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CON RUBÉN AMÓN

El indultado de Rubén Amón: "La paradoja de la persecución a Plácido Domingo y Woody Allen es evidente"

Voy a reunir en un mismo indulto a Woody Allen y a Plácido Domingo. Puede resultar estrafalaria la amalgama, pero no lo es tanto. Tienen casi la misma edad. Disponen de apartamento propio en Nueva York. Colaboraron juntos en un montaje operístico de Puccini, Gianni Schicci. Y obviamente han sido conducidos al matadero del Me Too.

Rubén Amón
  Madrid | 03/10/2019

Los casos son distintos. Muy diferentes. Pero no las mecánicas justicieras que se le han aplicado a ambos. Por un lado se les declara culpables de libertinaje. Por otro lado se les apremia a un proceso mediático-social del que no pueden escaparse. Y en último término se queman sus obras. O sea, se les despoja de su condición de artistas.

Plácido Domingo ha renunciado a cantar en el Metropolitan de Nueva York -qué sería del Met sin Domingo-, y ha dimitido de la ópera de Los Ángeles no por miedo a la injusticia, sino por medida preventiva contra un boicot que proviene unas denuncias de abusos ni probadas ni contrastadas.

Y a Woody Allen se le ha extirpado de las salas estadounidenses. Su última película, Día lluvioso Nueva York, no podrá verse en Nueva York pese al predicado del título o pese a la relación inextricable entre Allen y Manhattan.

De hecho, los neoyorquinos deberán salir de EEUU para poder aplaudirla o rechazarla. Igual que los demás compatriotas. O sea, que a Allen y a Domingo no solo se les condena preventivamente. Se convierten ambos en encarnación del mal y en objetivo de la censura moralista y puritana.

Domingo ha asimilado que no volverá a cantar en Estados Unidos. Y Woody Allen nunca podrá reconocerse en una sala de Brooklyn o del Village. La paradoja de esta persecución es evidente. Pretendiendo hacerle daño a los dos, son la sociedad americana y la libertad de expresión las que sufren el escarmiento del oscurantismo. Y son las sociedades europeas, las garantistas, las que acuden a redimirlos.