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JULIA EN LA ONDA

Territorio Negro: Menores prostituidas en España. Quiénes son y cómo las explotan las mafias

La realidad de la que vamos a hablar en este territorio negro es casi invisible. No hay cifras fiables ni exactas, nadie sabe cuántas menores de edad, cuántas niñas, son esclavizadas sexualmente en España, una de ellas, de 15 años, fue liberada en Málaga la semana pasada. Manu Marlasca y Luis Rendueles nos van a sumergir en el mundo de la trata de menores de edad, un negocio muy lucrativo y muy repugnante contra el que lucha la policía y también asociaciones como APRAMP.

ondacero.es
  Madrid | 24/07/2019

La leyenda urbana de que hay niñas prostituidas en España es una realidad, sangrante. La policía nacional detecta y rescata cada año a unas 24 menores de edad, crías entre 14 y 17 años de las redes de la trata sexual que funcionan en nuestro país. La Asociación APRAMP, cuya directora Rocío Mora estuvo en uno de estos territorios, ha conseguido liberar a 52 crías en los últimos diez años, desde que puso en marcha un plan específico para detectar a esas menores víctimas de esclavitud sexual y luego tratar de rescatarlas y recuperarlas, reorientar su vida.

La primera característica de este negocio mafioso es la invisibilidad, la discreción. Las menores prostituidas no se ven, no están casi nunca por las calles. La policía nacional ha detectado a alguna de estas víctimas en polígonos industriales como el Marconi, aquí en Madrid, zona de mafias rumanas. Tampoco están a la vista en los clubs de alterne, en los prostíbulos. Los expertos suelen incidir en que, a diferencia de los MENAS, los menores de edad inmigrantes no acompañados, las menores víctimas de trata sexual en España nunca están solas. No llegan solas a nuestro país, lo hacen siempre acompañadas de un proxeneta, un novio, un familiar o incluso sus propias madres.

Y las redes de trata las esconden luego en pisos o locales, como algunos karaokes, salones de masajes con habitaciones privadas. Si las ven, los proxenetas se exponen a acabar en prisión. Solo las ofrecen cuando llega un hombre de mucha confianza, alguien conocido que las pide expresamente. En algunos casos, como en mafias paraguayas, las menores prostituidas tenían en su habitación un dispositivo, cuando llega la policía, se enciende una luz roja dentro, de forma que saben que no deben salir del cuarto y, si tienen suerte, librarse de la redada.

Todo este entramado mafioso sucede, como pasa en otros negocios sucios, porque hay demanda. Sigue habiendo hombres que demandan chicas jóvenes, cada vez más jóvenes y cada vez más vulnerables, de 14 y 15 años. Las declaraciones que hacen las víctimas cuando son rescatadas son bastante duras: hablan de que tenían que hacer entre 15 y 20 servicios sexuales cada día. La red cobra unos 40 euros por servicio. Estamos hablando de que una sola menor puede generar 800 euros al día para estas redes. Y un dato más, las menores de edad prostituidas en España trabajan bajo demanda, es decir, están disponibles 24 horas al día. La gran mayoría sufren estrés postraumático y crecen esclavizadas.

No se sabe de cuantas mujeres hablamos. Solo hay un indicio que resulta bastante doloroso. APRAMP hace entrevistas a las mujeres víctimas de trata sexual a las que va detectando y conociendo. El año pasado, como contábamos en El Periódico de Catalunya, entrevistaron a 832 mujeres adultas que estaban siendo prostituidas. 540 les dijeron que habían empezado a esclavizarlas siendo crías, menores. Es decir, casi el 65 por ciento. Hace tres años, la cifra que daban esas encuestas era el 62 por ciento. Es decir, el negocio, aunque no se vea, va en aumento. Los datos oficiales son otros, la fiscalía habla de que casi el 5 por ciento de las víctimas de trata sexual en España son menores de edad. Pero en la propia fiscalía se considera que eso es "la punta del iceberg".

La inmensa mayoría de esas menores víctimas de trata sexual son extranjeras. Las redes de trata cuentan siempre con colaboradores locales. Muchas veces esos colaboradores son familiares de las propias niñas. Siguiendo con los datos de la policía y del estudio de APRAMP, las menores prostituidas en España son chicas de Rumanía, Nigeria, República Dominicana y Paraguay. En general, cuando un país entra en una crisis grave, las redes de trata buscan allí mujeres y adolescentes. Es lo que está ocurriendo ya en España con mujeres venezolanas y hondureñas, las últimas en llegar para el mercado del sexo de pago. Sus países son ya casi estados fallidos y allí buscan ahora los reclutadores aprovechando la desesperación.

