12/06/2026
Atando cabos 3x22: Todos arrimando al Papa a su sardina

Hay un viejo refrán español —de esos que sobreviven porque destilan una verdad inagotable— que dice que cada uno arrima el ascua a su sardina. En la España de la polarización permanente, del muro levantado contra el adversario como consigna de gobierno, de los bandos que se atrincheran en sus propias realidades paralelas, ese refrán ha encontrado su versión pontificia: todos han querido arrimar el Papa a su sardina.
León XIV aún no había bajado del avión en Barajas cuando ya había comenzado el forcejeo. Cada partido, cada portavoz, cada tertuliano de guardia afilaba el bisturí para extraer del cuerpo vivo de la visita papal exactamente el órgano que le convenía y desechar el resto. Como si el Sucesor de Pedro fuera una especie de menú de degustación ideológico en el que cada comensal pudiera pedir solo los platos de su agrado y devolver los demás a la cocina con un educado "no, gracias, esto no encaja con mi dieta electoral".
Lo cierto es que la visita de León XIV a España ha sido, por méritos propios, uno de los acontecimientos históricos de la España reciente. El primer papa que toma la palabra ante las Cortes Generales. Siete minutos de ovación ininterrumpida al término de un discurso de media hora que abordó, con una franqueza inhabitual en los foros parlamentarios, casi todos los grandes debates que atraviesan la sociedad española. Migración, aborto, eutanasia, educación, familia, polarización, rearme, inteligencia artificial. Una radiografía completa de las fracturas del país, pronunciada con la serenidad tranquila de quien no tiene escaño que ganar ni votante al que contentar.
Pero la política española, esa disciplina que ha elevado la deformación de la realidad a categoría de arte, no podía dejar pasar semejante oportunidad. Y así, en cuestión de horas, el mismo discurso se convirtió en espejo para todos y espejo fiel para nadie.



