Rubén Amón indulta al fútbol por haber conseguido que el balón nunca deje de dar vueltas y ocupar el día con la Eurocopa y la noche con la Copa de América. Asegura que tiene al espectador secuestrado y que la sociedad enferma de fútbol debería hacérselo mirar por haberlo asumido con un consumo bulímico.