opinión

Monólogo de Alsina: "El gallinero y la izquierda terrenal"

Carlos Alsina reflexiona en su Monólogo de Más de uno sobre el rótulo que puso TVE1 sobre la princesa Leonor y la polémica que ha generado. Además, habla del obispo de Cartagena y del líder de Comisiones Obreras en Valencia, Arturo León, por vacunarse antes de tiempo.

Carlos Alsina

Madrid | 11.02.2021 08:31 (Publicado 11.02.2021 08:38)

Las vacunas hacen extraños compañeros de cama. La lista de vacunados por la cara ha unido a un obispo y un sindicalista. El obispo de Cartagena, que se llama Lorca (todo queda en Murcia) ha hecho acto de contrición y se ha dolido de su pecado de vacunarse sin formar parte de colectivo prioritario alguno.

Dolido por dentro, el señor obispo ha confesado que se vacunó en una residencia de mayores en la que no reside. Y en la que no trabaja. Aunque en el listado que envió el centro a la consejería de Sanidad aparece monseñor como capellán, es decir, el religioso que se ocupa de atender las necesidades espirituales de los residentes.

En Valencia ha renunciado al cargo el líder de Comisiones Obreras, de nombre Arturo León, que lleva dieciséis años de liberado sindical, sin ejercer --por tanto— de técnico de riesgos laborales del Hospital de Alicante (que ése es su empleo) y ha recibido, sin embargo, la primera dosis de la vacuna destinada a los profesionales sanitarios que están en primera línea y expuestos al riesgo de contagio. No parece que en la sede de Comisiones Valencia se atienda a contagiados del covid, de ahí que su vacunación haya generado el mismo escándalo que la del consejero de Murcia que alegó que era médico para ser vacunado.

A diferencia del obispo de Cartagena, el sindicalista valenciano no manifiesta ni dolor de corazón ni propósito de enmienda.

Porque sostiene que él pidió reincorporarse a su trabajo a primeros de año, y que si recibió la vacuna antes de hacer efectivo el regreso fue porque la Consejería de Sanidad se demoró en el trámite. ¿Y se pondrá la segunda dosis?, le preguntaron ayer al sindicalista. 'Por supuesto', respondió, 'tengo ese deber y ese derecho'.

Viendo la evolución que lleva Pablo Iglesias --de combatir la casta a disfrutar de ser parte de ella, de satanizar a quien tiene un chalé en la sierra a disfrutar de tenerlo, de presumir de vestirse en Alcampo a no quitarse el traje y la corbata-- viendo la evolución de Iglesias de aquí a doce años será él quien envíe a su hija a hacer el bachillerato en el extranjero, y no en Caracas precisamente. Ni en Moscú, por mucha afinidad que ahora muestre con ese demócrata pleno que se llama Vladimir Putin.

A tres días de que los catalanes elijan Parlamento, Podemos teme encajar su tercer gatillazo electoral en un año. No tan duro como el de Galicia (cero escaños), ni como el del País Vasco (de once que tenían se quedaron en seis), pero sí lo bastante gordo como para quedar por detrás de la CUP y quién sabe si de Vox. Ni Ada Colau ni Pablo Iglesias tienen ya el tirón, fruto de la novedad y la frescura, que en otro tiempo tuvieron. Hoy ambos son el poder: el poder municipal y el poder ejecutivo. Alcanzar el poder y que no haya ni sombre de revolución es lo más frustrante que le puede ocurrir a estos partidos que prometían ponerlo todo patas arriba y cambiarle la vida a los de abajo.

Podemos en campaña lo aprovecha todo para amarrar los votos que aún le quedan. Lo mismo le vale un rapero en puertas de ingresar en prisión, que un ministro ruso haciéndole la envolvente a Borrell, que una adolescente de quince años a quien sus padres envían a estudiar dos cursos en el extranjero. A Podemos, con sus líderes cómodamente instalados en la mesa del Consejo de Ministros y en la mesa del Parlamento, todo les sirve como prueba de que España no es una democracia plena. Y entre que son maestros de hacer batiburrillos y que nada les entretiene más que publicitar sus discrepancias y sus tensiones con el otro partido que es, como ellos, poder ejecutivo pues ahí tenemos cada jornada un nuevo episodio de la serie 'El gallinero gubernamental'.

La granja escuela de Pedro y Pablo.

El día que no es por la calidad de la democracia es por la ley de libertades sexuales, la de igualdad de las personas trans, la reforma del código penal, el Sáhara, Rusia, el enaltecimiento del terrorismo, el salario mínimo, el ingreso mínimo vital, las pensiones, la nacionalización de empresas y la creación de más empresas públicas.

El serial del gallo (alfa) que agita el gallinero merece tener sintonía propia. Interpretada, en su regreso a la radio, por la célebre gallina Marcelina a la que recordarán los más viejos del lugar.

Clo, clo, clo, cantemos a la vida.

El otro gallo, de apellido Sánchez, que es presidente de gobierno pero no se pronuncia sobre nada que afecte a su gobierno porque hoy su prioridad es hablar (y hablar y hablar) sobre lo bondadoso que es Salvador Illa, recuperó su registro de mitinero-humorista con esta pulla a su compadre del moño que es lo que siempre se llamó un pellizco de monja. Sobre la izquierda terrenal que representa el PSOE frente a los que sueñan con asaltar los cielos.

Al señor de los cielos se le fue la mano con la metáfora: el paraíso es una escuela pública de calidad. No le pida usted más al paraíso.

Como la desinformación es santo y seña de Podemos y de sus pregoneros no iba a dejar pasar la ocasión de deformar la historia del rótulo que ayer le puso a la noticia de Leonor La hora de la 1 de Televisión Española. Ese 'Leonor se va de España, como su abuelo' que llevó a Rosa María Mateo a apartar de sus funciones, con buen criterio, a los rotuladores que antepusieron su presunto ingenio al rigor mínimo exigible a un programa informativo de la televisión pública.

Naturalmente Podemos, Isa Serra, se lanzó a preguntar qué está mal en ese rótulo.

¿Qué está mal? Pues todo. Leonor no se va de España, a Leonor la envían sus padres a estudiar el bachillerato a Gales. Por tanto, no es 'como su abuelo' porque ni el motivo del traslado ni las circunstancias personales de la adolescente y el Rey de antes guardan similitud alguna. El rótulo es un despropósito que no busca informar al espectador sino confundirle, y quien no sabe hacer su trabajo es normal que sea apartado y reemplazado. Por supuesto se sacaron de la manga los Echenique y las Isas Serra que a los responsables de la gracieta les habían despedido, cosa que nunca sucedió y que nunca dijo Radio Televisión Española. Pero no dejes que la verdad te estropee una buena demagogia. Primero inventas que los han despedido y luego intoxicas con que ha sido el rey personalmente quien exigió su cabeza. Estos son los que vienen a dar lecciones de rigor informativo. Relevar de sus funciones no es lo mismo que despedir o represaliar. Relevar de sus funciones es lo que Podemos hizo con Errejón cuando le apartó de la portavocía parlamentaria para poner a Irene Montero. Despedir al represaliado es lo que Podemos hizo con el abogado Calvente acusándole de un acoso de género del que nunca más se supo.

Pero ya sabe usted que sólo hay plena normalidad democrática en Podemos.