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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Responder a un pecado grave con un pecado mortal"

Carlos Alsina reflexiona en Más de uno sobre la reforma del Poder Judicial y sobre la maniobra gubernamental del Gobierno para conseguir renovar el Consejo General del Poder Judicial.

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Carlos Alsina
   | 14/10/2020

Cómo responder a un pecado grave con un pecado mortal. Ésta es la historia de cómo una maniobra táctica puede acabar siendo una machada. Del gobierno del diálogo que prometió alcanzar grandes consensos.

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La hipótesis más favorable al presidente y su vicepresidente, es decir, Pedro Sánchez e Iván Redondo, es que quieran hacer creer al PP que de verdad van a cambiar las reglas del juego sobre el Consejo del Poder Judicial para obligar a Casado a volver a la mesa de negociación: o te sientas y escoges ocho vocales de los veinte que hay, o te cambio la norma y te quedas a dos velas. Tú eliges, Pablo.

El pecado grave del Partido Popular es que se niega a renovar el Consejo General del Poder Judicial a sabiendas de que es obligación del Parlamento hacerlo (tenga éste la composición que tenga) y de que siempre aceptaron los populares que el reparto de cromos se hiciera conforme al peso parlamentario de cada uno. Es decir, que el argumentario de Casado para negarse ahora al pacto, después de haber estado negociándolo en agosto (y después de aquel pacto que estaba hecho hace dos años) es eso, un argumentario interesado y flojo. El pecado mortal de Sánchez es responder a eso pegando una patada al tablero y cambiando las reglas de juego para que se acaba haciendo lo que él quiere.

Y he aquí la hipótesis menos favorable al presidente y su vicepresidente, es decir, Sánchez y Redondo: que de verdad pretendan consumar el asalto. Cuando el presidente no es capaz de armar una mayoría suficiente, cambia las reglas de juego para que sea suficiente con la que él tiene.

A estas horas de la mañana andará usted apurando todavía el café, o recién subido al coche, y no está para grandes disquisiciones sobre cómo se forma esto que llamamos el gobierno de los jueces. Cómo se forma y por qué se habla siempre del reparto de sillones. Como no quiero aburrirle, se lo resumo como si fuera uno de esos vídeos cortos que hacen en internet. Las cinco cosas que hay que saber.

· ¿Cuántas personas forman el Consejo del Poder Judicial? Veinte. Se llaman vocales.

· ¿Quién los elige? El Congreso y el Senado. Diez el Congreso, diez el Senado.

· ¿Cuántos diputados tienen que votar a favor para que los vocales sean elegidos? Doscientos diez. Es decir, tres quintos de la cámara. En el Senado, 159. Por eso lo han pactado siempre los dos grupos principales, el PSOE y el PP: sólo sumados alcanzaban los tres quintos.

· ¿Eso sigue siendo así? Sí, sigue siendo así. PSOE y PP suman los 210 diputados. El PSOE con Podemos y los independentistas se queda en 180. Si el PP no entra al acuerdo, los vocales no salen.

· ¿Qué se le ha ocurrido al gobierno? Convertir en ley una interpretación sui generis de la norma constitucional para que ocho de los veinte vocales necesiten el apoyo de tres quintos de las Cortes pero los otros doce baste que tengan mayoría. O sea, que unos requieran 210 diputados y los otros, 176. Dices: ¿acaso no van a tener todos el mismo trabajo? Sí, todos los vocales son iguales. ¿Y entonces cómo se explica que unos necesiten más apoyos que otros? Ah, porque es la rendija que ha encontrado el gobierno para pegarle una patada al tablero y cambiar el juego. Como la Constitución sólo explicita que los tres quintos son para los ocho juristas elegidos por el Congreso y el Senado, se cambia la regla de los otros doce.

La maniobra gubernamental tiene dos agravantes y un precedente.

