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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Veremos si alguien le pregunta al Rey por la resolución del Parlamento de Cataluña que le pone como un trapo"

¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Del 12 de octubre de 2018. Qué gusto poder levantarse más tarde, eh.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  12/10/2018

Mañana otoñal, sin tráfico, sin atascos, sin prisas, para hacer lo que usted prefiera. Si vive en Zaragoza y le atrae la ofrenda floral, pues ofrenda floral. Si está en Madrid y quiere ver el desfile, pues desfile. Si quiere quedarse en casa remoloneando toda la mañana, pues no se corte. En pijama hasta la hora del aperitivo, hoy no hay problema.

Salvo que sea usted el rey.

Que entonces, señor, no puede andar eligiendo. Le toca presidir el desfile a las once de la mañana y luego tiene que atender a la legión de invitados que invaden, cortésmente, el Palacio Real. Atenderles, saludarles, y cambiar unas palabras con ellos. Veremos si alguien le pregunta por la resolución del Parlamento de Cataluña que le pone como un trapo por su discurso de hace un año y reclama la abolición de la monarquía. Así, de gordo. No se vayan a pensar que pide una reforma de la Constitución que convierta a España en una República siempre que los españoles así lo deseen, no. Dice: hay que abolir la monarquía, punto.

Como Pablo Iglesias no va a la recepción de esta mañana en palacio no podrá preguntarle el rey por este asunto. Que es un asunto de Podemos porque es Podemos en el Parlamento catalán quién ha promovido el zurriagazo al rey y quien ha sumado sus votos a los de los partidos independentistas. Como mucho podrá preguntarle el rey al compadre de Pablo Iglesias, o sea, el presidente Sánchez. Que tuiteó anoche para anunciar medidas legales contra esta resolución.

Es decir (está España para descodificarla), que mientras en la Moncloa Pablo y Pedro se hacían ayer la foto de la gran boda roja, su casamiento, en Barcelona el grupo de Podemos se casaba con el bloque independentista para repudiar al rey. Y mientras Iglesias dedicaba la jornada a dar por hecho que habrá un futuro gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos, Sánchez anunciaba medidas contra los promotores del repudio al monarca, es decir, el grupo parlamentario de su socio Pablo Iglesias en Cataluña.

Por la mañana firmas el matrimonio, por la tarde lo que firmas es un recurso contra tu pareja.

Está cada vez más reñida la competición entre Sánchez e Iglesias por ver quién de los dos empatiza más con Esquerra Republicana.

Vamos a enviar desde aquí un cordial saludo al señor Borrell, que ya se habrá enterado de lo de la señora Calvo.

Ayer tuvo la vicepresidenta un subidón de empatía, se le fue la mano con la dosis, y se lanzó, como una revisionista más, a reescribir la historia. Usted quizá ya sabe que la versión de Junqueras y sus colegas sobre la marcha de empresas de Cataluña hace un año (Junqueras era el vicepresidente económico del gobierno que espantó a las compañías) dice que todo fue un complot de Rajoy con la colaboración necesaria del rey. Que presionaron a los ejecutivos para llevarse la sede social de sus empresas. Y que, para terminar de convencerles, el gobierno aprobó un decreto que favorecía a las empresas que se marcharan.

El cuentito hizo fortuna en las filas independentistas. Hasta el punto de que el escándalo, para ellas, no fue que las empresas se largaran sino el decreto aquel del gobierno. Un año después, el gobierno empático del presidente Sánchez ha elegido el decreto para hacer una de sus concesiones al discurso indepe. Y la vicepresidenta Calvo, entusiasmada en su papel de embajadora de la concordia, le dijo ayer a Basté en RAC1 que derogar el decreto es la manera de convencer a las empresas de que hay seguridad en Cataluña.

Como la vicepresidenta, fruto de su atracón empático, ha debido de perder la memoria vamos a recordarle cómo fue esta historia. Que sucedió hace sólo un año y siendo ella ya un peso pesado de la Ejecutiva de Pedro Sánchez.

• Primero, quien tomo la decisión de ese decreto no fue sólo el gobierno de Rajoy. Los decretos, como sabe la vicepresidenta porque su gobierno abusa mucho de ellos, los ha de convalidar luego el Congreso. Dado que su partido votó a favor del decreto, fue también él quien lo decidió. Bueno, no sólo lo decidió. El diputado socialista López Milla lo jaleó.

