30/10/2025

Los aficionados a las ucronías suelen afirmar que, si Hitler hubiera entrado en la Academia de Bellas Artes, hoy no habría documentales de la Segunda Guerra Mundial. Y si Churchill no hubiera suspendido el examen militar y hubiera acabado en un cuartel remoto, lo mismo hoy hablaríamos alemán. De igual manera, si Stalin hubiera seguido en el seminario, habría sido sacerdote en Georgia y no habría habido gulag. Quién sabe lo que habría pasado si Napoleón hubiera acabado como notario en Córcega, si Lenin hubiera conseguido un empleo en Zurich o si Mao hubiera triunfado en la poesía...
Salvando las distancias, muchos nos hemos preguntado qué habría sucedido si Marengo, el grupo de música melódica en el que Carlos Mazón era vocalista, hubiera sido seleccionado para Eurovisión, evento al que concurrió sin lograr clasificarse; qué hubiera sucedido si finalmente se hubiera consolidado en los escenarios...
Dice Jabois que lo único que se recordará dentro de cien años será la factura del Ventorro y el paseo por el parking. Seguramente ni eso. A lo mejor dentro de cien años nadie recuerda ni lo que era un parking. Pero hay algo que sí perdura: la certeza de que lo peor que puede decirse de un político —cuando todo se ha dicho— es que habríamos estado mejor si nunca se hubiera metido en política.
Ser feliz es ignorar, y nosotros ignoramos los desastres que se evitaron porque cierta gente no se metió en política. No nos hagamos daño.



