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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Segunda oportunidad para el juez Llarena, a ver si consigue celebrar la vista contra Puigdemont"

Segunda oportunidad para el juez Llarena. El Estado español vuelve a pedir hoy a Bélgica que entregue al huido Puigdemont. El jefe de aquel gobierno desleal cuyo vicepresidente ha sido encontrado culpable de sedición. Sedición y malversación.

Carlos Alsina
  Madrid | 29/10/2019

Dos palabras que seguro que el juez belga al que le toque esta causa va a poder entender sin necesidad de que le envíen un ejemplar de nuestro código penal. Y si hace fata enviárselo, se le envía. Con la sentencia de Marchena de entrante para ir aderezando sus lecturas.

Ahora ya no son sólo indicios de delito, como en julio de 2018, ahora hay una condena por delitos graves que ya pesa sobre seis subordinados de Puigdemont en aquel gobierno: el vicepresidente Junqueras y cinco consejeros. En 2018 el juez Llarena pinchó por partida doble: en Bélgica le devolvieron las euródenes por defecto de forma, en Alemania le dijeron que sólo entregaban a Puigdemont para ser juzgado por malversación. Y Llarena renunció a recibir aquí al capo del alzamiento porque se habría ido de rositas del delito más grave, que ahora vemos que fue sedición.

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Los huidos le ganaron el primer pulso a la Justicia española. Desde hoy vamos a ver si ganan también el segundo. Si Pablo Llarena consigue quitarse la espinita (o espinaza) que dejó medio banquillo del juicio en el Supremo vacío y si el Estado español consigue celebrar la vista contra Carles Puigdemont. Ese juicio que sigue pendiente, con el de Waterloo tumbado en el sofá de su mansión.

En Barcelona, mientras tanto, sigue la bronca que él contribuyó a sembrar.

A continuación pueden escuchar la ferocidad que provocó a los alborotadores que intentaban bloquear anoche los accesos a la estación de Sants que una señora con billete reclamara su derecho a que le dejaran pasar para irse a su casa.

Los tipos allí, haciendo barrera, y diciéndole a la señora que ajo y agua. Que qué derecho tendrá ella a irse a casa en tren cuando Junqueras está condenado a trece años. (Luego la policía abre paso quitando de en medio a dos o tres de los individuos estos y los demás se ponen llamar puta a la señora). Naturalmente todos estos saboteadores viven en Barcelona y cuando acaban su numerito de cada noche se van a dormir tranquilamente a su casa. Aunque Junqueras duerma en una celda.

A la alcaldesa Colau le encanta empatizar con los delicuentes condenados por sedición y con los manifestantes que bloquean los accesos a El Prat -–empatía, empatía, empatía— pero con los agentes de la policía nacional digamos que empatiza poco tirando a nada. Uno de los peones de Colau, el concejal Barrabás (perdón, el concejal Rabassa), se ha dirigido al comisario jefe para decirle, amablemente, ¿verdad?, que se larguen de la Vía Laietana. Que esto de tener la jefatura en una calle tan céntrica molesta muchísimo y es hora de llevársela de allí. Con diálogo, naturalmente, dialoguemos para que se vayan ustedes, éste es el mensaje. Sostiene Barrabás (perdón, Rabassa) que los vecinos están muy disgustados porque estos días tienen la calle de al lado vigilada y con restricciones al paso. Se le olvida al fichaje de Colau mencionar que el despliegue de policía se debe a que los manifestantes independentistas han tomado la costumbre de cercar la jefatura para cubrir de insultos (y de otras cosas) a la Policía Nacional y que los animalitos éstos que se tapan con la capucha y llevan las mochilas llenas de rodamientos y líquidos inflamables gustan también de montarla precisamente ahí, en la Vía Laietana.

Dado que el concejal se ha dirigido al comisario jefe en nombre del Ayuntamiento de Barcelona, se espera que Ada Colau aclare si esto es lo que ella entiende por construir puentes, sosegar el ambiente y contrubuir al entendimiento entre instituciones. Se espera, se espera y se sigue esperando, porque no tiene intención la alcaldesa de desmentir a Barrabás. El Ayuntamiento de Barcelona lo gobiernan en coalición dos partidos: el de Colau y el PSC. Que tampoco ha dicho aún esta boca es mía.

A quien se le ha visto ya el cartón, porque tampoco es que disimule, es esa cosa llamada Asamblea Nacional Catalana que es, en realidad, la máquina de movilizar que han alimentado los gobiernos de Mas, Puigdemont y Torra a mayor gloria de sí mismos y de su matraca. La asociación ésta la dirige ahora una señora llamada Paluzie, que encuentra una parte positiva, ¿verdad?, en que los encapuchados le peguen fuego a los contenedores.

Exculpando a los violentos y encontrándole su parte positiva a los desórdenes públicos. Si no hubiera fuego y barricadas, de qué iban a interesarse ya los medios extranjeros por el raca raca del procés. Qué puede haber de raro en que luego salga la delegada de Puigdemont en las Cortes, Laura Borrás, con la misma cantinela.

La dimisión de la política, dice la diputada en las Cortes españolas. La monserga de todos estos años: que es el gobierno central el que no hace política sólo porque se niega a tragar con la autodeterminación y el resto de la chatarra.

La violencia desmedida a la que se han enfrentado los policías y que a ellos mismos les tiene sorprendidos, para mal. Lo que dijo el domingo en La Razón el ministro del Interior y que algunos voceros soberanistas han tergiversado para utilizarlo contra él: que la violencia callejera en Cataluña ha sido de más intensidad que la que se vivió en el País Vasco porque aquí los encapuchados buscaban el cuerpo a cuerpo con los policías. Él mismo lo explicó ayer en este programa.

En el gobierno de Sánchez, por cierto, los ministros deben de hablar poco entre ellos porque a la misma hora en que el ministro explicaba así lo que dijo la vicepresidenta Calvo daba en TVE esta otra versión de lo que Marlaska había querido decir.

Pues no parece que fuera eso a lo que se refería el ministro. No era las imágenes en directo y en bucle, sino el empeño de los encapuchados en buscar que hubiera heridos. Por no decir muertos.

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