29/05/2026
Atando Cabos 3x20: El one

Lo que describe el último auto del juez Pedraz tiene una dimensión diferente, quizás inédita en nuestra democracia: no es la corrupción de individuos que aprovechan el poder para enriquecerse, que ya es grave, sino la conversión del aparato de un partido de gobierno en instrumento de obstrucción sistémica a la acción de la justicia.
España ha conocido escándalos de corrupción de enorme calado. Los GAL, el caso Roldán, los ERE andaluces, la trama Gürtel, el caso Bárcenas, Kitchen, Nóos o Púnica dejaron una profunda huella en la confianza ciudadana en las instituciones.
Pero lo que describe el último auto del juez Pedraz tiene una dimensión diferente, quizás inédita en nuestra democracia: no es la corrupción de individuos que aprovechan el poder para enriquecerse, que ya es grave, sino la conversión del aparato de un partido de gobierno en instrumento de obstrucción sistémica a la acción de la justicia.
La diferencia importa. Porque cuando la corrupción ya no es un efecto secundario del poder, sino su propósito instrumental —cuando el partido no contamina el Estado, sino que utiliza el Estado para proteger al partido—, estamos ante una forma de captura institucional que socava los cimientos mismos del Estado de Derecho. Lo que el auto describe, si los indicios se confirman en juicio oral, es un Gobierno que no solo no combatió la corrupción en su seno: la organizó, la financió y la dirigió.
En este momento del proceso, los investigadores no han 'escalado' al presidente del Gobierno y aseguran que "el jefe era Cerdán".
Pero Sánchez, el presunto "one", está en manos de su antiguo secretario de Organización, Santos Cerdán, y de un personaje como Leire Díez, que se enfrenta, como el propio Cerdán, a serias imputaciones de organización criminal, plurales delitos de cohecho, revelación de secretos, inducción al falso testimonio, acusación falsa, falsedad en documento mercantil, prevaricación, tráfico de influencias y delito contra las instituciones del Estado.



