En ocasiones una persona se ve tentado a seguir sus principios, aunque esto implique dañar a un amigo. Esta es la situación por la que pasa el oyente que le ha planteado su tesitura a Jorge: "Un buen amigo, que es una persona inteligente y con inquietudes, se ha reinventado como coach de minimalismo, y cobra entre 150 y 300 euros la sesión por ayudar a la gente a “simplificar su vida”, lo que incluye desde vaciar armarios hasta pautas de consumo. Sus clientes parecen contentos, pero a mí me chirría un poco. Quiero decir que, aunque sus intenciones seguramente son buenas, no tiene formación psicológica, ni experiencia en terapia, ni formación en economía o sostenibilidad. Me preocupa que esté cobrando por algo que raya la pseudoterapia y que esté aprovechándose de la gente. ¿Debería decírselo? ¿O debo respetar que haya encontrado una vocación y un modo de ganarse la vida en algo que, al menos en apariencia, no hace daño a nadie?"