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EL BLOG DE ALSINA

Cuando no toca, no toca

Les voy a decir una cosa.

Cuando no toca, no toca. Y hoy no toca. Decíamos de Pujol, el sherpa nacionalista, no el futbolista, pero aquella frase suya del “hoy no toca” con la que despachaba las preguntas incómodas de la prensa acabó creando escuela.

Carlos Alsina  | Madrid  | 03/10/2012

Rajoy, en Marruecos

Rajoy, en Marruecos / EFE

De esto hoy no hablo porque no toca. Ayer, en el Senado, no tocaba hablar de autodeterminación, estado federal o quejas autonómicas por el reparto de las inversiones del Estado. Cada vez que un periodista preguntó a un presidente autonómico obtuvo similar respuesta: hoy no estamos aquí para eso, estamos para decir sólo lo que toca. Esta tarde, en Rabat -capital del Reino de Marruecos- también estaba claro qué era lo que tocaba decir y qué lo que tocaba callar. De conflictos y discrepancias -o, como diría el Rey, de disensiones y quimeras- no tocaba. De acuerdos comerciales, desarrollo económico y lo bien que nos llevamos cuando nos ponemos, sí tocaba. De hecho, esto es de lo que siguen hablando, ante la prensa, los jefes de gobierno de ambos países, esforzados los dos en remachar esta etapa de su relación que los analistas han bautizado como momento dulce, que viene a ser como un encariñamiento mutuo entre Rajoy y este señor que se llama Benkirán y es islamista.

Entiéndase “enamoramiento dentro de las circunstancias”: tampoco les veremos darse besos de tornillo. Entre otras cosas porque en Marruecos se lleva poco lo de mostrarse demasiado efusivo en público y si hablamos de dos hombres no es que se lleve poco, es que te llevan ante el juzgado acusado de escándalo público. Pero buena sintonía sí que han querido demostrar ambos dirigentes. Quién lo iba a decir, con las reservas que expresó el gobierno marroquí cuando el PP regresó a la Moncloa, que veían ya a Trillo tomando de nuevo Perejil al alba y con fuerte levante. En el PP, los más cafeteros decían: normal que estén molestos en Marruecos, porque se les ha acabado el chollo.

Cuando Marruecos tocaba las narices, como ocurrió en el campamento saharaui de el Aaiún, o con el pasaporte de Aminatu Haidar, Zapatero sacaba a pasear la alianza de civilizaciones, recordaba los muchos intereses comerciales (y de seguridad) que España tenía en el norte de África y Rajoy le llamaba blando, tibio, “¡abdica usted ante Marruecos!”, le decía. Qué gran frase aquella: “¿Cómo que los intereses nacionales? La libertad y los derechos humanos también son los intereses de España”. Hombre. Pero en esto, como en tantas otras cosas, acaba habiendo pocas diferencias entre unos gobiernos y otros. Un partido en la oposición repudia el compadreo con gobiernos extranjeros que sean poco entusiastas de los derechos humanos; pero una vez el gobierno, todo compadreo le parece aceptable si redunda en una balanza comercial favorable.

Los datos que ha difundido el gobierno español en vísperas de la cumbre que hoy celebra con el Ejecutivo marroquí no tienen que ver ni con inmigración irregular, ni con denuncias por violación de los derechos humanos, ni con la situación del Sáhara Occidental a la espera de que se cumplan las resoluciones de la ONU. Obviamente, los datos que ha difundido versan sobre inversiones de empresas españolas en Marruecos, trato preferente del gobierno marroquí a los proyectos avalados por compañías de aquí y nuevas oportunidad para seguir aumentando el intercambio comercial: que tiemble Francia porque le estamos arrebatando el primer puesto de exportador europeo a Marruecos.

