EN LA BRÚJULA

El monólogo de las ocho: "Sánchez considera que cualquier fiscalización de su gobierno es una operación golpista"

El monólogo de Rafa Latorre en el que reflexiona sobre la estrategia de Sánchez para blindarse de la crítica.

Rafa Latorre

Madrid | 17.05.2024 20:20

Es tal la insistencia del PP en que Pedro Sánchez va a regalarle la Generalitat a Carles Puigdemont que ya parece que no hacerlo es una decisión de él. Si es que no habría forma más rápida y letal de suicidio que romper con el PSC, desautorizar a Illa, pulverizar su argumentario sobre Cataluña y contrarias el mandato de los ciudadanos.

Es verdad que la palabra de Sánchez no vale demasiado ya, pero en este caso no le queda otra opción que cumplir lo que le ha dicho a Ferrerras en Al Rojo Vivo. El titular de la entrevista es que está completamente descartado el apoyo del PSC a la investidura de Puigdemont. ¿Podría Sánchez incumplir su promesa? Probado está que sí, no tendría ningún reparo en traicionarse y traicionar al electorado. Pero es que no todo depende de Pedro Sánchez en esta vida.

La otra noticia de la entrevista es otro no. Una dilación, una demora. ¿Recuerdan que hace semanas decía que era inminente la aprobación del Estado Palestino? Pues ni siquiera tiene fecha, porque dice que está tratando de concitar el apoyo de otros países para que España no lo asumiera en solitario.

En una tertulia de hace unos días, creo que fue Ketty Garat quien explicó la diferencia que los militares establecían entre el abanderado y el loco de la bandera. El abandera va liderando 10 metros por delante de la tropa. El loco de la bandera va corriendo 80 metros por delante de la tropa. Esto es algo de lo que viene previniendo la oposición desde hace tiempo hace Sánchez. Que la propaganda no le ciegue, no juegue con los intereses de España como el loco de la bandera y no vaya en solitario hacia el melancólico reconocimiento de un Estado Palestino que hoy mismo es inviable. Finalmente ha hecho caso a la oposición, o al menos ha cedido a un rapto de prudencia. Veremos cuando se produce la acción diplomática que se nos decía inminente hace semanas y que, por otro lado, es puramente simbólica.

Estos son los titulares pero creo que hay algo más interesante y más revelador que estas dos declaraciones que acaban de escuchar y es la férrea voluntad frentista con la que Sánchez afronta ya cualquier conversación política. Es que hubo un momento incluso cómico en su frentismo. Ha ocurrido cuando se ha preguntado quién podría votar al PP. Y, claro, el entrevistador le ha recordado que es el partido más votado de España. Y de verdad que parecía un estupor sincero, es que ha llegado a interiorizar hasta tal punto la lógica del muro que cree que todo lo que hay más allá del muro son salvajes por civilizar.

Él considera que cualquier fiscalización de su gobierno es una operación golpista.Si no fuera una estrategia perfectamente meditada para blindarse de la crítica se diría que está perseguido por la paranoia, porque todo es una conspiración de los poderes oscuros para derribarle. Incluso cuando las investigaciones afectan al Fiscal General del Estado.

Esta deriva ha tomado unos derroteros absolutamente peligrosos e inmorales cuando decide trazar paralelismos con el intento de asesinato de Robert Fico.

En realidad esta es una forma obscena de deslegitimar a la oposición. Tan sencillo como esto. Y de blindarse a él y a su mujer contra las investigaciones ya sean de los medios o de los jueces. O sea, que las investigaciones sobre su mujer son violencia política y, sin embargo, Ayuso tiene un problema porque acusan a su novio de haber cometido un fraude fiscal. Y contra él se puede filtrar datos confidenciales y poner a toda la maquinaria del Estado para laminarlo.

Lo dice con tanto aplomo que uno llega a preguntarse si de verdad se cree que a él le trata peor la derecha que a Ayuso la izquierda. A Ayuso le han montado una campaña en la que pretende cargarle con la muerte de miles de personas. ¿No es esa una invitación a la violencia mayor que pedirle a él que explique cuáles son los negocios de su esposa? ¿Si mañana un perturbado intenta algo contra Ayuso qué dirá Sánchez? ¿Que es por la persecución mediático-judicial-estatal, que engendra esta violencia?

Son discursos aberrantes, pero coherentes con la voluntad frentista que demostró desde el primer minuto de la legislatura. En la que ni siquiera ha felicitado al candidato más votado en las elecciones y ni se ha dignado a responderle en el Parlamento. Y ahora se permite comparaciones aberrantes con Robert Fico. Esta sí que es una forma de envenenar la convivencia.

Hoy precisamente su esposa Begoña Gómez ha elegido a quien le defenderá en la causa abierta por el Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid por los presuntos delitos de tráfico de influencias y corrupción en el sector privado. Será el exministro de Interior Antonio Camacho. Un hombre que ha trabajado largo tiempo para la seguridad del Estado con gobiernos socialistas. Begoña Gómez no está imputada, el juez todavía está con las diligencias previas del caso y hoy ha citado al director de El Confidencial Nacho Cardero para que declare como testigo. Es el responsable editorial del medio que ha publicado las dos cartas de apoyo firmadas por Begoña Gómez y enviadas al ministerio de economía en apoyo de la empresa de su patrocinador Carlos Barrabés.

Para no tener que molestarse en desmentirlo, lo que hace es desacreditar a los medios que lo publican, diciendo que son cavernas digitales.

Hay otra entrevista que hoy ha marcado la agenda informativa.

Lo que le ha dicho el ministro de Economía Carlos Cuerpo a Carlos Alsina es que él no va a esperar a lo que digan los reguladores. El Gobierno se opone a la operación… ahora bien hay una puerta abierta que reconoce el Gobierno. Porque Cuerpo admite que BBVA podrá hacerse con la propiedad del Sabadell pero no fusionarse con él.

De esto hablaremos en la Brújula de la economía. Pero el resumen sería que Cuerpo acepta el escenario en el que el banco ejecute con éxito la OPA, pero sin absorber íntegramente la entidad de origen catalán.