11/12/2020
La carta de Ónega a John Lennon: "Fuiste nuestro mito, nuestro pequeño dios"

Fernando Ónega dedica su carta en La Brújula al cantante John Lennon. Se cumplen 40 años de su muerte.
Me tocas la parte sensible, no sé si de la memoria, del corazón, de la nostalgia o del rebelde que ya no soy. Te diré una cosa. En mi vida hay tres puntos de peregrinación: la casa de aldea, con sus recuerdos, sus espíritus que siguen allí y el olor a tabaco cuarterón de la chaqueta de aquel campesino que era mi padre; el Pórtico de la Gloria, donde puedo pasar horas en éxtasis asombrado de cómo se pudo trabajar aquella piedra; y un rincón del Central Park de Nueva York donde hay un memorial de John Lennon y desde donde se ve la casa, cruzando la calle, donde lo asesinaron.
Estar en Manhattan y no asomarse un minuto a aquel lugar para tantos sagrado es como estar en Granada y no contemplar la Alhambra; como estar a A Coruña y no visitar el monumento que allí te han levantado, John, quizá por la hermandad que nos une a los celtas de Escocia y a los celtas de Galicia. Siempre hay devotos en aquel rincón verde de Manhattan que hablan todos los idiomas del mundo. Siempre hay alguien que canta “Imagine” y alguien que le acompaña.
Y han pasado cuarenta años, John Winston Lennon. Si no fuese por aquel asesino, hoy tendrías 80 y serías un viejito que acumula razones para rezar por la raza humana, como decía Yoko Ono que hacías. Hoy serías un cascarrabias que seguirías burlando a los guardias para pegar en Wall Street carteles que seguirían diciendo: “La guerra se termina si tú lo quieres”. Ahora no hay féretros que lleguen de Vietnam con honores militares y luto en las familias, pero hay el luto del Covid y hay féretros, féretros de refugiados, de perseguidos, de migrantes quemados en su mísero refugio y de hambrientos de pan y sedientos de justicia.
¡Que grande has sido, John Lennon! ¡Y qué grande la radio, que hace un alto en el camino y se detiene en aquel músico “bocazas y lunático” –son palabras tuyas—que sedujo y marcó a una generación! Nos enseñaste a protestar. Nos dijiste que había una asignatura llamada pacifismo. Fuiste nuestro mito. Fuiste nuestro pequeño dios. Rico y millonario, en vez de aburguesarte, fuiste hasta el último día músico y activista, inconformista y gamberro, rebelde y burlón, irreverente y provocador. Y cuarenta años después, John Lennon, sigue habiendo quien cante “Imagine” en aquel memorial de Central Park.
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