Como ha dicho el embajador de España en Rabat, señor Navarro, la crisis de elefante que tenemos en la Unión Europea obliga a mirar al mercado exterior, y ahí el que tenemos más cerca nosotros es Marruecos. El diagnóstico está claro: con España en crisis aguda y sin apenas consumo interno, la salida para nuestras empresas (las que puedan) es exportar, exportar y exportar. Y Marruecos es un mercado próximo y en crecimiento (su economía está en casi el 3% de incremento anual) que ya trabajan veinte mil pymes españolas. Y por todo entiende el gobierno español -y la delegación empresarial que acompaña a Rajoy en este viaje- que hay temas que hoy no tocan y que no se tocan.

Hoy toca sonreír en la foto junto al simpático primer ministro de Mohamed VI. A ver, después de encerrarse nueve horas con los barones autonómicos, Rajoy es capaz de fingir buena sintonía hasta con Mayor Oreja. ¿Y no le van a preguntar a Rajoy en Rabat por el rescate? Ah, seguro que sí. Porque esta tarde se ha sabido que el viernes, aprovechando su presencia en Malta en una cumbre a la que acuden algunos de sus colegas, se reunirá el presidente español con Monti y con Hollande. Tachán tachán, dice Reuters que hablarán de la posible ayuda financiera a España.

Hoy la verdad es que arriesga poco la agencia británica porque es de cajón que el asunto aparecerá en las conversaciones. Cosa distinta es que eso significa que el viernes vaya a producirse algo parecido a la fumata blanca, o a la bandera blanca nos rendimos, nos rendimos. Rajoy ha conseguido, en estas últimas horas, que los banqueros salgan a la palestra, en plan gota malaya, a animarle a que se deje rescatar ya mismo.

A cambio, el que sale ahora es Artur Mas, omnipresente Artur Mas, que hoy dijo que es mejor pedir rescate cuanto antes. Ciertamente, no es el único que lo piensa. Si vamos a acabar pidiéndolo, dice, cuanto antes mejor, y sabiendo qué condiciones nos imponen, claro. Tratándose de Mas, uno habría esperado que avisara ya a Merkel, a Hollande y a Draghi de que pedimos el rescate pero sin aceptar ni una sola exigencia política que merme nuestro autogobierno, el de España. O sea, que el dinero sí pero las directrices políticas que se las guarden, que es un poco lo que dijo él de su propio rescate, el del Fondo de Liquidez Autonómica.

Uno no ve las cosas de la misma forma cuando el rescate lo pide el gobierno central a Europa que cuando lo pide su gobierno autonómico a a la administración general del Estado. Es natural. Hizo el presidente catalán hoy un par de afirmaciones sobre cómo se deben pedir las cosas que tienen interés, dado que él mismo está pidiendo estos días muchas cosas. “Pedir algo así para que luego te digan que no, pues no. Si te van a decir que no, mejor no lo pidas. Porque hay que entender que formamos parte de un grupo y hay que tener en cuenta las opiniones públicas de los demás países”. Se entiende que habla del rescate de España, no de la emancipación catalana. De la que ayer no dijo nada en la Conferencia de Presidentes porque nadie le mencionó el tema y porque no tocaba. No quería estropear la imagen de unidad, dijo esta mañana.

No la quería estropear ayer. Hoy y mañana ya es otra cosa. De todas las preguntas que le plantearon los periodistas en Barcelona a la que dio una respuesta más corta fue ésta: dado que se ha comprometido a cumplir el déficit púbico, ¿aplicará más recortes en Cataluña si fuera necesario? Ahí se extendió poco. Y era una pregunta pertinente, porque del programa electoral con el que concurre el partido que ha gobernado la comunidad los dos últimos años aún se sabe poco.

Aparte del referéndum, algo dirá sobre recortes en empleo público, en sanidad, en servicios sociales. ¿De dónde sacará el gobierno autonómico los ingresos necesarios para devolver el dinero que ha pedido prestado, primero a los inversores con los bonos patrióticos y luego al gobierno central, con el rescate? A esa pregunta también ha de responder quien ha gobernado dos años y aspira a seguir gobernando. Puede que hoy no tocara. Pero va tocando.