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Copa del rey de baloncesto

Cuestión de espíritu

La Copa del Rey pasa volando. Ya es sábado y en un abrir y cerrar de ojos te estaré escribiendo de vuelta a Madrid relatando quién ha sido el campeón y por qué. Las miradas de los aficionados, de los periodistas están centradas en el Pabellón Fernando Buesa Arena. Baskonia, Barcelona, Valencia Basquet y Gran Canaria así lo merecen. Pero siempre, edición tras edición, hay un torneo que muestra, realmente, cuán importante es la Copa. Te hablo de la Minicopa, en la que se citan los equipos infantiles de los ocho participantes en el torneo del KO. Real Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Asefa Estudiantes son los mejores. Real Madrid y Barcelona pondrán el broche en la final, canarios y madrileños lucharán por el tercer y cuarto puesto.

ondacero.es | Madrid | Actualizado el 19/07/2018 a las 08:21 horas

Quién gane es secundario, cómo lo hagan es lo primordial. Hay muchos chicos con talento, no te daré nombres porque no creo que sea ésa la cuestión fundamental. Alguno de ellos igual lee estas líneas y podría resultar perjudicial, bien porque le nombre o bien porque no resalte su valía. Todos merecen su lugar por ilusión, esfuerzo, dedicación y ganas. Precisamente todas estas palabras estuvieron ausentes en el cuarto de final disputado por Asefa Estudiantes. Sin su estrella, Carl English, por enfermedad, nunca creyeron que pudieran ganar. Pero una cosa es creer que puedes y otra es ni tan siquiera intentarlo.

La Minicopa se disputa en la ciudad deportiva de Baskonia, a escasos cien metros del Buesa Arena. No hay 15.000 espectadores en las gradas pero sí cientos de personas atentas a lo que sucede. Hablamos de chicos de 13 años, acostumbrados al anonimato diario, al madrugón para ir al colegio, a la espera a la puerta del colegio con los nervios de quien no sabe si llegara a tiempo al entrenamiento, a quien regresa a casa a las 9 de la noche tan cansado como satisfecho por cómo ha transcurrido el día y a quien le espera aún un tiempo que dedicar al estudio. Y así, día tras día. Superados siempre por esa esperanza de conquistar un sueño: ser jugador de baloncesto.

Mañana por la mañana termina su aventura en Vitoria. Espero que todos los entrenadores, que todos los directivos de los clubes, les aplaudan al finalizar independientemente de si han ganado todos o ningún partido. Han derrochado alegría, esfuerzo, esmero, nervios, miedos y todo sentimiento que puedas imaginar. Lo he vivido muy de cerca pues me congratula decir que ayudo a uno de esos equipos. ¿Cuál? No seré yo quien desvele el “secreto” pero sí te cuento una frase que me ha dejado marcado para todo el día.

El equipo ha perdido tras un gran partido, mucho esfuerzo decidido por tres detalles que han decantado la balanza hacia el lado del rival. Y el partido ha terminado con una canasta desde el centro del campo. Espectacular. Me he acercado a felicitar a los chicos por el partido y uno de ellos me ha contestado: “tan bien no habrá estado, porque si no habríamos ganado”. Aplastante reflexión. Inconformismo que sólo puede conllevar una cosa: mejoría. Y de eso se trata en estas edades. De disfrutar y mejorar. Porque lo que depare el futuro nadie lo sabrá. Al menos que por ambición y deseo no sea. Es una cuestión de actitud.