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Opinión en la brújula

La carta de Ónega a la Princesa de Asturias: "Ha ganado el corazón de los españoles"

Buenas noches a una niña que se llama Leonor y creo que hoy ha ganado el corazón de los españoles. Le confieso, Princesa de Asturias, lo que esta mañana confesé en el programa “Más de uno”: este escribidor sintió un cosquilleo, cosquilleo de emoción, cuando vio que se acercaba el momento de su discurso en la entrega de premios que llevan su nombre. Le puedo decir que estaba tan nervioso como usted.

Fernando Ónega
 |  Madrid | 18/10/2019

Es que yo he tenido niñas de su edad. Y las he visto debutar en televisión y sentía lo que supongo que sienten todos los padres: el miedo a que se quedaran en blanco; el miedo a que no les salieran las palabras, que se les secara la boca, que salieran huyendo al ver que se encendía la cámara.

Cosas de padres, Alteza Real. Supongo que le ocurrió lo mismo a su abuelo don Juan Carlos hace ahora 38 años cuando habló por primera vez en público su hijo Felipe. Y ahí lo tiene 38 años después: al frente del Estado, hablando con toda solemnidad del mayor desafío que tiene España. ¿Sabe una cosa? Cuando su padre se estrenó en el Teatro Campoamor, la Monarquía vivía momentos gozosos.

Su abuelo había salvado la democracia española de un golpe de estado. Ahora, en una comunidad española que usted visitará pronto ponen la foto del rey boca abajo. Para estos cambios de la historia se tiene que preparar usted, Alteza Real. Y si lo de hoy fuese el examen de validez de una futura reina, podríamos decir aquello de “progresa adecuadamente”.

Muy adecuadamente. El presidente del principado de Asturias, señor Barbón, decía esta mañana en esta emisora que, si tuviésemos que fabricar una princesa, saldría como usted. Con su sonrisa, con sus ojos, con su manera de estar, con la simpatía que mostraba ayer al hacerse selfies con el público que acudió a verla, con esa ternura que conmovió a los sabios que saludó en la recepción de esta mañana.

Ahora, pasadas las horas, solo puedo decirle: bienvenida, Alteza Real, a los focos que le van a perseguir toda su vida. Bienvenida al protagonismo que la historia le tiene reservado. Y gracias por poner hoy una sonrisa dulce y hermosa en un momento tan delicado de su país.