OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "¿Dónde está el techo?"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la situación epidemiológica en España y la estrategia de los gobiernos de alcanzar la inmunidad mediante el contagio total de la población.

Carlos Alsina

Madrid | 04.01.2022 08:45

En la víspera de que regrese a España el rey.

Melchor. Con sus dos colegas, homologos se dice de los jefes de Estado: Gaspar y Baltasar, reyes de la magia. Y sin don Juan Carlos, que sigue en el purgatorio por haberse pasado de frenada con los trucos para eludir el pago de impuestos en el reino de España.

Llegan mañana los tres reyes forasteros y ni se le espera al rey nacional

Salvo alteraciones de última hora en sus agendas oficiales, llegan mañana los tres forasteros y ni llega ni se le espera el rey nacional, que es el emérito. La visita de los Reyes Magos ya sabe usted ---sobre todo si es usted niño o lo fue alguna vez--- que es lo más parecido a la visita del médico. Vienen, se hacen unas cabalgatas, cumplen con su trabajo de llenar las casas de regalos y si te he visto, no me acuerdo. Y vienen, naturalmente, acompañados de su equipo médico y del jefe de protocolo, que les habrá insistido en que en España, a diferencia de casi cualquier otro sitio, es obligatorio llevar la mascarilla puesta. En todas partes. Sí, también en los camellos.

Don Juan Carlos sigue en el purgatorio por haberse pasado de frenada con los trucos para eludir el pago de impuestos

Sabrán los reyes, y si no se lo contamos, que recargar las baterías de sus carrozas eléctricas les va a salir por un pico, que la cuesta de enero en España este año es lo más parecido al Angliru, y que entre que cruzan la frontera de entrada y la cruzan para irse les da tiempo a contagiarse varias veces de la ómicron. Nos salva que, a diferencia de los Estados Unidos, o de Israel, el reino de Oriente no ha incluido a España entre los destinos a los que se recomienda expresamente no viajar por la velocidad que han alcanzado aquí los contagios.

Hace quince días aún nos asombrábamos del número de infecciones diarias del que estaba informando el Reino Unido. La ómicron arrolla, decían las crónicas. Hoy estamos al borde de empatar con los británicos en incidencia acumulada. Allí están en 2.325. Aquí, en 2.300. Hemos sorpasado de largo a Holanda, a Portugal, a Francia o a Alemania. Ya sólo salimos ganando en la comparación entre población vacunada. Y es justo eso, el altísimo porcentaje de vacunados, lo que mantiene a raya la hospitalización en planta y en UCIs. A raya pero también subiendo, como es lógico cuando el número de infectados se dispara. 21% de camas de UCI ocupadas por pacientes covid, 10% de las camas ordinarias. Hay doce mil españoles ingresados por coronavirus.

A la inmunidad por la vía del contagio

Antes les contaba que una de las cosas que hemos ido aprendiendo a la fuerza en esta pandemia es que los números siempre son relativos. Cada mañana, a eso de las siete y cuarto, recordamos aquí las noticias que estábamos contando hace un año. Hoy recordábamos que la incidencia la teníamos en 300 casos (3000 frente a los 2.300) y que el estado de ánimo general era de alarma.

Hoy más que alarma hay resignación ante la evidencia de que, por más mascarilla y más certificado Covid que tengamos, esto no hay quien lo pare. Vamos hacia la inmunidd por la vía del contagio. Y con el coste para la salud que, después de todo, tiene una infección. La mayoría de los infectados de ómicron desarrolla la enfermedad: leve, pero la desarrolla. Y estar enfermo viene a ser lo contrario de estar sano.

Pocas cosas más volátiles que los liderazgos políticos. Los gobiernos, al final, no son otra cosa que un pelotón de interinos

Hace un año, por cierto, estaba debutando el ex ministro Illa como candidato en las elecciones autonómicas catalanas. Deja el ministerio en plena tercera ola, decían los demás partidos, escandalizados. Iván Redondo ejercía de jefe de campaña del PSC en la sombra (en la sombra de su despacho de la Moncloa). Y nadie sospechaba que las elecciones más sonadas de 2021 no serían las de febrero en Cataluña sino las de la Comunidad de Madrid en mayo.

Mucho menos sospechaba nadie que en Madrid acabaría prejubilándose, y haciendo mutis por el foro, el vicepresidente del Gobierno, y antiguo revulsivo de la nueva izquierda aviejada, Pablo Iglesias Turrión. Hoy pope emérito en Podemos. Pocas cosas más volátiles que los liderazgos políticos. Los gobiernos, al final, no son otra cosa que un pelotón de interinos.

La pujante recuperación económica según el Gobierno

Recién aprobada, por decreto, la mini reforma laboral, hoy conoceremos cómo funcionó el mercado de trabajo en el último mes de aplicación de la legislación anterior. A las nueve se difunden los datos de paro y afiliación a la Seguridad Social, que según el Gobierno vienen siendo la prueba de lo pujante que es la recuperación económica aunque el INE, y el PIB, no terminen de reflejarlo.

La campaña de Navidad tira hacia arriba del empleo cada mes de diciembre, bien es verdad que con contratos de temporada, o temporales, de ésos que el gobierno ha prometido erradicar para hacer de España el paraíso del empleo indefinido y bien pagado. Aunque aún es pronto para saber qué efecto tienen los retoques en las contrataciones, el Gobierno ya se cuelga la medalla y da por terminada la precariedad, los abusos y los salarios bajos. Canta victoria sin datos pero con gran fogosidad.

El Gobierno ya se cuelga la medalla y da por terminada la precariedad, los abusos y los salarios bajos. Canta victoria sin datos pero con gran fogosidad

El debate está abierto entre los partidos respecto de si la mini reforma, tal como ha sido pactada por patronales y sindicatos, vale o no vale. De pronto ha caído todo el mundo en la cuenta de que un cambio de legislación ha de ser bendecido por las Cortes, que para eso están. Hasta febrero está el Parlamento a medio gas porque las vacaciones son sagradas, de manera que el debate (si es que merece tal nombre) se libra estos días fuera del Congreso y no dentro. El PP adelanta que votará no y que no es no.

El Gobierno llama al orden a sus socios independentistas

Y el Gobierno saca la trompeta para llamar al orden a sus socios y que no le toquen ni una coma a lo que él creyó dejar atado y bien atado con sindicatos y patronal.

Con quien pactó el Gobierno la contrarreforma fue con Otegi y con Rufián. Ellos, a diferencia de Adriana Lastra, no lo quieren olvidar

No le sorprenderá al Gobierno que los grupos parlamentarios, que no han tenido arte ni parte en la negociación y con los que él se comprometió a no dejar en pie ni las raspas de la reforma de 2012, reclamen ahora su cuota de protagonismo en un asunto que para ellos, y para el Gobierno, siempre fue tan ideológico como trascendental.

Antes de sentarse a negociar con Garamendi y Pepe Álvarez, con Cuerva y Sordo, con quien pactó el Gobierno la contrarreforma fue con Otegi y con Rufián. Ellos, a diferencia de Adriana Lastra, no lo quieren olvidar.