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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "A Pedro Sánchez ya no podrán llamarle okupa"

A Pedro Sánchez ya no podrán llamarle okupa. Ya no podrá recriminarle nadie que gobernara sin haber ganado las elecciones generales. En la plaza de Colón,mes de febrero, le exigieron el PP, Ciudadanos y Vox que permitiera a los españoles pronunciarse en las urnas y eso es lo que han hecho. Se han pronunciado.

Carlos Alsina
  Madrid | 29/04/2019

· Sánchez será investido presidente de nuevo. No hay más hipótesis sobre la mesa. Ya veremos si en primera o, más bien, en segunda vuelta y con abstenciones que suplan la falta de mayoría absoluta. Ya veremos en qué quedan ahora los argumentos (o argumentarios) que hace tres años utilizaron los partidarios de investir a Rajoy para que el PSOE hiciera posible, con las abstenciones imprescindibles, esa investidura.

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· Los tres adversarios de Sánchez en el centro derecha suman ahora menos diputados que los que tenían antes el PP y Ciudadanos. El surgimiento enfervorizado de Vox ha tenido dos efectos: la movilización del voto de izquierdas y la mengua de escaños de derechas. Y no ha tenido la repercusión europea que esperaba: quien soñaba con ver títulos que dijeran la extrema derecha también irrumpe en España, un Abascal siendo Salvini, se han quedado con las ganas.

· Por si faltara algo para Sánchez, su principal competidor por la izquierda sufre un correctivo que lo deja relegado a la condición de socio parlamentario pero no de igual a igual. Iglesias ha ido a mucho menos que hace tres años. Podemos perdió fuelle.

Se mire como se mire, Sánchez gana. Vio la jugada y la aprovechó.

En 2016 sostenía que el PSOE sólo sobreviviría si giraba a la izquierda y huía de la gran coalición como del agua hirviendo. El no es no a Rajoy fracturó el partido y le dio a él alas para regresar de la sepultura en la que creían haberle aparcado para siempre los barones. Hoy el PSOE vuelve a ser el partido más votado, la amenaza del sorpasso se esfumó y es el PP quien se ve sitiado por el avance de Ciudadanos.

Anoche Sánchez no desveló sus planes para la negociación, es decir, si se le pasa por la cabeza intentarlo con C's aunque Rivera no quiera. O se le pasa por la cabeza intentar un gobierno monocolor aunque Iglesias no quiera. Porque Iglesias quiere estar dentro.

A este dirigente no se le puede negar que va para leyenda. El desahuciado de hace dos años le ha metido tres millones de votos de diferencia al segundo, más de tres al tercero y más de cuarto al cuarto.

Ha resucitado al PSOE y ha conjurado el miedo a ser sobrepasado por Podemos para una larga temporada.

Las dos preguntas principales que subrayábamos el viernes:

1. ¿Quién va a gobernar? Respuesta: Sánchez. Si puede, en solitario. Si no, con Podemos.

2. ¿Era para tanto lo de Vox? Pues no, no era para tanto. Dos millones y medio de votos son muchos viniendo de los 45.000 de hacer tres años, pero en escaños se queda en 24, a la altura de la Izquierda Unida de Anguita y en la mitad de lo que obtuvo Podemos en su estreno parlamentario. No daba para tanto el monocultivo del amor a España, la cruzada contra los pijoprogres y el veto a los medios de comunicación que incomodan.

Tan escarmentados estábamos de las encuestas que la sorpresa de esta noche electoral fue que las líneas generales de los sondeos se vieran confirmadas. Vox tenía más ruido que votos y el PSOE, en efecto, iba a ganar las elecciones de calle. Sólo midieron mal las encuestas el desmoronamiento del PP. No sólo no había voto oculto sino que había gente ocultando que no iba a votar a Casado.

· El PP se ha hundido. Ni en sus peores pesadillas imaginó Pablo Casado perder más de la mitad de los diputados que tenía. Se le ha escapado el voto a chorros y ha sido sobrepasado por Ciudadanos en la comunidad de Madrid y en Andalucía. No obtiene escaño en el País Vasco y sólo salva uno en Cataluña. El desastre. Alfonso Alonso, responsable del PP de Euskadi, dice que hay que volver al centro. Feijoó no lo ha dicho, pero lo piensa.

· Ciudadanos puede exhibir músculo porque donde antes tenía 32 diputados ahora tiene 57. Pero ni ha conseguido superar al PP en el cómputo total ni ha logrado echar a Sánchez de la Moncloa. Los dos objetivos que se había marcado Rivera. Es verdad que, como objetivos que son, puede mantenerlos vivos para dentro de cuatro años. Aunque, visto lo visto, es probable que la derecha asuma que sólo bajo una sola marca podrá aspirar de nuevo al gobierno y que la competición que se recrudezca de aquí a unos meses sea quién lidera esa refundación. Y con qué nombre.

· Podemos se agarra al salvavidas de tocar poder ejecutivo entrando en el gobierno. No hay mucho más horizonte porque el resurgir de la izquierda no lo ha protagonizado Iglesias y porque queda muy lejos, hacia el pasado y hacia el futuro, el sorpasso y la hegemonía que una vez parecieron cerca. Podemos se ha dejado quince diputados y trescientos y pico mil votos en el camino.

· En el nuevo Parlamento se anuncian codazos entre Rivera y Casado y se anuncia bronca entre Rufián y Abascal (lo veremos). Y es un nuevo Parlamento en el que tiene más presencia que nunca el independentismo catalán y el vasco.

España habló. La España que hoy amanece sabiendo lo que ha votado y sabiendo, también, que los problemas que teníamos cuando se convovcaron las elecciones los seguimos teniendo.

El presidente Sánchez tiene una segunda oportunidad para demostrar no que sabe diseñar tácticas que funcionan, sino que sabe gobernar con un proyecto claro y ejercitando la coherencia y la transparencia. Sánchez tiene la ocasión de dejar atrás al Sánchez de los vaivenes, los cambios de criterio, el vuelo corto y la inconsistencia. En su mano va a estar demostrar en su segundo mandato (que en realidad va a ser el primero) que este gobernante caprichoso, voluble, propagandista, capaz de supeditarlo todo al cálculo de cada momento, puede ser también un gobernante coherente, fiel a su palabra y respetuoso, de verdad, con el Parlamento. Acostumbrado a reinventarse cada cierto tiempo, sólo el presidente sabe qué Sánchez veremos en sus próximos movimientos.