Las redes de trata de mujeres y niñas tienen sus propios métodos diferenciados, adaptados a cada país. Es muy sencillo traer a España a una adolescente rumana para esclavizarla sexualmente. Rumanía pertenece a la Unión Europea, no hay fronteras, así que la mayor parte de las veces llegan en autobús, siempre acompañadas de un adulto o adulta. Llevan documentación falsa. Es duro, pero lo que nos cuentan los expertos es que a veces son las propias familias de las chicas las que las venden por cuatro o cinco mil euros a las redes de trata. Se trata muchas veces de familias muy pobres, gitanas rumanas, que lo hacen para tener una boca menos que alimentar. Llegan a España pensando que van a trabajar en hostelería, no tienen dinero ni equipaje, apenas tres o cuatro prendas de vestir.

Y también funcionan lo que la policía y las asociaciones llaman los lover boys. Las menores rumanas elegidas para esclavizarlas en España, casi siempre en pisos o en algún polígono industrial, suelen pertenecer a familias muy pobres, viven en pueblos y no han estudiado. Algunas tienen incluso graves patologías mentales. A veces quienes las traen a España son chicos de los que se han enamorado o han tenido una relación. Es el caso de una de las últimas menores rescatadas por APRAMP, que tiene 17 años y está ahora en la casa de acogida para menores que tiene esta ong.

Su novio era mayor que ella y tiene algunos amigos en Madrid. Aprovecharon para venir a pasar unos días en la casa de sus amigos, o eso fue lo que le contó a ella su loverboy. Llegaron en autobús y ya en Madrid, su novio la llevó al piso de sus amigos, del que tenía llaves. Ellos no estaban. Al día siguiente, su novio la llevó a una tienda, a un chino, y le compró ropa nueva, toda muy corta y muy marcada. Esa tarde le dijo: "ponte la ropa nueva y date prisa", la metió en un taxi y la llevó a un club de las afueras. Le dijo que tendría que trabajar allí. Se negó. La llevó de vuelta al piso y le dio una paliza utilizando el palo de una fregona. La encerró en la casa y la pegaba hasta que aceptara prostituirse. Un día se quedó sola en la casa, pidió auxilio y unos vecinos llamaron a la policía.

Lo de las palizas y amenazas no es un tópico. Siempre hay violencia y abusos. Muchas de las menores rumanas, la mayoría, según los datos de las ongs, llegan con moratones, cortes de arma blanca, desnutridas y deshidratadas. Son obligadas a tener sexo con los puteros sin usar preservativos, de forma que muchas acaban sufriendo enfermedades de transmisión sexual.

Las redes de trata les dan Cytotec, una pastilla para provocar el aborto, una vez que están ya embarazadas. Algunas de estas menores han tenido que ir al hospital. Otras han dado en adopción al bebé en el momento del parto. Lo hacen obligadas por las redes de trata.

Hay también menores de edad nigerianas que están siendo explotadas, esclavizadas sexualmente en España. Aquí las redes tienen diferencias con las mafias rumanas. En Nigeria los reclutadores son vecinos o conocidos de las familias. Suelen ofrecer un buen trabajo en España o Italia, cuidando niños o ancianos. Si la familia acepta, se hace un contrato o juramento con un experto en vudú. Es una ceremonia sagrada para ellos. Las menores entregan uñas, vello púbico y ropa interior, juran cumplir su parte y pagar su deuda (que está entre 45 y 60 mil euros) y se les advierte de las consecuencias de no hacerlo, para ellas y para sus familias. Las chicas son rociadas por el experto con sangre de animales. Es un pacto casi sagrado que permite que las redes las controlen totalmente.

Creen en el vudú, no pueden incumplir lo que han jurado, no pueden delatar a los miembros de su red. Todo se atribuye al vudú: la muerte de un ser querido, una enfermedad, perder un empleo...Ha habido menores de edad esclavizadas que han tenido episodios psicóticos o de alucinaciones, obsesionadas con que no habían respetado el vudú. Básicamente aprenden que si no obedecen a los miembros de la red, su familia sufrirá el efecto negativo del vudú.

Estas menores llegan a España casi siempre a través de Libia e Italia según los datos que maneja la policía, aunque también hay menores nigerianas y de otros países como Mali que han llegado en avión, cruzando las vallas de Ceuta y Melilla y hasta en pateras, un método usado ya por los traficantes de personas para traer menores de edad y prostituirlas luego en España. Muchas de ellas son violadas durante sus traslados, a veces por grupos de hasta 20 hombres. De ahí que lleguen embarazadas o incluso ya con bebés cuando entran en España. Acaban en pisos de la red, viviendo con otras cuatro o cinco mujeres y controladas por una mami, que les quita la documentación real y les facilita una falsa donde figuran como mujeres adultas.

