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LA BRÚJULA

La Carta de Ónega a la idoneidad: "No sea que el examen de tu ausencia en un cargo público estropee una brillante carrera"

Permíteme que hoy dirija mi carta a un concepto que quizá sea la palabra del reciente cambio de gobierno y sus derivadas. Y esa palabra eres tú, idoneidad.

ondacero.es
  Madrid | 16/01/2020

Permíteme presentarte a mis oyentes, porque eres un vocablo que la gente de aldea no utilizamos con profusión. Según el diccionario, se habla de ti para decidir si una persona tiene las cualidades adecuadas para determinada tarea o función. Y esta temporada, idoneidad, apareces en discursos, declaraciones, crónica de aviesos periodistas e incluso en decisiones de alta alcurnia. La palabra de la temporada, ya digo. Te utilizó Pablo Iglesias en la entrevista de Vicente Vallés. Te utilizó así: “lo grave es que se cuestione la idoneidad de una mujer para un cargo público porque sea pareja de no sé quién”. Te utilizan mucho en el Ministerio de Irene Montero, el de Igualdad, para recibir a los nuevos altos cargos (habría que decir “nuevas altas cargas”, porque todas son mujeres), y el machismo político ambiente cree haber descubierto tu ausencia, como se ha contado en La Brújula. Y hoy, idoneidad, fuiste el no va más, la pareja de hecho de la futura Fiscal General. ¿Tiene idoneidad para esa altísima responsabilidad? ¿Haber sido ministra de Justicia la priva de las condiciones adecuadas?

Eres tan complicada, tienes tantos matices, dependes tanto de la ideología, que el presidente del Poder Judicial, don Carlos Lesmes, decidió que la votación sobre la señora Delgado se hiciera sin someterte a veredicto, idoneidad. Como si dieras miedo. Como si en la sede del Supremo hubieran grabado en mármol la frase de los exorcismos: “Vade retro, Satán”; vade retro, idoneidad. No sea que el examen de tu ausencia en un cargo público estropee una brillante carrera. No sea que una discusión por ti provoque una guerra civil en el Poder Judicial, como ya la provocó entre la izquierda y la derecha. No sea que nos acostumbremos a hablar de idoneidad y te empecemos a exigir en cada nombramiento oficial. Si te incorporan a las exigencias nacionales, a lo mejor no queda nada de la casta de siempre y de la casta de ahora. Por eso no te extrañe que te diga, aunque te quiero mucho, “vade retro, idoneidad”.