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EL SEXTO HOMBRE

Triste pero cierto

Desde que el Barcelona se proclamó Campeón de la Copa del Rey, estoy pensando cómo y qué escribir en torno a la final.

David Camps | Madrid | 12/02/2013

Navarro lucha por la posesión ante el Valencia

Navarro lucha por la posesión ante el Valencia / EFE

El corazón me pide relatar y denunciar, si las letras hablaran serían a un volumen elevado, los tristes acontecimientos que el domingo se produjeron. La cabeza me dice que te cuente lo bien que jugó el Barcelona, la hermosa lección de estrategia que dio Xavi Pascual, el clinic de dirección de equipo de Marcelinho Huertas, el poderío físico de Pete Mickeal o la muestra de cómo aguantar el dolor y ser decisivo de Juan Carlos Navarro. Ahora mismo, como si de un dibujo animado se tratara, tengo al “angelito” en mi hombro derecho y al “demonio” sobre el izquierdo.

¡No hay de dar pábulo a los mal educados!”, me grita el “angelito”, “tienes que hablar de la gran Copa del Rey que has vivido”. En eso, lleva cierta parte de razón por cuanto el nivel de baloncesto visto en Vitoria ha sido extraordinario. Desde el primer partido de cuartos hasta la misma final que llevan a una conclusión clara: Barcelona y Real Madrid están un escalón o dos por encima del resto de competidores. Y si nos remontamos al jueves pasado, el Barcelona tiene un punto más de nivel competitivo que el equipo blanco cuando llegan los momentos cruciales de la temporada. Llámalo fe en la victoria o quizás que Xavi Pascual encuentra en la lucha por los títulos el momento adecuado para motivar a unos jugadores que han conquistado 10 títulos desde que Pascual le dirige con maestría.

“¡Déjate de historias ya sabidas y denuncia los actos más reprobables de la historia de la Copa!, me grita el “demonio”, “¡no se pueden permitir hechos como esos en el baloncesto!”. La sociedad española muestra, desde hace unos pocos años, una decadencia educacional preocupante. El baloncesto siempre se ha caracterizado por promover unos valores fundamentales en la vida como son el respeto, la educación y el reconocimiento de la valía del rival, fuese quien fuese.

El domingo se rompieron en pedazos. Primero con la pitada al himno nacional, un hecho que muestra la escasez de miras de quienes se dieron cita en el Buesa Arena y pitaron  (los hubo, en menor medida, que callaron y respetaron). Digo escasez de miras porque si hay algo sagrado y a lo que hay que respetar es al himno de una nación, sea cual sea ésta. He tenido la suerte de viajar mucho, por trabajo o placer, y la enseñanza extraída de los mismos es sencilla: he nacido en España como podía haberlo hecho en Etiopía o Jamaica. En todos los lugares donde he tenido la fortuna de estar, sin excepción alguna, me han tratado como si estuviera en casa. ¿Cuál es mi casa? El mundo. En ninguno de ellos, las personas han sido irrespetuosas con tu forma de ser, de entender la vida o con tu origen. He escuchado cientos de himnos nacionales y todos han sido respetados como si fuera el de los ciudadanos del país en cuestión. En 2010 en Bilbao y éste año en Vitoria he sentido vergüenza propia, y digo bien propia por cuanto adoro ambos lugares.

En segundo lugar, aspecto que me encoleriza, se silbó a unos chicos de 13 años que habían conquistado de forma brillante la Minicopa. El cómo la conquistaran es lo de menos. En el descanso del partido, el Ministro Wert (que no sé muy bien qué pintaba ahí, pero eso es otra historia) le hacía entrega del trofeo de Campeón. La pitada fue ensordecedora. Los hay que me han querido “engañar” diciendo que la pitada era para el señor Wert. Falacia por la que no estoy dispuesto a pasar. Los chicos se dirigieron a la grada y, aplaudidos por las aficiones de Gran Canaria y Valencia y quiero pensar que alguno más que por allí estaba, recibieron una pitada como no había oído nunca del resto de los allí presentes. Intolerable, lamentable y bochornoso.

¿Cómo les decimos a esos chicos que Vitoria es una ciudad extraordinaria? ¿Cómo les explican que en el deporte han de respetar y aplaudir al rival si lo hacen mejor que ellos? ¿Cómo es capaz el presidente de Baskonia de pedir que la Copa del Rey sea siempre en Vitoria? Con lo sucedido el otro día, pitar a unos chicos de 13 años que casualmente representan al Real Madrid, al himno y a todo al que por allí se moviera, la Copa del Rey no debería pisar nunca más suelo vitoriano.

Y el tercer hecho fue la pitada que recibió Juan Carlos Navarro, 6 veces campeón de la Copa del Rey y modelo a seguir por todos aquellos que amamos el baloncesto. Los presentes en el Buesa Arena deberían sentirse orgullosos de que uno de los mejores jugadores de nuestra historia, si no el mejor, hiciera lo indecible para estar en la cita copera. Si le sustituyen a dos minutos para el final, si se tiene educación, respeto y valores, hubiera recibido una sonora ovación. Pero se ve que el día no estaba para “milagros”.

Me entristece escribir estas líneas porque lo relatado en estas líneas empaña una edición de la Copa del Rey sensacional, como todas, un pabellón extraordinario, una ciudad maravillosa y un deporte hasta el domingo ejemplar. Quizás pido demasiado al decir que los dirigentes han de poner coto a tanto desquiciamiento. Suena utópico visto el devenir de nuestra Liga, de nuestro deporte y de nuestra sociedad. Pero si no lo hago, el “demonio” situado plácidamente sobre mi hombro izquierdo jamás se callará. Triste pero cierto