EN BUENAS MANOS

Vida y libertad

No vale todo lo que se estudia para curar con certeza ciertas patologías, porque la clave podría estar siempre en el otro, es decir, en como el paciente percibe la curación, siempre y cuando no se trate ni de resecciones maléficas ni tampoco de curaciones basadas en la cirugía.

Redacción

Madrid | 01.05.2023 06:04

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Vida y libertad | ondacero.es

Pongamos que hacemos un viaje cerebral. En ese caso, serian observaciones de psiquiatras y neurólogos a las profundidades que tiene el desarrollo de la personalidad. Las etapas de la vida tienen unas reflexiones hechas desde la autoridad y la sabiduría que nos da una larga vida llena de éxitos o por ventura fracasos incontestables.

Una dinámica mezcla de experiencias personales, observaciones originales y muchas agudezas en el ejercicio de la medicina nos lleva a una hoja de ruta que podría ser nuestro trayecto vital.

No vale todo lo que se estudia para curar con certeza ciertas patologías, porque la clave podría estar siempre en el otro, es decir, en como el paciente percibe la curación, siempre y cuando no se trate ni de resecciones maléficas ni tampoco de curaciones basadas en la cirugía.

Ahora, nuestra vida está inmersa en la lucha del medicamento contrapuesto, en el ensayo clínico, y en una dialéctica científica en la que al final, desde dentro, la inteligencia del sistema inmunitario puede dar al traste con todo, en unos casos, y a otros pacientes inexplicablemente darles una vida prolongada y aparentemente curada.

¿Alguien se imagina un médico que no dudara jamás? No lo hay, creo; y si existe, no puede ser bueno. Porque como dice Fernando A. Navarro, uno de los rasgos comunes de todo médico sensato es su predisposición a la duda. Es verdad, los grandes conocimientos engendran las grandes dudas; la duda es el principio de la sabiduría.

Entonces sería muy clarificador saber si ¿podemos ser libres de verdad? Hay que plantearse, por tanto, la cuestión de si el ser humano puede ser libre. La respuesta a esta pregunta marca de forma radical nuestro concepto sobre la naturaleza del hombre. Pues si no somos libres, ¿Quiénes somos los seres humanos para privar de su libertad al delincuente? ¿Cómo podemos atrevernos a juzgar la conducta ajena o incluso la propia? Si no pudiéramos actuar sobre la conducta del individuo, ¿qué sentido tendría la psicoterapia o la educación? Si no somos ni tampoco podemos ser libres, un texto como este sería un completo absurdo. Así que vivamos con responsabilidad y la máxima libertad.