03/11/2026

Un ejercicio "innecesario" pero que "compensa"

¿Por qué hacemos ejercicio si evolutivamente no lo necesitamos?
Imagen: Universidad de Oviedo
  • 15:01 MIN

Un ejercicio "innecesario" pero que "compensa"

UNI

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Un ejercicio "innecesario" pero que "compensa"

El ser humano no necesita hacer ejercicio. Evolutivamente no lo necesitamos, pero lo hacemos. Una investigación de la universidad de Oviedo se ha preguntado por qué. Nos lo han explicado en el QUÉ SE CUECE en el mundo universitario.

Ojo. No es lo mismo la actividad física, necesaria siempre, que el ejercicio, entendido como la práctica de un deporte cuyo único objetivo es sentirnos mejor físicamente. La investigación ha tratado de determinar por qué nuestro cerebro asume ese ejercicio y cómo analiza el coste-beneficio de realizarlo.

Uno de los firmantes del estudio, Hugo Olmedillas, explica que han determinado tres razones para hacer ejercicio.

La primera (compensación homeostática) propone que el ejercicio contribuye al mantenimiento del propio organismo. La vida sedentaria hace que dejen de producirse muchas señales internas que antes se generaban de forma natural, simplemente por moverse a diario. El ejercicio voluntario podría constituir una forma de recuperar esas señales de cuidado y reparación, de un modo comparable a la puesta a punto periódica de un motor que ha permanecido mucho tiempo sin usarse.

La segunda (señalización costosa) señala que el ejercicio funciona como una forma honesta de mostrar nuestra condición física ante los demás. Del mismo modo que, en las sociedades de cazadores, la fuerza o la resistencia decían algo sobre una persona, hoy “estar en forma” sigue transmitiendo una imagen de salud, disciplina y capacidad de esfuerzo, mientras que el sedentarismo tiende a percibirse, muchas veces de forma injusta, como señal de lo contrario.

La tercera (recodificación de la recompensa) sugiere que hemos aprendido a que el ejercicio nos resulte gratificante por sí mismo. Los mismos sistemas cerebrales que recompensan comportamientos relevantes para la supervivencia, como comer o cooperar con otros, parecen capaces, en el ser humano, de recompensar también metas que nos marcamos nosotros mismos, como sentirnos competentes, superar un reto o formar parte de un grupo que entrena de manera conjunta. El esfuerzo sigue teniendo el mismo coste, pero puede llegar a percibirse como algo valioso en sí mismo.

Y un consejo. El cerebro necesita la recompensa del ejercicio. Si no adaptamos ese ejercicio a lo que podemos dar o nuestra condición física, si el coste es excesivo, nuestro cerebro puede rechazarlo. Y lo importante, concluye Hugo, es mantenerse en el tiempo.