay manera de encontrarla, que es en la concreción sobre las penas.

¿Se cuida la coalición acusando a tu socio de cobardía? Pues no parece. Pero es en lo que está Ione Belarra.

A Sánchez le tiemblan las piernas con lo del sí es sí. Esto es lo más ofensivo que se puede decir de Sánchez a juicio de Sánchez. Si de algo presume él es de que no le tiemblan las piernas ante nadie, ni empresarios, ni presidentes del Constitucional, ni susanasdíaz.

En Podemos, sin embargo, le ven cobardón en el tema de las penas a agresores sexuales. Sostienen que no ha podido aguantar la presión de ver cada día en las televisiones el marcador con el número de violadores a los que se ha aliviado la pena. Tal como le ven cobardón, de oca en oca, en el tema hipotecas. Que ahí es la vicepresidenta Díaz, líder de la plataforma Topar, quien vuelve a la carga con la congelación de las letras. No consiguió topar la cesta de la compra pero no tira la toalla en el tope a las letras del piso. Es decir, a la rentabilidad del negocio bancario. La patronal de la banca creyó oportuno recordarle ayer que este asunto ya se negoció con el gobierno y se alumbró un pacto, con Calviño en concreto, pero Díaz no se resigna. En este asunto, a diferencia de otros, sí quiere tener una postura clara y beligerante (cada una elige sus batallas y sus banderas). Después de todo, ahora que Sánchez va de Pedro el rojo contra el capitalismo salvaje igual es más receptivo a las banderas yolandistas que cuando disfrutaba siendo aplaudido por los consejeros delegados de las empresas del Ibex.