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Felipe Reyes demuestra que el Real Madrid sí tiene pivots

La rebelión de Espartaco

He querido dejar pasar los días y ver la final de la ACB con la perspectiva necesaria. Una perspectiva que me lleva al mismo lugar en el que estaba nada más acabar la final. Frente a Felipe Reyes, a punto de rendirme a sus pies si no hubiera sido porque estaba en directo en Al Primer Toque. Su galardón como mejor jugador de la final confirma dos cosas: la primera que según pasan los años es mejor jugador; la segunda, que "Espartaco" no fue el único gladiador de una gran final.

El Sexto Hombre | Madrid | Actualizado el 19/07/2018 a las 06:28 horas

Espartaco fue un gladiador romano que encabezó la rebelión contra la República Romana allá por el año 73 a.C. A Felipe Reyes hace años que se le conoce por ese apodo. Y ha sido Reyes el encargado de liderar la rebelión blanca contra el dominio del Barcelona en el último lustro. No es que el triunfo del Real Madrid en el quinto partido suponga la caída del Imperio culé, pero sí que aventura un cambio de aires en el baloncesto español. Esa variación en el soplo del viento tendrá que ser confirmado el año que viene si bien hay aspectos que pueden apuntar a ello. Y un detalle sobre el resto: el Real Madrid supo vencer aún sin mostrar su espectacular juego en la final. Mérito del Barcelona, mérito del Madrid de Laso.

Si una cuestión parece clara es que este título liguero blanco confirma un ideario o un proyecto definido en el Real Madrid con la llegada de Pablo Laso pero que estaba en el alero antes de la final. Injustamente, sí, pero la paciencia no es la virtud que ha caracterizado al equipo blanco en la última década. El brillante título de Copa del Rey en Barcelona el año pasado estuvo ensombrecido por la pérdida de la Liga ante su eterno rival y el cataclismo europeo en Bilbao. Roma no se construyó en un día.

Axioma conocido por Pablo Laso, por sus jugadores y, desde el término del quinto partido, por sus mandamasés. O mejor dicho, por el mandamás. Todo ha de tener su proceso y más el de la construcción de un equipo campeón. Es un proceso lento, con múltiples piedras en el camino y batallas perdidas. Y del minucioso estudio de las derrotas se empiezan a construir las victorias. Sólo así se puede entender que la zona del Barcelona no sea tan dañina, o que el juego interior del Barcelona quede minimizado o que la defensa del Real Madrid asome la cabeza por encima de los "alley oops".

El Real Madrid ha aprendido a ganar sufriendo, a sufrir para ganar. Sufrimiento de Rudy Fernández en el triple solventado con aquello que gustamos en llamar los "intangibles", padecimiento de Carroll con Oleson hasta el día de la verdad, angustia de Begic con Tomic como compañero pero no como rival y, sobre todo ello, el estoicismo del capitán del Real Madrid. Si figura se agranda con el paso de los años. Una figura intocable para muchos, entre los que me imcluyo, que ha tenido también sus momentos de tortura.

Felipe Reyes es un hombre tenaz, tozudo hasta la extenuación. Desde pequeño se quiso dedicar a este precioso deporte llamado baloncesto, con su hermano Alfonso como espejo en el que mirar y encontrando en su padre a su apoyo incondicional. Todos los días sale el sol, Felipón. Año tras año, ha ido creciendo. O como gustan decir algunos, madurando. Sin perder ni un instante esa ambición juvenil que le permite minimizar sus defectos engrandeciendo sus virtudes. ¿Cómo, si no, se entiende que sea Felipe quien capture el rebote ante hombres que le sacan 15 centímetros? Ambición, espíritu de superación, trabajo incansable para cerrar aquellas bocas de quienes, año tras año, esperan su caída sin que ésta llegue. Antes cae el Imperio Romano que "Espartaco". Al menos, esa es su intención.