Esta campaña es distinta. Lo es porque hasta los habitualmente escépticos también ven los debates, sean a cuatro o cara a cara. Audiencias que rondan los 10 millones de personas lo certifican. Es distinta porque todo se mira con lupa. Y un candidato que tiene acorralado a su oponente puede volver todo en su contra cuando recurre al barro para rematar la faena. Y es distinta, en fin, porque visto y oído lo que sucedió anoche, crece el interrogante sobre el fin del bipartidismo. Las urnas dirán el domingo.