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EL MONOLOGO DE ALSINA

El día de la Constitución se sigue celebrando

Les voy a decir una cosa.

Iba a haber sido el último seis de diciembre festivo, pero en esto el gobierno también acabó cambiando de criterio. A última hora indultó la Constitución y mantuvo la jornada festiva en 2013, aprovechando que la Purísima cae en domingo y el puente será menos puente, Angela Merkel.

Carlos Alsina | Madrid | Actualizado el 19/07/2018 a las 09:26 horas

Constitución de 1812

Constitución de 1812 / antena3.com

Mañana es fiesta, el sábado también, dicen que hay puente y que en las carreteras se nota un poco que hay más tránsito que un miércoles cualquiera, un poco sólo, nada que pueda llamarse éxodo o gran evasión, esa terminología grandilocuente que gastábamos en los puentes de la España aquella de la bonanza.

El día de la Constitución se sigue celebrando, aunque viendo la opinión que los españoles vamos teniendo de ella igual debería ser objeto de menos fiesta. El CIS nos ha preguntado a los ciudadanos por la Constitución. Y yo diría que hemos sido sinceros. Porque la mitad confesamos que no la hemos leído en la vida, no ya entera, sino siquiera un artículo. La otra mitad decimos que sí, que algún artículo alguna vez ha caído. Entera, lo que se dice entera, la han leído (o dicen haberla leído) 15 de cada 100. Conocerla, la conocemos poco, pero eso no nos impide afirmar que se cumple malamente lo que ahí se dice y que es una Constitución insatisfactoria. Esto, admitámoslo, es muy español: sin saber lo que dice un documento somos capaces de tener opinión al respecto (en las tertulias de televisión este comportamiento incluso se premia).

Sabemos poco de la Constitución pero nos tiene poco o nada satisfechos al  51 %; los que dicen que está bien, que les satisface, son el 37 %. Claro que aún son más los poco-o-nada satisfechos con el funcionamiento de nuestra democracia, 67 %. No alcanzar a decir -porque no se les pregunta-, cuál es la causa de esa insatisfacción, en qué creen que falla o se queda corta, pero sí dicen -porque sí se les pregunta- cuál es la característica más importante de un sistema democrático, qué le define.

Y la respuesta que más se da es: el derecho a decir lo que uno piensa, es decir, la libertad de expresión; en siguiente lugar aparece la posibilidad de votar para elegir representantes y, en tercera posición, que las necesidades económicas de todos estén satisfechas. Este aspecto es interesante: para un número muy importante de personas, la calidad democrática está vinculada a la situación económica. Tal vez por eso es en un contexto de crisis brutal, de recesión, cuando más fácilmente arraigan los discursos que, procedentes tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda, ponen en cuestión el sistema democrático.

Cabe poner en relación estos dos datos que aporta la encuesta: hay un trece por ciento de ciudadanos para los que la esencia de la democracia es satisfacer las necesidades económicas de las personas, y hay un 12 % de ciudadanos que dicen que les da igual un sistema político que otro. Con todo, la democracia, menos mal, es la forma de organización política preferible para el 77 % de los encuestados, mayoría absolutísima.

Consuelo Berlanga hizo un programa que se llamaba “Somos como somos”. Y el barómetro del CIS es un poco eso, el relato, a base de porcentajes, de cómo somos los españoles de 2012. ¿Y cómo somos? Pues, por ejemplo, olvidadizos. A Alfredo Pérez Rubalcaba le votaron hace un año 28 de cada cien ciudadanos, pero sólo 26 quieren acordarse. En el caso de Rajoy la amnesia es mucho mayor. El 45 % votó al PP -o dijo el escrutinio- pero sólo el 31 % está dispuesto a admitir, un año después, que sí, que él también votó a Rajoy.

Pongamos que cogemos a cien personas -usted, usted, usted- y los juntamos aquí para hacerles unas pocas preguntas. Veamos qué es lo que dice el CIS que pasaría. La primera pregunta podría ser en qué situación laboral se encuentra usted, con tanto paro como se ha producido en los cinco últimos años. De estos cien españoles, cuarenta nos dirían que están trabajando; veintitrés, que son pensionistas; veinticinco están parados; tres son estudiantes y nueve son amas, o amos, de casa. Repito: veinticinco parados, veintitrés pensionistas, cuarenta trabajando.

Muy bien. ¿Y cuántos de estos cien creen que la situación económica de España es muy buena? ¡Oiga, ninguno! Cómo van a pensar semejante cosa. Es verdad, pero éste es el primer barómetro en el que son cero coma cero los ciudadanos que opinan que el país va muy bien. Hasta ahora siempre salía alguna décima, algún encuestado despistado, o gamberro, que decía que no podemos quejarnos. ¿Ha empeorado la percepción que tienen estas cien personas de la situación económica? Respuesta: sí. Algunos de los que ya la veían mal ahora la ven muy mal.

Preguntemos a estos cien españoles   que hemos reunido aquí cuál es el principal problema de España. Sesenta de ellos dirán “el paro”; catorce, la situación económica; once de estos cien responderá que “los políticos”; cuatro dirán “la corrupción”, uno dirá que el principal problema es el gobierno -y no es Rubalcaba--, uno dirá que nuestro principal problema son los bancos y menos de uno dirá que son los desahucios. Ahora cambiémosles la pregunta. No cuál es el principal problema del país, sino el suyo, el que más afecta a cada uno de los cien.

Verán que son muchos los que cambian de respuesta. Ya no son 60 sino 39 los que dicen que el problema que más les afecta es el paro; son 18, en lugar de 14 (más) los que dicen la situación económica; cuatro, en lugar de once (bastantes menos) dicen que el problema son los políticos; hay cuatro que dirán “las pensiones” y cuatro más que dicen “la sanidad”.

La corrupción, que antes era mencionada como principal problema del país por cuatro de cien, ahora no la menciona casi nadie (interesante: la vemos como problema del país, pero no como asunto que nos afecte directamente). Los desahucios, que apenas era mencionado como problema gordo del país por el 0,6 %, desciende al 0,4 cuando la pregunta es “a usted qué es lo que de verdad le afecta”. Hagamos una última pregunta a estos cien de nosotros antes de dejarles que se vayan cada uno a su casa. Veamos: ¿qué es lo que más preocupa no a usted, sino al gobierno, en qué diría usted que se está volcando el señor Rajoy? Respuestas de nuestros cien españoles.

Diecisiete dicen que está poniendo el esfuerzo en arreglar; doce dicen que se está volcando con el paro (se entiende que para intentar reducirlo); y otros doce, atención, dicen que al gobierno lo que de verdad le preocupa son “los bancos”. La siguientes respuesta más repetida no le van a gustar nada a Rajoy: de los cien españoles, nueve creen que el gobierno se dedica a sus propios intereses, uno dice que a mantenerse como sea en el poder y tres que a ganar dinero o a robar. Sumados salen trece, mal número.