la brújula

La carta de Ónega a las mujeres rurales: "Te he visto bajo la lluvia y bajo el sol abrasador y jamás te escuché una queja"

Fernando Ónega dirige su carta, en La brújula, a las mujeres rurales.

ondacero.es

Madrid | 15.10.2021 23:20

Y buenas noches, mujer del campo. Te escribo porque hoy, 15 de octubre, ha sido el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Y tengo la impresión, ojalá me equovoque, de que pasó muy desapercibido. No tienes, mujer del pequeño pueblo, un grupo de presión que te promocione ni un jefe de prensa que llame a las redacciones a recordar esta jornada. O quizá sea que tenemos el cuerpo en otras historias, en el atraco de la luz, en todos los atracos que nos hacen a diario. Pero para mí el 15 de octubre es el Día Internacional más importante del año. Porque es tu Día. Y si es tu Día, es el día de mi madre. Y el de todas las mujeres que, como mi madre, hicieron y hacen posible la vida en el campo porque son su alma.

España no está más vaciada porque existes tú, mujer. Empezaste a trabajar de niña, no importa decir la edad. Seguramente no has podido hacer luna de miel ni tomarte nunca unas vacaciones, porque el ganado te necesitaba; porque había que ordeñar las vacas al amanecer; porque había que sacarlas del establo; porque había que regar alguna finca; porque había que cuidar a la abuela; porque no podía quedar solo el abuelo. Yo te he visto en la huerta en durísimas mañanas de invierno y coger con tus manos hortalizas congeladas.

Te he visto levantarte antes de que el gallo cantara. Te he visto bajo la lluvia y bajo el sol abrasador y jamás te escuché una queja, aunque tuvieses las lumbares partidas. He visto cómo se deformaban tus manos y ahora, cuando te veo subida en aquel tractor o conduciendo tu coche, no sabes cuánto celebro que se haya dulcificado tu esclavitud. Pero sigues sin poder tomar una semana de vacaciones. Y sigues impidiendo que España se vacíe más. Y eres la alegría de la aldea. Y eres el motor de la España campesina. Y eres la que transmite la cultura de la España rural.

Y eres la continuadora de aquellos sabores que llamamos recetas de la abuela. Y eres la que pasarás esos sabores a tus hijos, que a lo mejor son ingenieros y se hicieron ingenieros porque allí en el pueblo había una mujer que se compró una vaca más, o una cabra más, o un terruño más, para que ese hijo pudiera estudiar. ¡Dios, cuántos homenajes te debemos, mujer! ¡Y qué inagotable gratitud!