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EL MONÓLOGO DE ALSINA

El broteverdismo encubierto de Rajoy se ha evaporado en cinco minutos

Les voy a decir una cosa.

Para saber si hay vida después de la crisis, primero tiene que terminar la crisis. Decíamos ayer. Y esto aún va para largo.

Carlos Alsina  | Madrid | Actualizado el 19/07/2018 a las 08:07 horas

El vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn (Archivo)

El vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn (Archivo) / EFE

Entre que son bastante adversas las previsiones económicas que hoy presentó la comisión europea, y que el encargado de exponerlas fue esta alegría de la huerta que se llama Oli Rehn, todo ese espíritu positivo que intentó inyectar Rajoy con su broteverdismo encubierto (o sugerido) se ha evaporado en cinco minutos. Tú te pones el discurso del presidente el miércoles y justo después la rueda de prensa de Oli Rehn y te salen dos mundos. Ya lo dijo Rajoy, tenemos un futuro. Se le olvidó añadir que es negro, o eso sostiene la comisión europea.

El primer ejemplo que dio Oli Rehn hoy de cómo hay dos formas de contar la misma cosa fue el déficit público de 2012. Rajoy dijo en el Congreso: anuncio que ha sido inferior al 7 por 110. Y el grupo mayoritario estalló en aplausos. El comisario lo ha contado de esta otra manera: España no ha cumplido con el 6,3 en 2012; contando el rescate bancario nos sale un déficit de más del 10; sin contar los bancos, de un siete y pico. En Bruselas no descartan aflojarnos el tope para este 2013 (calculan que se nos va a ir el déficit al 6,7), pero hoy todavía no toca soltar cuerda, hoy lo que toca -y lo que hizo Oli Rehn- es hacerse el estrecho y tirarnos de las orejas por incumplir y por tener un horizonte todavía tan chungo.

Lo de empezar a remontar a final de año, que el gobierno nos ha contado tantas veces, la comisión no lo ve. Discrepa de De Guindos en el pronóstico y afirma que todos los trimestres serán negativos. Y que así las cosas, la tasa de paro seguirá subiendo hasta el 27 %. Naturalmente es una estimación que hace la comisión europea basándose en los mismos datos que maneja el gobierno de España: puede que acierte Rehn, puede que sea De Guindos el que esté en lo cierto o puede que no acabe dando en el clavo ninguno de los dos porque el futuro siempre nos depara sorpresas. Pero en caso de que todo sea como prevé la comisión, Rajoy podrá empezar el próximo debate de la Nación, lamentablemente, con un dato de desempleados aún superior al astronómico con el que lo empezó este año.

El paro en España es inaceptable, repiten, comparecencia tras comparecencia, las autoridades comunitarias. Admiten que la política económica va en la dirección que ellas demandan, pero sigue apretando. Nada de misión cumplida. Frente al espejismo premeditado de convertir las subastas del Tesoro en la prueba de que ya estamos saliendo del hoyo -esta tentación en que caen algunos ministros cada semana-, los dos indicadores que siguen retratando el presente amargo: decrecimiento de la economía, crecimiento del paro. De estímulos económicos no dice nada la comisión europea. Lo que sugiere es que toca empuñar de nuevo la podadora, o para recortar gasto o para subir impuestos. Sólo le falta a Montoro tener la coartada de que Bruselas exige más caña.

Los debates económicos que mantienen gobierno y oposición en el Parlamento están muy bien, pero casi siempre se olvida el factor que más pesa en todo lo que viene pasando, que es Europa. Europa es política interna, dijo con acierto el presidente. Luego, con menos acierto, dijo aquello de los españoles necesitamos que nos ayuden, no que nos dirijan. A los españoles, o al gobierno de España, lo viene dirigiendo Europa económicamente desde 2010, reinando Zapatero. Con acentos o matices distintos, la línea general de sus últimas decisiones económicas del gobierno anterior coincidieron con las que luego continuó, y aumentó, Rajoy. Porque es la política decidida por los gobiernos europeos la que se aplica en los países necesitados de asistencia. Y por eso ha ido creciendo en Bruselas, y en Alemania, la inquietud a medida que ha ido avanzando la campaña electoral en Italia y ha ido viéndose el éxito popular que obtiene el mensaje anti europeo (y antisistema) del movimiento Cinco Estrellas, al que hay encuestas que atribuyen ya el veinte por ciento de intención de voto.

Al populismo de que siempre ha hecho gala Berlusconi le ha salido un duro competidor en este cómico llamado Beppe Grillo, ex sátiro reconvertido en político. El Corriere della Sera ha hecho un experimento que podemos apuntarnos como idea para la próxima vez que haya elecciones en España: ha planteado a todos los partidos que respondieran una lista de 20 preguntas sobre sus programas económicos (fiscalidad, inversiones, deuda pública) para poder hacer luego una estimación de en qué situación económica se encontraría el país los próximos años según quién gobierne y qué políticas aplique.

El estudio comparativo le ha sido encomendado a la Oxford Economics, la agencia de análisis vinculada a la universidad de Oxford. Y la primera sorpresa es que sólo han querido partipar del experimento cuatro partidos. Entre ellos, lo tres de los que aparecen con más porcentaje de voto en las encuestas, el Democrático de centro izquierda (y favorito), el Pueblo de la Libertad de Berlusconi y la nueva plataforma que lidera Monti. El que no ha querido participar ha sido Grillo, que ni aporta compromisos concretos de política económica ni accede a participar en debates o a conceder entrevistas.  La conclusión a la que llega la Oxford Economics es que la diferencia entre que gobierne el centro izquierda, la derecha o Monti es poco apreciable, en lo que hace a crecimiento del PIB (apenas una décima arriba o abajo) y la tasa de paro (sin apenas cambios).

Esto de calcular qué pasaría según quien gobernara también es una estimación, obviamente, pero viene a confirmar esta vieja sospecha que dice que los partidos mayoritarios exageran sus diferencias para hacer creer que sus políticas están poco menos que enfrentadas, cuando lo cierto es que, una vez en el gobierno, acaban haciendo cosas extraordinariamente parecidas. De ahí que a Bruselas le importen menos los programas que los perfiles de los candidatos que el domingo se enfrentan. A Monti ya lo conocen y es una garantía de que la doctrina europea seguiría aplicándose. Bersani no está mal visto, siempre que se atenga a la ortodoxia. Berlusconi es una vieja pesadilla. Y GrilloGrillo es un terremoto que esperan que no se produzca.