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EL MONÓLOGO DE ALSINA

El “sobre español” en Bruselas, no tiene que ver con Bárcenas

Les voy a decir una cosa.

Cuando en Bruselas hablan del “sobre español” no se refieren a lo de Bárcenas. Por lo menos, no hasta ahora.

Carlos Alsina  | Madrid  | Actualizado el 19/07/2018 a las 08:23 horas

El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy

El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy / EFE | Archivo

El sobre español fue el nombre oficioso que le dieron los funcionarios europeos al dinero aquel que nos ofreció Van Rompuy (dinero blanco, en la contabilidad oficial y declarado a Hacienda) para compensarnos por esta situación tan paradójica en la que nos encontramos: sufrimos una recesión de caballo y nos hemos ido quedando en las raspas, pero en Europa se nos ve como un país potente que tiene que poner más dinero del que recibe. Contribuyente neto.

Cuando entramos en Europa íbamos en el furgón de cola y, por aquello de la solidaridad entre países para ir siendo más iguales, recibíamos muchos fondos europeos y aportábamos bastante menos al presupuesto de todos. Pero con los años hemos ido progresando y han ido entrando a la Unión otros países en peores circunstancias que nosotros: ahora es a ellos a los que hay que ayudar a mejorar y es a nosotros a quienes nos toca rascarnos más el bolsillo.

Mientras esperamos armados de paciencia a que la fiscalía anti corrupción avance en su investigación del caso Papeles -hoy dijo el fiscal general del Estado que esto pinta que va a ser largo y que no le vendrían mal más recursos si de verdad el gobierno quiere que se llegue hasta el final, ahí queda eso- esta noche recuperamos el capítulo de asuntos pendientes, cuestiones que quedaron sin cerrar y que hay que ir rematando.

Hay cumbre europea en Bruselas y un solo asunto, en realidad, sobre la mesa: cuánto le toca poner, y cuánto recibe, cada país en los presupuestos europeos de los seis años que van del 14 al 2020. En noviembre, se acordarán (o tal vez no) ya se juntaron estos mismos señores -y señora- para cerrar los presupuestos, pero en la más comunitaria de las tradiciones, y viendo que no estaba fácil pactar los números, lo dejaron para otro momento. A España, como ya contamos en noviembre, no está claro qué le interesa más, porque si se recorta mucho el presupuesto europeo tendremos que poner menos dinero; pero si hay menos dinero en Europa habrá también menos fondos para la cohesión, la agricultura y...las políticas expansivas, es decir, subvencionar la creación de empleo.

Como estamos malamente y perdemos muchos fondos en estos nuevos presupuestos, Van Rompuy nos ofreció en noviembre una especie de cheque adicional, dos mil ochocientos millones en concepto de analgésico. Ahora los meses han pasado y toca rellenar ya las columnas de ingresos y gastos, los papeles europeos. De manera que, si en esta noche de cumbre decisiva y negociación eterna, oyen hablar del “sobre de España” tengan claro que se refieren a esto, al hueso para que nos consolemos, no a un sobresueldo. Uno no se imagina a Van Rompuy, ésa es la verdad, paseando entre sus colegas europeos con sobres de dinero: toma, François, los gastos de representación; Mario, tus dietas. De hecho, no te imaginas a Van Rompuy haciendo nada, porque existe poca información (y también poco interés) por los cometidos concretos que cada día desempeña nuestro presidente fijo de la Unión Europea.

Lo que la mayoría de la gente sabe de él es que tiene dos hobbies: hacer haikus y convocar cumbres decisivas para el crecimiento. Hoy su trabajo es hacer de árbitro. Conducir las discusiones entre los jefes de gobierno sobre el nuevo Presupuesto de la Unión Europea. Es el encargado de pitarle falta al holandés, sacarle la amarilla a Angela Merkel si se pasa en el marcaje a los griegos y los irlandeses e intentar que el tiempo de descuento no se alargue hasta Semana Santa. En realidad, y como es tradición, las cuentas de la Unión Europea serán las que alcancen a pactar Francia y Alemania con la cara de acelga del Reino Unido y los demás gobiernos parapetados tras ellos y fingiendo para sus públicos nacionales que ha sido su primer ministro el factor decisivo para la consecución del acuerdo. Hacemos mucha broma con las noches electorales, pero si hay una noche en la que todos se declaran ganadores y nadie pierde es una noche de negociación europea.

Rajoy está hoy de buen humor no porque le apasione esto de la negociación europea -que no le apasiona, tampoco esto- sino porque ha dejado atrás, a mil kilómetros de distancia, a sus dos peores pesadillas: Bárcenas y Esperanza Aguirre. El uno porque no sabe cuánto más podrá enredar y la otra porque sabe de sobra lo mucho que le gusta andar enredando. Yo habría destituido a la ministra, yo habría hecho, yo habría dicho. A Rajoy sus colegas no le están preguntando por este escándalo ése que, según el Financial Times, tiene de los nervios al gobierno de España, los papeles, sino por el otro escándalo que protagoniza nuestro país -y que éste segundo no sólo está probado documentalmente sino que es el gobierno el que se encarga de informar de hasta qué punto es cada vez más escandaloso-, es decir, el paro. O usando el apellido que más estremece a nuestros socios europeos, el paro juvenil.

Cuando hablan de emergencia para revertir el paro juvenil en Europa están hablando de nosotros, de España, ese pilar de la Europa del Sur en el que más de la mitad de los jóvenes en edad de trabajar, y queriendo hacerlo, no tiene dónde. Y hablan de ello con tono de reproche al gobierno, o al conjunto del país, que lleva años teniendo una tasa de desempleo que duplica la media europea sin haber encontrado la vía para atajarla. El paro es nuestro gran fracaso nacional.

Debe de pensar el presidente que por lo menos ya no le preguntan cuándo va a pedir el rescate, no le ven con aspecto de rescatable. Esto sí que es verdad que ha cambiado. A las cumbres anteriores iba Rajoy con cara de “¡el siguiente!” Siempre tenía que responder la misma pregunta: cuándo lo pide, cuándo. Y siempre tenía que responder lo mismo: no tengo intención de pedir nada, que actúe el Banco Central para enfriar las primas, más Europa, oiga, más Europa. Ahora que el rescate ha pasado a segundo plano, sus colegas por lo que le preguntan es por el paro juvenil. Y los periodistas, por su declaración de la renta. Siempre líos, como diría el propio presidente.

La prima de riesgo, tan desatendida estos días, no es que esté para presumir mucho pero sigue por debajo de los cuatrocientos puntos. El interés del bono a diez años anda cerca del cinco y medio, que es un precio alto pero alejado del temblor de piernas que sufrimos el verano pasado. ¿Y la subasta del tesoro cómo ha ido, se ve afectado  el Tesoro por el escándalo del ex tesorero? No parece que estén los inversores tan pendientes de este asunto como nosotros. Nos han prestado 4.600 millones a un precio superior al de la última vez pero sin volverse locos. El dinero hay que devolverlo y los intereses habrá que pagarlos, pero nuestra prima de riesgo no la decide Bárcenas. Igual los inversores se han informado un poco más y han comprobado que otros gobiernos españoles ya encajaron escándalos de corrupción mayúsculos y nunca cayó un gobierno. Menos aún si ese gobierno tiene, por muchos Bárcenas y muchos papeles que le surjan, mayoría absoluta y sin fisuras en el Congreso.