Rajoy desgranó un paquete de medidas –algunas largamente reclamadas hace tiempo- pero recibió una respuesta general del resto de grupos que podría resumirse en “usted no está legitimado para liderar la lucha contra la corrupción”.
Rajoy pidió que no se extienda la sospecha sobre todos los políticos, “España está sana –ha dicho- no todos estamos contaminados”, y advirtió del peligro de los “salvapatrias de escoba” si se difunde la opinión de que todo está podrido. Pablo Iglesias, aunque ausente, ya tiene pues una nueva definición que aportar a sus múltiples etiquetas, la de “salvapatrias de escoba”.
El cuerpo a cuerpo entre presidente y primer líder de la oposición ha tenido momentos claros de punch: cuando Rajoy le espeta a Sánchez que su voluntad de acabar con la corrupción finaliza en Despeñaperros, y cuando Sánchez responde que la diferencia es que “él no se sienta en un despacho reformado con dinero negro”.