• Segundo, el decreto consistió en hacer posible que una compañía pudiera cambiar su sede social de forma rápida sin necesidad de convocar a la junta de accionistas aun en el caso de que sus estatutos así lo requieran. Es decir, que antes del decreto las empresas ya podían aprobar el cambio de sede con el acuerdo sólo de su consejo de administración, sólo que había un banco, La Caixa, cuyos estatutos impedían hacerlo de un día para otro. El gobierno, atendiendo a la sugerencia, decidió que incluso en esos casos la decisión del Consejo prevaleciera.

• Luego, tercero, aquel decreto no obligaba a nadie a irse de Cataluña. Sólo facilitaba el trámite para poder hacerlo con celeridad. Y, en efecto, muchas grandes compañías lo hicieron. Cambiaron su sede para proteger su negocio. Por eso José Borrell (un saludo al ministro) recriminó a los empresarios catalanes el ocho de octubre que hubieran tardado tanto en alzar la voz para advertir del destrozo que estaba causando el proceso independentista.

Sólo un año ha pasado. Y ya está la señora Calvo reescribiendo la historia.

Por cierto, la consecuencia de derogar este decreto (qué gran anuncio del gobierno empático) es la siguiente: aquella compañía que cambió su sede de manera rápida ahora ya no podrá cambiarla tan rápidamente. Es decir: aquella compañía que hace un año pudo salir de Cataluña sin celebrar junta de accionistas, ahora no podrá regresar a Cataluña sin celebrarla. Qué fabulosa manera de facilitar el regreso de las empresas que lo deseen, ¿verdad?, complicándoselo.

Que dice la ministra de cuentas públicas, y con razón, que esto que firmaron ayer Sánchez e Iglesias no es el proyecto de Presupuestos. Es el texto que ahora habrá que negociar con los demás partidos políticos, a saber, el PNV y los independentistas catalanes.

Sánchez le cedió ayer a Iglesias el protagonismo mediático para que fuera él quien rentabilizara la firma a sabiendas de que, en realidad, es Sánchez a quien la operación más beneficia. No sólo porque Podemos ha rebajado mucho sus exigencias, sino porque ha actuado como avalista del PSOE, del izquierdismo del PSOE, que es lo que Sánchez más celebra porque le permite aparecer como la opción más útil para el votante de la izquierda.

Podemos rentabiliza su papel de fiador de Sánchez (premio de consolación) a cambio de colgarse la medalla del aumento del gasto público. Pero quien tiene el poder es Sánchez y desde ayer tiene un poco menos de oposición en su izquierda. Ha domesticado al tigre morado que una vez fue antisistema y revolucionario y que ahora es sólo socialdemócraya. Sólo un poco más aficionado a subir impuestos que el propio PSOE.

Del asalto de los cielos y la ruptura con el régimen del 78 a exhibir orgullosos un aumento, bastante convencional, del gasto público. Al gobierno por la socialdemocracia.

Y sin exigir ni la autodeterminación de los pueblos ni nada que pueda incomodar al presidente.

Por cierto, si el acuerdo es entre el PSOE y Podemos, a cuento de qué se plasma en un documento oficial del gobierno. Esto de que el gobierno, como tal gobierno, alcance un pacto y firme el casamiento con un partido político es una cosa bastante insólita. La foto se la debería haber hecho Sánchez con su compadre o en Ferraz o en el Congreso, y sin membrete. El día que nombre a Pablo co presidente ya podrá éste hacerse las fotos que desee en la Moncloa.

Empieza a cundir la impresión de que este gobierno le ha perdido el respeto a las formas.

• El presidente le dice al Senado sobre qué debe debatir y sobre qué no.

• La ministra Delgado usa el twitter de su ministerio para repicar sus fases mitineras y cargar contra la oposición.

• Los ministros rehuyen las ruedas de prensa. Como el presidente.

• Hay trato de favor a unos medios de comunicación en detrimento de otros.

• Y ahora también se pretende decidir, desde el gobierno, qué se puede preguntar y qué no se puede preguntar a una ministra.

Ocurrió ayer con la ministra de Industria, Maroto.

Cuando una periodista intentó preguntarle por el tema del día, los presupuestos, el cancerbero que la acompañaba dijo que sobre eso no se pregunta y se acabó el canutazo.

No, presupuestos no. Hasta luego.

Éstas son las formas.

Las formas de un gobierno que está haciendo bueno, en esto, a todos los anteriores. Y mira que los anteriores tienen poco de qué presumir.