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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El tipo al que más le incomoda la memoria histórica en España se llama Arnaldo Otegi"

A Arnaldo le irrita que se haga memoria. Que se tenga memoria. Que se tenga presente quiénes usaron las armas contra el pueblo. Quiénes intentaron tumbar el sistema democrático y las instituciones legítimas.

Carlos Alsina
  Madrid | 17/05/2019

A Arnaldo le escuchará usted denunciando, como si estuviera pasando hoy, el bombardeo de Guernica a cargo de los aviones fascistas, o la represión encabezada por Franco, o el Gal, el terrorismo de Estado, de los años noventa. Pero le escuchará exigir a los demás amnesia, olvido e impunidad, cuando de las bombas, la represión y el terrorismo de ETA se trata. Ahí se violenta mucho Arnaldo porque dice que hace ya un año —¡un año, qué eternidad!— que la banda de delincuentes a la que él mismo perteneció quedó disuelta.

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El pasado a la carta. La amnesia a la carta. La impunidad para los colegas.

Cuánta incomodidad la de Arnaldo porque le han detenido a Josu Ternera. Y qué silencio tan atronador el del club de fans de Otegi. Los Rufián y los Iglesias que siempre tienen una palabra amable para el líder de Bildu (un referente de la lucha democrática) y que ayer no encontraron un minuto para celebrar que un criminal que se creía impune vaya a cumplir su condena pendiente en Francia y a afrontar los juicios pendientes en España.

Josu Ternera cayó, diecisiete años después, gracias a la perseverancia de la Guardia Civil y de una pista que resultó ser buena. Esto es lo que se ha contado hasta ahora: que tenían vigilada a una de las pocas personas con las que Ternera había mantenido tiempo atrás contacto. Que hace quince días uno de los agentes detectó una conversación en la que ésta persona le comentaba a otra algo sobre una cita en un hospital. Sabían la zona pero no la localidad. Vigilaron los hospitales que pudieron y en uno de ellos cantaron bingo. Un tipo con gorra, gafas oscuras y mochila a la espalda. Urruticoechea con veinte años más.

Josu Ternera cayó, diecisiete años después, liquidada ETA y habiendo sido capaz, según sostiene el gobierno de ahora, y el de antes, y el de antes del de antes, y el de Francia, habiendo sido capaz de esquivar a la policía y al servicio de inteligencia. Ni siquiera cuando asistió en Ginebra a las conversaciones con Eguiguren y Javier Moscoso (embajadores de Zapatero, 2006) pudo ser descubierta su residencia, nos contó ayer aquí el entonces director de la Guardia Civil, y hoy diputado electo de Ciudadanos, Joan Mesquida.

Hace diez días relató Moscoso, por primera vez, cómo fueron aquellos encuentros en Suiza. Reclutado él para la misión por Pérez Rubalcaba (cuando aún no era ministro de Interior) y haciendo pareja con Jesús Eguiguren. Los enviaba el gobierno de España pero no podían hablar en nombre del gobierno de España. Íbamos sólo a escuchar. Y allí se encontraron con dos tipos. Uno que no les sonaba de nada, y que resultó ser Jon Yurrebaso, y otro que dijo llamarse George, pero que era clavadito a Josu Ternera. Cuatro años llevaba prófugo e hizo méritos para reivindicarse como el interlocutor necesario, el tipo que dentro de aquella banda de miserables más ganas tenía de negociar con el Estado un final que no tuviera (expresión favorita de los batasunos de todos los tiempos, ni vencedores ni vencidos). Es decir, concesiones políticas e impunidad para los autores, como él, de innumerables delitos.

Eguiguren, figura central de aquel tanteo para empezar a negociar, dirigente del socialismo vasco que siempre abogó por la negociación y que entabló amistad con Arnaldo el pacificador, dijo ayer una frase de las que escuecen e indignan. Poner la palabra héroe junto al alias Josu Ternera es una indignidad. Aunque no sería justo ocultar que el propio Eguiguren, al menos en esta cadena, aclaró ayer que no utilizó la palabra héroe con afán de decir nada positivo del dirigente etarra.

Ni fue héroe Ternera ni lo de ETA fue una retirada. ETA se agotó asfixiada por la acción de las fuerzas de seguridad, los fiscales y los jueces. Y antes de eso Batasuna se había asfixiado por la aplicación de la ley de partidos que, impulsada por Aznar y compartida por el PSOE, la dejó fuera de las instituciones y de las subvenciones. Fue entonces, y sólo entonces, cuando aquellos que, como Otegi, no conocían otra forma de ganarse la vida que seguir chupando del bote, vieron que no podrían hacer carrera política (cuarentón y sin oficio conocido) y empezaron a ver el terrorismo no como un trampolín sino como un obstáculo a su propia supervivencia como vividores.

Ésa es la historia del oportunismo travestido de convicción. Ésa es la memoria histórica que tanto le estorba a Arnaldo.

Último viernes antes de que se constituyan las Cortes y runrún de que Pedro Sánchez puede sorprender al personal esta tarde con alguno de sus golpes de efecto. Nombres, nombres, en el bombo de los sillones que se reparten el martes.

La Ejecutiva socialista (o sea, Sánchez) desvelará hoy a quién propone para presidir el Congreso y a quién propone, por descarte y como segundo plato, para la presidencia del Senado. Naufragada la operación Iceta, tiene que escoger Sánchez entre los 121 senadores de su grupo a un suplente. Suena Cristina Narbona, por militancia sanchista, pero está por ver que lo sea. Si aún aspira el presidente a sentar en el trono a un catalán, hay unos cuantos candidatos.

La oposición, que venía dando por hecho el pacto secreto entre Pedro y los independentistas (el vendepatrias rendido a los enemigos de España y todo eso) rescribe a toda prisa su argumentario y recurre a lo único que le queda, que es proclamar que todo esto es un teatro pactado por Sánchez y Junqueras. Ahí se va estrenando Vox en el Congreso de los Diputados como faro que ilumina los análisis políticos. Éste es Espinosa de los Monteros con su teoría del tapado y la segunda derivada.

Entrenado el diputado electo de la extrema derecha por si acaso el censor Abascal, timonel de la reconquista y jinete a ratos, le encomendara la portavocía del quinto grupo parlamentario de la cámara.

El martes escucharemos a los 24 diputados de Vox y a los 26 independentistas (catalanes y vascos) prometer o jurar la Constitución. Estos por imperativo legal y aquellos por Dios y por España. Si es que siguen la estela de sus compañeros los Voxes de la Comunidad Valenciana.

Los de Vox por Dios y por España. Los de Podemos por la madre patria. Perdón, por la madre Tierra.