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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Casado y Rivera, a codazos por ver cuál está más comprometido con la estabilidad del Estado"

Ya ha hecho Tezanos los números para el 26 de mayo. Ésta es mañana de CIS, de sumas y restas a ver quién tiene apoyos para gobernar Aragón, Castilla y León, Navarra, Extremadura, Murcia, Castilla la Mancha, Baleares, La Rioja, Madrid… y para gobernar Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, Coruña… y Madrid.

Carlos Alsina
  Madrid | 07/05/2019

A Madrid, y lo que pase en Madrid, ha confiado el PP lo que tenga que pasar con la dirección del partido y con el partido mismo. Es Madrid donde los candidatos los decidió, él solo y reventando todas las quinielas, Pablo Casado. El hombre que se esfuerza en apuntalar la sede de Génova mientras le brota un rival en cada esquina. Los internos y los externos. Los que intentan amortajarle en una sábana azul y los que intentar darle una sepultura naranja. Dentro puede fiarse ya de pocos y fuera le está esperando Rivera. El competidor que, con nueve escaños y doscientos veinte mil votos menos, cree acariciar el trono de la derecha. Premio de consolación para quien creyó verse presidente de gobierno.

Esta mañana va Rivera a tomarse un café con Sánchez y a preguntarle al presidente-en-funciones para qué le ha llamado. Quién nos ha visto y quién nos ve, Pedro. De pedirle hace tres años al PP que se abstuviera para hacer presidente a Sánchez a que sea el PP quien le pida ahora a Rivera que se abstenga. De satanizar el 'no es no' a la investidura de Rajoy a alzar la bandera del 'no es no' a la investidura de Sánchez. Sabiendo de la muy mala relación personal que han llegado a tener estos antiguos novios, la reunión de hoy puede durar entre cinco minutos y ninguno, rígidos ambos como si los hubieran empalado. Que no es no y que si quieres te cuento el CIS y así vamos haciendo tiempo.

El visitador de ayer fue Casado y salió de su café con el presidente-en-funciones como si en lugar de café hubiera sido tila. Se sospecha que Sánchez le colocó un sedante. Acostumbrados como nos tiene el líder del PP (a este paso, presidente del partido-en-funciones) a su vehemencia mitinera y sus discursos torrenciales, este Casado de ayer parecía poseído por el espíritu de Juan Vicente Herrera.

Primera conclusión de su comparecencia de ayer, tras verse con Sánchez:

• Casado acepta que, con los resultados electorales en la mano, el próximo presidente del gobierno tiene que ser Sánchez.

Segunda conclusión:

• Casado acepta que para el país es positivo que ese nuevo gobierno goce de estabilidad parlamentaria, es decir, tenga un apoyo amplio.

Tercera conclusión:

• Casado acepta que es negativo para el país que ese gobierno dependa de los escaños independentistas.

Partiendo de estas conclusiones previas, usted podría pensar que lo siguiente es que Casado ofrezca sus 66 diputados para hacer posible todo eso: que el presidente sea Sánchez, que el gobierno sea estable y que no dependa de los independentistas.

Pero no. Porque aquí viene la cuarta conclusión:

• Casado anuncia que ni a él ni a sus 66 diputados se les pasa siquiera por la cabeza abstenerse en la votación de investidura, no te digo ya explorar posibles acuerdos con el PSOE que garanticen que las reformas principales que requiere el país puedan salir adelante. Es ahí donde Casado dice —quinta y última conclusión— que quien tiene que hacer posible todo eso tan lógico y tan deseable (un gobierno estable que no dependa del independentismo) es… ¡Albert Rivera! El honor de dar a España estabilidad que se lo coma el líder naranja.

La ronda de visitadores a la Moncloa va a servir, únicamente, para esto: hacer visibles los codazos entre Casado y Rivera por ver cuál de los dos aparece como más comprometido con la estabilidad del Estado y, a la vez, más opuesto en todo a lo que representa Sánchez.

De haberles dado la suma estarían gobernando juntos. Como no les ha dado están disputándose el premio de consolación, que este cargo bastante sobrevalorado de líder de la oposición. Es verdad que tanto en los debates como en la noche electoral del 28 de abril fue Rivera quien le madrugó el puesto a Casado, pero también lo es que la legislatura está empezando. Y la ventaja del PP sobre Ciudadanos a la hora de aparecer como látigo del PSOE es que los populares no van a pactar con los socialistas en ningún sitio. Mientras que Ciudadanos, en gobiernos autonómicos como el de Castilla y León, o Castilla La Mancha, o Aragón, o Madrid, está aún por ver con quién pacta. Si sobrevive a las elecciones de mayo el famoso cordón sanitario.

Por la mañana, reunión empalada en la Moncloa Sánchez-Rivera, por la tarde reunión de compadres: a Iglesias no hay que enseñarle el camino porque es asiduo de palacio.

Insiste el líder de Podemos (menguado tras las últimas elecciones) en el raca raca del gobierno de coalición: o ministerios morados no hay investidura. Está por ver hasta dónde lleva Iglesias el ultimátum. Que él dice que no es tal. Sin líneas rojas, dice, sin arrogancias. Pero con ministerios. 42 diputados de los que 7 son de la marca catalana y 9 del Podemos del Sur, el de Teresa y Kichi.

En rigor, a quien primero tiene que convencer Iglesias de que la salvación de España pasa porque a él lo hagan ministro no es Sánchez. Es a Teresa Rodríguez y a Kichi, la otra pareja famosa de Podemos. Y no sólo a ellos. Esto que el líder morado menguante formula como un hecho (la exigencia de un gobierno de coalición) no lo comparten algunos de sus colegas. Podemos Andalucía es el más ruidoso.

• Si nacimos para acabar con el bipartidismo de la casta, qué hacemos mendigándole unos cuantos sillones al PSOE.

• Si no se ha debatido aún dentro de Podemos cuál es la fórmula adecuada, qué hace el secretario general adelantándose a los acontecimientos.

La respuesta a las dos preguntas es la misma. De la entrada de Podemos en el Consejo de Ministros (a repartirse los sillones con la casta) depende no la continuidad del partido pero sí el liderazgo de Iglesias. La carrera política del líder carismático ha ido a menos y el único revulsivo a la vista es pisar moqueta.