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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Salvo que Sánchez tenga un pacto ya con ERC, las terceras elecciones son una incógnita"

Hoy la radio desde el Congreso.

Carlos Alsina
  Madrid | 03/12/2019

Hace seis meses y medio recuerdo que a esta hora les hablaba desde la puerta que da a la calle Zorrila, que es por donde acceden los vehículos al garaje y es por donde tenía que llegar el furgón. ¿Se acuerda usted del furgón? Traía desde la cárcel a los reclusos preventivos que habían sido elegidos diputados.

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Qué mañana la de aquel día.

No era la primera vez que en esta casa ocupaban sus escaños presuntos delincuentes (aquí, entiéndalo, ha habido de todo) pero sí era la primera vez que venían a sentarse en el Hemiciclo, y a votar, presos preventivos. Que cuatro meses después fueron declarados delincuentes todos ellos: Junqueras, Rull, Turull y Jordi Sánchez. Fue aquella mañana cuando Junqueras buscó el mano a mano con Pedro Sánchez, se acercó a saludar y le dijo: ‘Tenemos que hablar’. Sánchez asintió. Y ahí siguen, hablando de cómo sacar adelante lo suyo. Lo de Sánchez, que es ser investido de una vez. Y lo de Junqueras, que es avanzar hacia la autodeterminación en la confianza de que eso termine por resquebrajar la unidad territorial de España.

Seis meses después, y en este remake perpetuo en el que se ha instalado la política patria (el país a medio hacer), ya no tenemos diputados reclusos pero sí tendremos la verbena de las promesas con minimítin incorporado. La norma dice que el diputado ha de prometer que cumplirá la Constitución, el acatamiento, pero en la práctica hay diputados que lo que prometen es que seguirán haciendo cuanto puedan para enterrarla. Lo harán los Rufián, los Borrás, los de la CUP y los de Bildu. Y como ya estableció la presidenta Batet en mayo que con tal de que terminen diciendo que acatan todo lo que digan antes da lo mismo…pues volveremos a tener jarana.

Los de la CUP son nuevos en esta plaza. Vienen, según dijeron ellos mismos, a sabotear la institución desde dentro. A hacer esto ingobernable. El día que estuvieron aquí recogiendo sus actas le contaron a su parroquia que habían conseguido colarse ¡en el hemiciclo! Qué proeza para un diputado, eh, entrar en el Hemiciclo.

Que se vaya haciendo a la idea la señora Batet de que ahora que Rufián quiere ser Maciá los de la CUP tomarán el relevo del numerito diario.

¿Qué sabemos que va a suceder aquí esta mañana?

Pues, seguro, que al mediodía Meritxel Batet habrá sido elegida presidenta del Congreso (de nuevo). Le ganará la segunda vuelta a Ana Pastor y tendrá, probablemente, los votos del PSOE, Podemos, el PNV y Errejón. Mañana irá a la Zarzuela a comunicarle al rey que las cortes han quedado constituidas.

¿Qué más sabemos que va a pasar hoy?

Pues que, si nada cambia de aquí a que voten, Vox se quedará sin sillón en la mesa del Congreso. Para obtenerlo necesita que el PP le preste votos, y el PP ha puesto como condición que salga también elegido uno de Ciudadanos.

Ya les conté a las siete cómo es esta votación: cada uno de los 350 diputados apunta un nombre en un papel. Se hace la cuenta y los cuatro que más votos tengan se convierten en vicepresidentes. Dirá usted: entonces salen los cuatro grupos mayoritarios. Ah, no, porque el PSOE puede decirle a setenta diputados suyos que voten a uno de Podemos y el que gana es ése. O puede decirle a cinco que voten al de Ciudadanos y con los que le preste el PP, sale el de Ciudadanos y se queda fuera el de Vox.

Ésta, de hecho, es la única incógnita que queda por despejar en una mañana en la que se convertirá en presidenta del Senado –-la otra cámara— Pilar Llop.

¿Y de la investidura, qué? ¿Cómo está eso?

Pues mire, Pedro Sánchez, restablecido ayer de la mudez que sufría desde la noche en que descarriló su plan (la noche de las elecciones) proclamó con toda la contundencia de que es capaz un presidente que muda de criterio más que de cal-cetines que nuevas elecciones no va a haber.

No las va a haber. Pues hombre, salvo que él tenga hecho ya un pacto que no nos ha contado, asegurar que no habrá elecciones es tirarse a una piscina sin agua. Vete tú a saber. Quien tiene que sacarle del apuro es Oriol Junqueras, salvo que el presidente se anime a romper el preacuerdo que tiene con Podemos para abrirse a un pacto con Ciudadanos y el PP. La propuesta que ayer lanzó Inés Arrimadas en vista de que con ella tampoco se reúne nadie del PSOE.

Esta propuesta de acuerdo a tres tiene un problema: que de los tres, dos dicen que con ellos no cuenten. Esos dos son Sánchez, que no ha abierto negociación alguna con el PP, y Casado, que descarta echarle un flotador a Sánchez porque entiende que entonces el que se hunde es él. La propuesta Espe para investir a Sánchez y que no necesita socios no ha tenido mucho recorrido.

En efecto, la propuesta Aguirre sólo la secunda Aguirre. En el PP, digo. En el PSOE seguramente la secundaría medio partido. El viernes escuchamos aquí la opinión de José Borrell sobre esto de considerar a Esquerra alma gemela del PSOE.

Ayer le preguntaron esto mismo a José Bono en La Brújula de Castilla La Mancha. Que si Esquerra es progresista.

Pues en los carlistones antiguos es en quienes confían Sánchez y su compadre Iglesias para alumbrar el famoso gobierno progresista. Mientras los dirigentes del PSOE (los de ahora y los de antes) se agarran a la aritmética parlamentaria para sostener que a Sánchez -–qué le va a hacer él-- no le queda otro remedio que hacerle guiños a Junqueras. Hacerle guiños hasta quedarse ciego.

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