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EL BLOG DE ALSINA

Hay vida después de la política

Les voy a decir una cosa.

Hay vida después de la política. Para algunos gobernantes, incluso hubo vida antes de la política.Schwarzenegger, por ejemplo -probablemente el apellido más difícil de deletrear de todos los tiempos- era actor antes de actuar como gobernador de California y ahora vuelve a serlo, una vez que cesó en ese cargo.

Carlos Alsina  | Madrid  | 13/07/2012

Arnold Schwarzenegger en la Comic-Con presentando nueva película

Arnold Schwarzenegger en la Comic-Con presentando nueva película / Seestrena.com

Dentro de un mes estrenan en Estados Unidos  “Los mercenarios II”, la nueva de Sylvester Stallone en la que repite Schwarzenegger no ya con un cameo, como en la 1, sino como secundario con varias páginas de guión, en compañía de otros consumados actores (eternos aspirantes al oscar a la mejor interpretación) con Van Damme Chuck Norris. El que vale, vale, y la política es sólo una etapa pasajera.

En España, también tenemos pruebas de que hay vida después de la política. Puedes dedicarte a correr la media maratón de incógnito, como Zapatero, puedes crear una Fundación para seguir sintiéndote influyente (aunque no lo seas), como Aznar, puedes buscar acomodo en alguna institución del Estado o puedes sugerir que te fiche alguna empresa eléctrica. Felipe, Salgado, Solbes, Acebes, Aznar han sido reclutados como consejeros independientes, o asesores, o abridores de puertas, por compañías muy relevantes de nuestro país.

Que es justo lo que no parece que le vaya a pasar nunca a José Manuel Soria, el ministro de Energía cuyo plan para “reformar” el sector (“reforma” en el lenguaje del gobierno ahora ya claramente significa sacar dinero de debajo de las piedras para paliar el déficit del Estado) tiene en pie de guerra a los ejecutivos de las compañías eléctricas y deprimidos a los pequeños empresarios que se aventuraron a crear plantas de producción de renovables cuando el gobierno anterior apostaba por ellas (lo del cambio de modelo productivo y todo aquello) y que anticipan ahora que tendrán que cerrar y dejar de pagar los créditos bancarios recibidos porque los nuevos impuestos al sector les darán la puntilla.

Los sucesivos cambios normativos que se han producido en las renovables desde 2010, cuando el ministro Sebastián dijo aquello de que “la novatada de ser pioneros y de haber pagado excesivas primas para incentivarlas” -cambiando, así, la doctrina del gobierno- ha convertido este sector en arenas movedizas, o dicho de otro modo, lo ha dotado de una regulación tan voluble, tan caduca, de una inseguridad jurídica tan elevada, que es perfectamente comprensible que los inversores extranjeros se hayan ido saliendo y que los empresarios españoles estén de uñas. El gobierno anterior recortó las primas en diciembre de 2010, y el gobierno actual las suspendió temporalmente (así lo dijo, aunque en la práctica fue eliminación) en enero de este año. El objetivo era ahorrarle al Estado trescientos millones de euros y que ese dinero desapareciera de la factura eléctrica, para poder destinar una cantidad mayor de lo que pagamos los consumidores a atajar el llamado déficit de tarifa, es decir, lo que el Estado adeuda a las eléctricas por haber fijado precios de la electricidad inferiores a los costes reales.

Para entendernos, y por duro que resulte escucharlo, los consumidores hemos pagado la electricidad a un precio inferior al que nos hubieran cobrado las compañías por decisión de los sucesivos gobiernos, y se ha ido acumulando ahí una deuda que esos mismos gobiernos se comprometieron a ir abonando a las eléctricas. Hace ya tres años se aprobó una ley que dice que en 2013 ese déficit ha de ser cero, y estamos hablando de unos 24.000 millones de euros. Las tres vías que se le ocurrieron al gobierno actual para atacar ese problema fueron: quitar las primas a las renovables, negociar con las eléctricas una quita (que acepten rebajar la cantidad que se les debe), y crear nuevos impuestos para que sean las eléctricas las que paguen al Estado.

Al final ha optado por hacer las tres cosas a la vez, pero a la hora de pasar de las intenciones a los hechos está encontrando resistencia en el sector y divergencias de criterio dentro del propio gobierno. Los nuevos impuestos a la facturación de las compañías han tenido al sector de lo más agitado esta semana, llamada va, llamada viene, ¿tú qué sabes de los planes del gobierno, será posible que sea verdad lo que se está diciendo? Filtró el ministerio de Energía que el nuevo impuesto iría del 4 % para las eléctricas tradicionales, al 19 % de las fotovoltaicas.

Y anoche ya comentamos que existían dudas respecto de si estos cambios iban a ver la luz (si se permite la expresión) en el Consejo de Ministros de hoy o se iban a dejar para mejor ocasión por las diferencias entre Soria y Montoro y, sobre todo, por el tremendo malestar que existía (y las muchas llamadas que estaba recibiendo la Moncloa) en el sector eléctrico -tanto las tradicionales como las renovables- y en el bancario, porque hay bancos que son accionistas de estas compañías y bancos que han financiado inversiones y que temen tener ahí un nuevo, y serio, problema. De manera que cuando hoy se abrió la sala de prensa de Moncloa y aparecieron Sáenz de Santamaría, Montoro y De Guindos, es decir, cuando no apareció José Manuel Soria, el sector respiró aliviado, porque significaba que, al final, volvía a quedar esta reforma aplazada. Como así ha sido.

Casi cabe decir que, en el Consejo de Ministros de hoy, ha sido más noticia lo que no se ha aprobado que lo que sí. Se aparca la nueva fiscalidad eléctrica y se aparca la revisión del impuesto de sociedades, la otra herramienta con la que Montoro confía en sacar dinero de las grandes empresas eliminando bonificaciones. Hacienda se plantea fijar un suelo para ese impuesto, un tipo mínimo que hayan de abonar las compañías por muchas bonificaciones que éstas se apliquen. Porque, al final, y para que salga de verdad esa suma de 65.000 millones de euros que el presidente del gobierno anunció en el Congreso, tiene que haber más medidas fiscales que las que, hasta ahora, se han concretado.

Sólo con el IVA y los recortes publicados –por mucho que se haya subido el IVA—no sale la suma, de ahí que haya todavía cartas que ir enseñando y que el gobierno, a la vista de lo ocurrido hoy, no tiene aún maduras. Lo del IVA sí se ha aprobado, pero con mínimo respiro para el sector turístico que salva la temporada veraniega sin subida. La fecha en que entrará en vigor la subida es el primero de septiembre. Y en lo que más lo notaremos es en los productos que ahora están gravados al 8% y pasan al 21: a saber, y por ejemplo, hacerte unas gafas, ir a la peluquería, al teatro o al circo. Y la funeraria, que es el IVA más doloroso porque no lo paga el finado.