09/10/2025

Olga llegó hace años a Gijón desde Moscú. Vino por amor, porque un descendiente de los niños de la guerra (que siempre se sentirán medio rusos y medio asturianos )se lo propuso. Aunque le gustaría regresar a Rusia, se queda por sus hijos y porque ha ido consiguiendo sus pequeños espacios.
También ha mejorado su castellano. O su "bable ruso". El idioma fue lo que más le costó, y necesitaba aprenderlo porque están los extranjeros que llegan y no necesitan aprenderlo porque tienen alguien que los mantenga o, como ella, que lo necesitan para ganarse la vida. Y Olga siempre se ha buscado la vida. Ahora mismo trabaja en una inmobiliaria llamada Viprus, desde donde intenta ayudar a otros a encontrar su vivienda. Pero está la cosa fastidiada, advierte, porque cada vez llega más gente y no estamos preparados.
En Moscú sabe que tendrían más opciones de crecimiento profesional, pero Gijón es una ciudad donde puedes estar muy seguro, destaca Olga. Y es lo que quiere para sus hijos. Que puedan salir tranquilos y que si tienen un problema busquen "a un policía o a un taxista", dice. Aún así, cree que tenemos gran potenciar de mejorar con proyectos básicos.
Olga vive a caballo entre la ciudad y la zona rural. Tiene una casita (su rincón tranquilo) en Caldones. Por trabajo necesita estar más en la zona urbana, pero a ella lo que realmente le gusta es la franqueza de la gente de los pueblos. Son muy directos, como los rusos, afirma. Si te gustas te gustas, si no no lo ocultas.
Y como buena rusa, ironiza, le encanta la sidra y la fabada.
