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EL BLOG DE ALSINA

Desfile de barones territoriales en el Senado

Les voy a decir una cosa.

Porque no ha habido micrófono indiscreto que haya captado a Rajoy una de esas afirmaciones que hacen los que mandan cuando piensan que nadie está escuchando, que si no seguro que habría dicho de la Conferencia de Presidentes autonómicos de mañana aquello que una vez dijo sobre el desfile del Doce de Octubre, ¿se acuerdan?, mañana tengo el tostón del desfile, bueno, no dijo tostón, sino tostonazo.

Carlos Alsina | Madrid | 01/10/2012

Artur Mas, en el hemiciclo del Parlament de Catalunya

Artur Mas, en el hemiciclo del Parlament de Catalunya / EFE

Mañana, en efecto, hay desfile. De coches oficiales a la puerta del Senado. Hola, don Pepito, hola don José. Uno tras otro irán llegando los presidentes autonómicos -gobernators sin Estado- para que Pío García Escudero, presidente de la Cámara, tenga por fin algo vistoso que hacer fuera de la apagada rutina que define su cargo. Irán llegando los presidentes para desayunar con el Rey, incluido Artur Mas, que últimamente se encuentra con el Rey en todas partes. Va al acto del premio Godó, y allí está el Rey. Va a la terminal de contenedores del puerto de Barcelona, y allí está el Rey. Se mete en internet, y le sale el Rey, hablando de disensiones y quimeras. Sale el Rey en todas partes, como si fuera Pilar Rahola pero en monárquico, ¿no? “Hombre, Artur, volvemos a encontrarnos”. “Así es, majestad, no quepo en mí de gozo”.

Le conviene a Artur Mas llegar el último para evitar que los demás presidentes le hagan el vacío, como si fueran todos Piqué. El ex ministro, no el futbolista. ¿Sabes esas reuniones sociales con gente de la oficina en la que están todos relajados, hablando entre ellos, hasta que llega uno que es el que no tiene amigos, y le saludan todos así, a distancia, con un gesto de cabeza, sin acercarse? Que se queda allí solo, de pie, esperando que aparezca un camarero ofreciéndole una bebida para tener alguien con quien hablara.

Lo de Artur Mas es curioso, porque si esta misma Conferencia se hubiera celebrado a comienzos de año, casi todos los presidentes le habrían ofrecido su admiración y su aliento por la convicción con la que estaba aplicando los ajustes en Cataluña. Con un par, Artur, con un par. Era el presidente que hacía lo único que cabía hacer, para sanear las cuentas catalanas tras el fiasco aquel del tripartito. “Ánimo, Artur, que nosotros te entendemos”. Ahora, sin embargo, habiendo desempolvado la demanda de autodeterminación, habiendo difundido un video sobre el expolio fiscal que sufre Cataluña (a manos de las demás comunidades, se entiende), habiendo convocado elecciones anticipadas y habiéndolas presentado como un pre-referéndum sobre la independencia, no parece probable que los demás le reciban cubriéndole de abrazos.

Del “con un par, Artur”, han pasado al “pero dónde vas, Artur, dónde vas”. “¿Que dónde voy? A reclamar mi derecho a librarme de vosotros”. Tensioncita se supone que va a existir mañana. No llegará a lo de Bielsa y Llorente -nadie será expulsado del encuentro- pero más de uno va a salir en la foto con cara larga. Una pena, teniendo en cuenta que la foto es lo único concreto que suele salir de estas reuniones-tamaño-boda. Desde que Zapatero creó esta fórmula de juntar a los presidentes autonómicos, el gobierno de turno siempre ha dicho esto de iba a ser “algo más que una mera foto de familia”, entre otras cosas porque las fotos de familia, cuando la familia está a tortas, suelen ser de muy mal rollo. Pero la verdad es que nunca ha servido para gran cosa, salvo para generar más barullo aquella vez que un asistente grabó subrepticiamente a Zapatero refiriéndose al atentado de Barajas como “trágico accidente”.

Cuando el PSOE metió la promesa de reunir anualmente a los presidentes autonómicos en su programa electoral de 2004 el argumento fue, curiosamente, el mismo que ahora da Rubalcaba para reclamar avances hacia el modelo federal: se trataba de crear lo que no había, instrumentos de cooperación entre las autonomías y el gobierno central, o en palabras de Jordi Sevilla, ministro en aquel entonces de la cosa: “espacios de encuentro superadores de la confrontación”.

La Conferencia de Presidentes, como el debate de las autonomías en el Senado, se inventó para proyectar la ficción de que los barones territoriales son capaces de coordinarse y cooperar entre ellos en aras de un bien superior al de sus comunidades respectivas, que es el del conjunto de los ciudadanos españoles. Pero dado que ese acuerdo pasa por renunciar a intereses particulares, ceder en algunas cosas, no consta que ninguno de los barones lo haya hecho, porque todos salen de allí diciendo que los intereses de sus autonomías han quedado absolutamente preservados. La idea del gobierno actual cuando anunció la kedada de mañana era remachar el clavo que colocó Montoro la última vez que reunió a los consejeros de Hacienda autonómicos para que juraran por sus muertos respetar los objetivos del déficit. Es decir, juntar a los virreyes para que prometan guardar y hacer guardar la austeridad a toda costa.

¿Por qué? Porque el mensaje que se quiere enviar fuera de España es que las autonomías ya no son un problema de gasto (de descontrol, de jauja jauja), ahora son parte de la solución al problema porque han comprendido que no queda otra. ¿Incluído Griñán? Sí, incluido Griñán. Y Patxi López, y Juan Vicente Herrera, aunque sus consejeros, en la última reunión, pusieran mala cara. Para esto se convocaba. Pero entre medias han pasado dos cosas: que se han presentado los Presupuestos para el año que viene y hay unos cuantos presidentes que se sienten mal tratados (entre ellos Bauzá y Fabra) y que vuelve a tener oxígeno al viejo debate sobre la definición territorial de España, en vísperas -ahora- de elecciones vascas y catalanas. Todo será que habiéndose convocado la Conferencia para enviar un mensaje tranquilizador a los inversores y nuestros socios europeos acabe siendo todo lo contrario, el mensaje de que el estado de las autonomías es discutible y discutido, pero no por lo que cuesta, sino por el principio bajo el que fue formulado: la unidad indisoluble de España. Es normal que haya medios extranjeros que se pregunten: pero otra vez están ustedes con esto en España.

La primera vez que el parlamento autonómico de Cataluña y el parlamento autonómico del País Vasco, con apenas unas semanas de diferencia, aprobaron resoluciones en favor de la autodeterminación fue en diciembre de 1989, trece años antes de que Ibarretxe promoviera su plan soberanista y veintidós años antes de que CiU, con Artur Mas al frente, planteara el derecho de autodeterminación como principal reclamo electoral. Veintidós años hace. Convergencia y Ezquerra Republicana aprobaron la propuesta por la autodeterminación en el Parlament, tal como han hecho ahora. Convergencia tenía mayoría absoluta, tal como aspira a tener ahora. El líder era Jordi Pujol, reverenciado por la prensa nacional de la época, que enviaría después una carta al Rey excusándose por lo que había hecho su grupo parlamentario. Y el presidente del gobierno era Felipe González, que advirtió que si el pulso nacionalista seguía, aplicaría el artículo 155 de la Constitución, entiéndase la suspensión de la autonomía. Felipe González, en su séptimo año en la Moncloa. ¿Aun siguen ustedes con esto? Pues sí, aún seguimos.