Déjame que te cuente lo que dijo el presidente Sánchez en su discurso de investidura, cuando empezó la legislatura que ahora termina. El presidente se ofrecía como gran freno a la derecha: "El único muro contra la ultraderecha ha sido el Gobierno de coalición progresista en España", dijo Sánchez en el Congreso de los Diputados, ese que ahora dice que no refleja el sentir de la calle y que es el mismo que entonces.
Y déjame que te cuente lo que dicen ahora las encuestas del resultado que puede sacar Vox. Santiago Abascal sacaría entre 63 y 74 escaños, cuando en las últimas generales obtuvo 33. O sea, según la encuesta de 40dB para El País, podrían doblar su representación. Se lleva un 15,6% del voto del PP, un 2,7% de los socialistas y un 12,7% de quienes afirman que en 2023 no votaron. O sea, la ultraderecha obtendría más votos que cualquier otro partido entre quienes no suelen votar.
El partido de Santiago Abascal se perfila en todas las encuestas como el que más se beneficia del adelanto electoral. Y, también, como el que más se beneficia del clima que ha dejado esta legislatura del muro.
Según otra encuesta, la de IMOP para El Confidencial, la ventaja de Vox es aún mayor. El PP sería la primera fuerza con 130 escaños, pero no es un buen dato si consideramos que supone una pérdida de siete diputados frente a los 137 del 23J. El gran vencedor de esta encuesta también es Vox, que pasa de 33 escaños a 70 y del 12,4% de los votos al 19%. Por su parte, Unión del Pueblo Navarro (UPN) mantiene su escaño.
Vox sería la fuerza más votada entre los jóvenes y también sube, esto es una novedad, entre las mujeres. La formación de extrema derecha aparece en las encuestas electorales como el partido que reúne más fidelidad de voto. El más movilizado. Capta votos tanto por la inmigración como por la vivienda y en zonas tradicionalmente obreras.
Si el objetivo de esta legislatura era construir un muro contra la extrema derecha, con Vox como el partido que más se dispara en las encuestas, no parece que haya funcionado mucho.
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Tiempo tendremos en La Brújula para hablar de mucho más que del 29N. Hablaremos de salud mental y de cómo siete de cada diez españoles sienten que el trabajo les perjudica la salud. Hablaremos del tráfico en este puente del Pilar que acaba de empezar. Y de la visita de los Reyes a Ceuta el martes. Y del Premio Nobel de la Paz, Navi Pillay, por su lucha contra la impunidad en Gaza y el apartheid en Sudáfrica, y de cómo ha enfadado a Donald Trump seguir sin ganarlo él.
Pero antes vamos a seguir hablando de la calle, que es eso que en campaña todos los partidos dicen representar. Porque la calle son las encuestas, pero también las manifestaciones.
La calle está llenándose desde hace 15 días de protestas contra los desahucios y por el derecho a la vivienda. La calle está harta de desahucios y de que cada vez más gente no pueda tener una casa. Dos de cada tres personas que buscan casa no la encuentran y solo un 18% de los españoles que lo desean pueden comprar una vivienda.
Dicen las encuestas que la mayoría de los españoles está a la vez de acuerdo en bajar impuestos a la primera vivienda e intervenir el mercado para moderar los precios. Son algunos de los datos de las encuestas que llevaron al Gobierno a adelantar las elecciones al 29N, creyendo que la movilización por la vivienda sería un contexto más favorable para sus intereses electorales.
Después de varios días en Madrid de homenaje a Maricarmen, la mujer de 87 años fallecida dos semanas después de ser desahuciada el pasado 23 de septiembre, hoy en Barcelona hay una convocatoria de homenaje a Maricarmen y también en recuerdo de Olga, una vecina de 54 años de L'Hospitalet de Llobregat que se quitó la vida el 7 de septiembre tras perder su vivienda.
Hace falta mucho más que unas elecciones para arreglar la crisis de vivienda. Pero sin las manifestaciones convocadas por la crisis de vivienda no estaríamos hablando de elecciones. Ambas realidades son parte de la calle.
Quedan 50 días de campaña, en los que se irán sucediendo encuestas, manifestaciones y acuerdos entre partidos que cada uno maneja como mejor le viene para darse la razón. Pero, al final, la calle que vale es la que salga de las urnas el 29N.

