A través de la experiencia de familias cofrades, como la de Blanca, descubrimos cómo la tradición se transmite de generación en generación: desde preparar túnicas y medallas hasta enseñar a los más pequeños a distinguir pasos y marchas.
La Semana Santa se aprende observando, acompañando y sintiendo; es una herencia de fe, emoción y comunidad que se vive en familia y se consolida con el tiempo. Más que procesiones, son historias, recuerdos y vínculos que hacen que la tradición siga viva en cada nueva generación.
Con la colaboración de la Diputación de Granada.
