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opinión

Monólogo de Alsina: "El Gobierno y el PP nunca van romper sus puentes porque tienen que hacer el reparto de sillas del CGPJ"

Y de los pájaros no ha vuelto a saberse nada. Los pájaros que han aparecido muertos, por decenas, en una carretera de Tarragona y que tienen a los investigadores analizando qué ha podido pasar ahí. Si es que se estrelló contra un camión una bandada de estorninos o es que venían ya averiados de casa.

Carlos Alsina
  Madrid | 18/02/2020

Si juntas el vídeo grabado por un paisano en el que salen decenas de pájaros muertos, el hecho de que esté en la misma ciudad donde explotó una planta química y la ausencia de una explicación, todavía, para lo que ha pasado, ¿qué te sale? Pues lo de siempre, el miedo. El miedo a que sea el efecto, muchos días después, de alguna de las emisiones que liberó el accidente. Y va a dar igual que las autoridades digan que no hay nada en el aire que provoque la muerte de los pájaros porque el miedo, como se ha visto con el coronavirus, tiene sus propias reglas de crecimento y de expansión.

Entre el virus de Wuham, suspendido el Mobile de Barcelona, los misteriosos pájaros difuntos y el episodio del vertedero de Zaldívar, con el humo aún brotando de entre los residuos y la sospecha de que ahí se dejaba el amianto en cualquier sitio, llevamos un par de semanas de sobresalto y sobresalto. Nada inquieta más que aquello que no se conoce y cuyas consecuencias no terminan de concretarse.

Menos misterio tiene todo el resto de cosas que están pasando.

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No hay misterio alguno en la proliferación de ofertas laborales y ocupaciones diversas para los condenados por sedición y malversación, los del procés. Era un clamor que en cuanto cumplieran los requisitos mínimos, se les aplicaría el famoso artículo 100.2 del reglamento penitenciario para sacarlos de prisión durante el día. ¿Qué necesitan para salir, un empleo, una labor en una ong, un familiar al que atender? Pues sea. A Jordi Sánchez lo tenemos ya de cooperante, Carme Forcadell tiene una madre a la que bien está que pueda echar un cable y a Joaquim Forn, que andaba necesitado de un empleo, le ha hecho una oferta que no ha podido rechazar Jaume Roures. Contratado como jurista, que es una forma de no disimular que el empleo es de cartón y sólo para justificar que abandone, durante el día, las rejas. No están en libertad (porque la libertad o es plena o no es libertad) pero sí han visto todos ellos aliviada su espera. Su espera hasta que el gobierno del PSOE y Podemos le meta mano al Código Penal para cambiar la pena por sedición, hacer un batiburrillo con la malversación, y conseguir que, en la práctica, se les rebaje a todos la condena. ¿Han puesto el grito en el cielo aquellos portavoces de la izquierda que se escandalizaron de que Urdangarín saliera de la cárcel de Brieva para colaborar en una ONG. Pues no, no lo han hecho. Lo del cuñado del rey les parecía un atropello y lo de Forn y Cuixart la comprensible aplicación del reglamento.

Sánchez y Casado estuvieron una hora y media de charla en la Moncloa y nos han hecho creer a todos que se dijeron a la cara lo poco que se gustan y hasta luego, Lucas. Se recomienda en estos casos un sano escepticismo sobre las versiones oficiales de los unos y los otros. No sólo porque en hora y media da tiempo a contarse muchas cosas; también porque lo primero que se pacta en un encuentro de estos es qué va a contar cada uno a la salida. Cómo se escenifica la discrepancia y con qué grado de acritud. Yo digo que no quieres saber nada de mis pactos de Estado, tú dices que soy la viva imagen del bloqueo, nos arreamos un par de sartenazos y esto del Consejo General del Poder Judicial lo vamos viendo. Hay elecciones en abril, nadie espera que nos pongamos de acuerdo en nada.

Un digital decía anoche: Sánchez y Casado rompen los últimos puentes. Pues hombre, romper lo que se dice romper, no han roto nada. Bueno, una vez dijo Sánchez, poniéndose estupendo en el Congreso, que rompía relaciones con Casado porque éste le había acusado de dejar hacer a los golpistas catalanes. Ya contamos aquí lo mismo que hay que contar ahora: que el gobierno y el PP nunca van romper sus puentes. Ni quieren ni pueden hacerlo. Entre el PSOE y el PP terminarán poniéndose de acuerdo para el tradicional reparto de sillas del Consejo General del Poder Judicial porque los dos saben que no pueden tener cuatro años sin renovar un Consejo, porque los dos llevan ya días tanteándose y porque Sánchez sabe que sin el PP esto no le sale. ¿El qué? Pues esto que su gobierno se ha planteado como una prioridad: que la derecha deje de ser mayoritaria en los puestos más altos del poder judicial. Esta idea que antes era más de Podemos que del PSOE y que ahora el PSOE ha abrazado con vehemencia: la caverna judicial que obstaculiza los planes modernizadores.

El presidente del gobierno tiene una calculadora en la cabeza. Le sirve para tener siempre presente qué proyectos puede sacar adelante en el Congreso y apoyándose en quién. ¿La investidura? Con 167 síes le vale. Pues a por ellos. ¿El nuevo Código Penal? Mayoría absoluta. Pues con Esquerra y Junts per Cataluña, que después de todo se hace para bajar la pena de los suyos. ¿La renovación del Podet Judicial? Ah, ahí necesita 210. Qué mala suerte que eso sin el PP no cuaja. Pues a cortejar al PP. Pero claro, Sánchez tiene una extraña forma de cortejar al socio necesario cuando éste es de derechas. Consiste en sentar en el sillón a Casado y decirle: acepta ahora mismo el cambio de cromos o salgo ahí fuera y te llamo negacionista, obstruccionista y cualquier otra palabra fea que termine en ‘ista’. Y como va Casado y se resiste, pues sale la portavoz Montero y se lo llama.

Muy conciliador y constructivo no parecía el tono. En eso, en las apariencias, le ganó por la mano Casado, que siendo el que se resiste a pactar la renovación sonó más dialogante que la señora Montero.

Aún estamos en la fase de pelear la impresión que lo de ayer cause en la opinión pública: quién tendió la mano más a quién, quién rechazó con más desdén la mano tendida del otro. La negociación, en realidad, está empezando.

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