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El sexto hombre

Clásico europeo en la Final de la Euroliga

El baloncesto es un deporte tan maravilloso que resulta impredecible. Sentado en la tribuna de prensa junto a Albert Arranz y José Eduardo Martínez, el EQUIPO de Onda Cero, en torno a las 19:25 de la tarde del viernes, se me ocurrió afirmar: este partido está acabado. Me refería a la primera semifinal, CSKA – Maccabi, con dominio ruso por 15 puntos. Empezábamos a hacer cábalas de cómo sería la final para el equipo español de turno, ahí sí que no nos mojábamos, ante el poderío físico del CSKA. Jamás volveré a abrir la boca antes del final de un partido. El BALONCESTO se encarga de cerrarla.

David Camps | @campsextohombre  | Milan | Actualizado el 19/07/2018 a las 01:47 horas

Sergio Rodríguez, con Llull al fondo

Sergio Rodríguez, con Llull al fondo / EFE

Luego volveré sobre el partido entre rusos e israelíes, como en algún momento de esta Final Four incidiré de nuevo en la huelga de los controladores aéreos franceses, pero lo que nos importaba en España era el clásico. Descafeinado visto el resultado, 100 – 62, pero cuyo desarrollo aporta muchas conclusiones. La primera de ellas me duele en el corazón y la pasaré por alto por el enorme respeto que le tengo al jugador con más talento de nuestro baloncesto, Juan Carlos Navarro. Todo lo que ha dado y dará, eso espero, por nuestro deporte así creo que lo merece. Sólo deseo que se recupere físicamente en el tramo final de temporada. Sufre él y nos hace sufrir.

La segunda conclusión es que el Real Madrid apabulló al Barcelona sin la mejor versión de Rudy Fernández. No es que no lo intentara el alero mallorquín, la realidad es que encontró muchas dificultades ante la defensa alternativa de Oleson y Papanikolau. No supo, por momentos, cómo atacar y de ahí su 5 de 12 en tiros. Sin ser su mejor partido en ataque, su energía e intensidad contagia. Como lo hace la de Juan Carlos Navarro cuando la tiene.

La tercera cuestión a destacar es la escasa batalla que plantó el Barcelona en el tramo final de la semifinal. Sin Navarro, defendido hasta la extenuación por Llull, Carroll y el propio Rudy, no hubo ningún jugador que tomara las riendas del equipo. Parecía como si estuvieran esperando ese momento de lucidez de “Juanqui” que les despertara del letargo. Sólo Tomic, al principio, se salvó de la quema. Papanikolau, Dorsey, Nachbar, Sada… espejismos de jugadores.

La cuarta conclusión te va a resultar familiar, tanto como la huelga de controladores aéreos de París, y es que Sergio Rodríguez está en un nivel de juego superlativo. Su salida a cancha cambió la dinámica del encuentro y de su equipo. El Barcelona dominaba en el marcador y en el ritmo de juego, impidiendo la habitual clarividencia merengue. Hasta la aparición del “Chacho”, Mirotic tiró de galones (extra motivado está en esta cita) y así aguantó el tipo el conjunto blanco. Sergio sacó su chistera y todo el mundo, salvo el azulgrana, a disfrutar.

La quinta conclusión retoma la reflexión inicial. Maccabi es el “tapado” de esta Final Four. Ya lo fue en los cuartos de final eliminando al equipo organizador, AJ7 Milan, y lo ha sido en semifinales remontando 15 puntos en 10 minutos ante el que pensaban muchos era el favorito al título. Cuestión de fe israelí y una mezcla de desidia, relajación y mala reacción desde el banquillo. Feo final de Messina en el CSKA. Aspecto a estudiar en la capital moscovita: cómo han podido perder en las tres últimas ediciones siendo, en teoría, mejores que sus rivales. Un estigma que perseguirá a más de uno, empezando por el entrenador y terminando por Teodosic. Hubo invasión de cancha al final del partido. Sí, como lees. Los aficionados de Maccabi, sentados en el lateral de la pista al estilo NBA, saltaron cual resortes al ver la canasta final de Rice que les metía en la final. No quiero pensar lo que podamos vivir mañana en el Mediolanum Forum. Suerte tendremos si el Real Madrid sigue con su forma de jugar, su talento, su chispa, su deseo de esquivar errores pasados y mostrar toda su madurez. La NOVENA les espera.