Hay también menores de Paraguay y de la República Dominicana escondidas, invisibles, en pisos españoles para ofrecérselas a los clientes, los puteros. En estos países son los propios familiares los que gestionan su viaje a España a través de algunas agencias de viajes que están digamos especializadas en la trata. Casi todas las chicas paraguayas hablan guaraní y tienen dificultades para entender el castellano. Proceden de familias muy pobres, casi siempre dedicadas a labores del campo y cuidar casas o haciendas en su país.

En el caso de República Dominicana, las menores o sus familias tienen que pedir un crédito a un prestamista o dejar algún tipo de aval por si no cumplen y pagan la deuda. El aval casi siempre es la casa familiar. Aquí resulta muy dramático que se están dando casos de mujeres adultas, madres dominicanas que viven en España y han ejercido la prostitución. Son ellas mismas las que reclutan a sus hijas adolescentes para que entren en esas redes de trata. Llegan invitadas por sus madres, con 500 euros y supuestamente como turistas. Cuando las obligan a ejercer la prostitución, también les dan cocaína, en principio para que los clientes tomen y gasten más, pero es una forma también de engancharlas y de que aumenten sus deudas con la red.

Y en este mundo sórdido, invisible, de hombres que pagan por tener sexo con crías, también hay adolescentes españolas. Son una minoría absoluta, pero las hay. Suelen captarlas por internet. Ha ocurrido con chicas que estudiaban Formación Profesional en un pueblo de Toledo, por ejemplo. Pero el caso que más nos impactó fue el de Marta, una joven andaluza que acabó encerrada en un piso de Zaragoza y cuya virginidad se ofrecía por 5.000 euros en internet.

Marta ya no era menor, pero era una chica especial, tenía aspecto aniñado y también algunos problemas psicológicos y de conducta. Decidió alejarse de su casa y de su familia y se fue a Zaragoza a estudiar y ganarse la vida. Se matriculó en la universidad para estudiar Relaciones Laborales y Recursos Humanos. Para pagarse los estudios, trabajaba de camarera en un bar y allí conoció a un cliente, Javier, un tipo guapete y pintón. Se caen bien y le ofrece irse a vivir con él y un amigo pagando solo los gastos de agua y luz.

El amigo era un antiguo boxeador rumano, portero de discoteca y Marta acabó encerrada en el piso y viendo cómo se subastaba su virginidad al mejor postor.

Marta tenía un trastorno de hipersensibilidad social diagnosticado. Los informes psicológicos hablan de "aspecto aniñado y conducta infantil". Sus captores la obligaron a dar masajes con final feliz, final feliz para los clientes. Luego, ofrecieron su virginidad. Parece que incluso tenían una oferta y pretendían llevarla a un emirato árabe para algún potentado que ya se había interesado por ella. Marta era muy guapa, rubia y delgada.

La parte buena de esta historia es que Marta fue rescatada y que el año pasado el juzgado de lo Penal número tres de Zaragoza condenó a Javier Martija, ese amigo simpático y pintón, a tres años de prisión. El ex boxeador rumano se fugó.

Las redes ofrecen la virginidad de algunas menores por cantidades entre cuatro y cinco mil euros. Lo que ocurre es que las redes de explotación sexual tienen menos escrúpulos que sus clientes y a veces el putero sale estafado. La policía ya ha detectado algunos casos en los que ha habido varios hombres que han pagado por la virginidad de la misma menor de edad.

Y ongs como Apramp de nuestra amiga Rocío Mora, hacen una labor impagable buscando y rescatando a esas adolescentes. Ahora tienen incluso una casa de acogida solo para esas menores. No es nada fácil recuperar a esas chicas porque están amenazadas por sus proxenetas. Sus familias muchas veces, y esto es terrible, les piden que sigan mandando dinero, en el fondo les piden que sigan prostituyéndose, que no lo dejen. En la casa de acogida de APRAMP hay ahora dos chicas, una rumana y una nigeriana. No pueden tener teléfono móvil a solas y tienen supervisión continua. Son niñas, tienen todavía peluches algunas, que han crecido demasiado rápido, les han quitado mucho más que la virginidad. Llegan machacadas física y psicológicamente. Una de ellas tenía una grave infección en la garganta por las prácticas sexuales que la habían obligado a hacer. Tras la revisión médica y la rehabilitación física, la ONG intenta que estudien, que aprendan un oficio y que se alejen de todo eso. Y lo más grande de esta historia es que la mayoría de las que han sobrevivido a todo este infierno que hemos contado, lo consiguen.