· Primer agravante: la simulación. El proyecto de asalto ha sido escrito en el palacio de la Moncloa, no en el Congreso. La señora Lastra y el señor Echenique, que ayer fingieron ser los autores de esta maniobra, no han escrito no ya una frase; ni una coma. El conocimiento jurídico de los dos portavoces, más tuiteros que otra cosa, está sobradamente acreditado, por su ausencia.

· Segundo agravante: la coyuntura. Es un plan diseñado para salir del paso y salvar este obstáculo de ahora, el porvenir ni se plantea. Han hecho el cálculo de cuántos votos puede aglutinar la coalición gubernamental y han escrito una ley que se ajuste como un guante. Por eso la señora Lastra se sacó ayer de la manda el novedoso concepto jurídico ‘mayoría viable’.

Mayoría viable significa que ésta ahora mismo sí que la tendríamos. Legislemos entonces. Vamos: si Esquerra, o Bildu, o los socios habituales, tan preocupados siempre por el bienestar de España, se negaran a votar la lista de vocales que presente el gobierno, ¿qué harán, reformar otra vez la ley para bajar todavía más el umbral? ¿Una minoría viable tal vez? ¿De verdad cree Sánchez que también en esto le conviene estar en manos, al albur, de lo que exijan en cada momento los partidos que anteayer se ausentaron del Palacio Real porque no se sienten concernidos por lo que le pase a España?

· Dos agravantes y un precedente, les decía. Miren, con Sánchez y sus vaivenes es fácil olvidar la mitad de las cosas que prometió y no hizo o que intentó y no le salieron. Como es inmune a la hemeroteca sirve de poco reproducir esta enternecedora afirmación que hizo en una entrevista de 2014 con Jordi Évole.

No estaba de acuerdo con que fueran los partidos porque lo que quiere es que sea el gobierno, punto. Digo: la hemeroteca en Sánchez es siempre una mina. Pero el precedente al que aludo es otro. Pequeño ejercicio de memoria democrática: ¿se acuerdan de cuando andaba el presidente frustrado porque no lograba mayoría suficiente para ser investido en el Congreso? ¿Qué fue lo que dijo que estaba necesitando España? Exacto: un cambio en las reglas de juego que rebajara la mayoría necesaria para ser presidente.

A falta de mayoría suficiente, cambiemos la ley para que con la que yo tengo, baste. No es un episodio aislado. Es un principio del gobierno que hoy tenemos. Todas las maniobras van encaminadas a rebajar el grado de acuerdo necesario para hacer reformas. Un país con cada vez menor grado de consenso sobre las reglas de juego. Éste va a ser el legado.

En días como éste es un ejercicio interesante imaginar qué se estaría diciendo (o qué no habrían dicho los Echeniques y las Lastras) si el gobierno de Rajoy, con su rodillo de 2011, hubiera hecho esto mismo. Lo que ocurre en que en este caso no hace falta imaginar nada porque algo parecido es lo que ocurrió. Rajoy no cambió lo de los tres quintos pero si deslindó la elección de los diez vocales del Congreso de los diez vocales del Senado. Es decir, que antes eran un pack y se convirtieron en dos. ¿Por qué? Porque el PP tenía tres quintos en el Senado, mayoría absolutísima. Maniobra de control. No hace falta imaginar qué habría dicho el PSOE porque sabemos lo que dijo: que era un escándalo.

Hay tres jueces en el Consejo de Ministros: Robles, Marlaska y Juan Carlos Campo. Los tres han pertenecido al Consejo General del Poder Judicial. Se supone que los tres hacen suya la salmodia que ayer soltaron Lastra y Echenique. Se supone. Al ministro de Justicia, por cierto, le recuerdo la oferta que aquí hizo…y le digo que aquí estamos, deseando que cumpla con la oferta y se venga una mañana a comentar el texto. Y si contribuye al fortalecimiento de las instituciones, al consenso y a la convivencia.

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