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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "En Moncloa se repite que Sánchez no va a asumir el desgaste de que le devuelvan los presupuestos a los corrales"

Vete a contarles a Torrra, a Junqueras, a Tardá, que la Constitución está para cumplirse cuando tú te la tomas a la ligera.

@carlos__alsina |  Madrid |  15/11/2018

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El presidente Sánchez asistió hace quince días al estreno en público de la princesa Leonor, que consistió —se acuerdan— en la lectura del artículo primero de la Constitución. Sánchez leyó el segundo. Ana Pastor el tercero. Es una pena que el presidente no se quedara a la lectura completa porque así habría escuchado lo que dice el artículo 134. A saber:

“Corresponde al gobierno elaborar los Presupuestos del Estado y a las Cortes examinarlos y enmendarlos. Para ello, y cada año, el gobierno deberá presentar al Congreso los Presupuestos al menos tres meses antes de que expiren los del año anterior”.

Mucha interpretación no requiere esta parte del texto constitucional. El gobierno tiene el deber de presentar su proyecto de Presupuestos al Congreso y en caso de que el primero de enero no estuviera aprobado, entonces se considerarían automáticamente prorrogados los presupuestos del ejercicio anterior hasta que se aprueben los nuevos.

Digamos que, a la luz de la Constitución, presentar o no unos Presupuestos a la Cámara no es una decisión caprichosa, arbitraria, que se deja en manos del gobierno. No es un si quiere los presenta y si no quiere, pues no. La prórroga de los anteriores es una solución provisional cuando llegado el nuevo año las cuentas no han podido ser aún aprobadas. Por eso dice la Constitución que la prórroga dura hasta que se aprueban los nuevos.

¿Y todo esto por qué se lo cuento?

Pues mire, porque esta semana está ocurriendo algo francamente chusco. Y es que, en el colmo de la impostura, el presidente del gobierno está comprometiéndose en público a presentar los Presupuestos de 2019 al Congreso…

…antes de fin de año cumplirá, pero en privado alguien tan cercano, tan cercano al presidente que lo que dice es como si o dijera él, les está contando a los periodistas lo contrario. Ayer Onda Cero pudo confirmar en fuentes de la Moncloa que el discurso que se hace en público sobre este asunto no responde a la realidad de los planes que se manejan, por decirlo de una forma poco hiriente. El presidente no sólo tiene asumido que nunca tendrá los votos que necesita para aprobar sus cuentas, sino que ni siquiera tiene intención de presentar proyecto alguno de presupuestos al Congreso. No va a asumir el desgaste, se repite esta semana en el comedor de la Moncloa, no va a asumir el desgaste de que el Congreso le devuelva los presupuestos a los corrales.

…antes de fin de año cumplirá. Obsérvese que el presidente —cumplirá— sabe de sobra que tiene la obligación —el deber— de presentar las cuentas al Congreso. Pero en su casa, que es la Moncloa, dicen sin el menor empacho —entre el segundo plato y el postre— que no existirá ese proyecto. Llega el primero de enero, se prorrogan los de antes, y se acabó. A gobernar con las cuentas de Rajoy.

Jugar a decir una cosa en público y otra en privado genera adicción, sobre todo cuando uno tiene la impresión de que sirve a sus intereses y carece de riesgo.

Pero el riesgo es jugar con algo tan delicado como el crédito del gobernante. Desorientar hasta tal punto a quien le escucha, en público y en privado, que ya no sabe cuándo dice lo que verdad piensa —lo que planea hacer—, y cuándo está actuando. Si es que no está actuando siempre.

Sí, ya sé que según el comodín de Carmen Calvo no se puede juzgar al presidente Sánchez a partir de lo que decía cuando era sólo Pedro, Just Peter, pero en esto, que son los principios básicos de lo que uno entiende por gobernar, sí cabe hacer ese juicio.

Les ofrezco un pequeño ejercicio de memoria. No histórica sino de hace ocho meses. La doctrina Sánchez sobre el gobierno, la ley de Presupuestos y las obligaciones irrenunciables del presidente.

Lo que va del Just Peter, simplemente Pedro, al doctor Sánchez.

Por cierto, y antes de ir a lo del Bréxit, de la crónica política de este país que es el nuestro dos apuntes con acento andaluz, como diría Susana Díaz. Y tres inquietudes.

• Una, por José Félix Tezanos, director del Centro de Investigaciones Esotéricas, digo Sociológicas. Se ha contagiado el profesor de la marca de la casa, del gobierno que lo ha nombrado: la rectificación sin muchas explicaciones. Su encuesta de las andaluzas ha resucitado la cocina que cerró para la estimación de las generales. Le sale que gana el PSOE, que el segundo es Podemos y empatados en la tercera posición el PP y Ciudadanos. Kiko Llaneras hace en El País la media de las encuestas privadas y le sale otra cosa: que el segundo es el PP, el tercero Podemos y el cuarto, Ciudadanos.

• Segunda inquietud, por Susana Díaz. Ha publicado su declaración de bienes, como el esto de los candidatos, y así hemos podido saber todos que tiene un saldo de 80 euros en su cuenta. Y estamos a día catorce, todavía. Queda medio mes para la próxima nómina. Ochenta euros. Imagine usted que se le presenta un contratiempo. Es verdad que declara un depósito (a plazo fijo, supongo) de 30.000 euros, pero disponible para sacarlo ahora mismo en el cajero sólo debe de tener los ochenta. Vivir al límite. Eso, o que apenas tiene gastos.

• Y tercera inquietud, por Podemos. El partido que se va comiendo con patatas algunas de sus mejores banderas. Lo de las primarias hace tiempo que quedó claro que se utiliza como coartada, o tapadera, para los ajustes de cuentas internas. Y lo de la transparencia ha entrado en cuarentena. La guerra entre el general Iglesias y la generala Carmena, líderes respectivos del Partido Podemos y del Partido Carmenista, se ha cobrado su primera baja: la locuacidad del secretario general de los morados.

Ay, la discreción. Que fue de aquella aversión a las reuniones secretas y sin temario declarado. Qué fue de aquello de hacerlo todo a la vista de los militantes, transmitiéndolo todo en streaming, que es el signo de los tiempos. Discreccion y nada de hablar con la prensa. Ya les dije ayer que la profundidad de la grieta es inversamente proporcional al numero de entrevistas que dan los dirigentes de Podemos. Cuando hablan poco es que la grieta es descomunal. Por eso han inventado una fórmula nueva, que es entrevistarse a sí mismos. El general Rodríguez repitió palabra por palabra el argumentario de casa Iglesias en una entrevista, ¿sabe usted con quién?, con Juan Carlos Monedero.

¿Y del Bréxit qué?

Pues que Theresa May ha llegado al 15 de noviembre siendo primera ministra del Reino Unido, que no es poco para la historia política de esta señora en los dos últimos años. May sobrevive. Superó el trago de palmar un montón de diputados en las elecciones que anticipó pensando que arrasaría, superó el intento de una parte de su partido de derribarla (con Boris Johnson como instigador máximo) y supera, de momento, la crisis que se le abrió por la negociación del acuerdo del Brexit. De momento, porque hay dirigentes que insisten en que la aspirante a Thatcher se ha ablandado y se ha entregado a Bruselas.

En Bruselas se da por bueno el pacto. Próxima estación allí, la cumbre de jefes de gobierno europeos para que lo ratifique.