Al son del pícaro Crispín —admirable trabajo de Eliseo Pérez Gracia, que se desempeñó en la mayor responsabilidad— van danzando los demás personajes, atrapados de tal manera que actuarán para salvar a aquél de sus líos. Si en otros géneros literarios, incluido el teatro, finalmente el amor triunfa sobre cualquier adversidad, en esta obra se nos advierte de que sólo ha ocurrido así por mera conveniencia: si para satisfacer los intereses hubiera que fomentar un sentimiento perverso, todos —particulares o estamentos, por muy elevados que éstos se tengan— lo habrían hecho igualmente sin ningún miramiento. Por eso los clásicos nunca pasan de moda: porque cuentan las cosas sabidas desde siempre, pero de vez en cuando hay que recordarlas.
De esta manera, Ars Creatio concluye las actividades programadas que le ha dejado desarrollar el año que en buena hora se vaya. Entre las que permita 2021, la asociación cultural torrevejense, junto a quienes se animen a unirse a ella, desde el escenario o desde el patio de butacas, continuará ampliando su red de afectos..., cómo no, con la aquiescencia de don Jacinto.

