La inteligencia artificial comienza a consolidarse como una herramienta clave en el acompañamiento y cuidado de las personas mayores. Entidades sociales y expertos en envejecimiento defienden el potencial de estas tecnologías para combatir la soledad, mejorar la autonomía y reforzar la atención preventiva, siempre bajo criterios de seguridad, ética y protección de datos. “Este tipo de tecnología no se puede improvisar”, advierte en el programa Nits de ràdio de Onda Cero Catalunya Juan Miguel Cabello Neyla, miembro de la comisión de salud de CEOMA (Confederación Española de Organizaciones de Mayores), quien subraya la importancia de controlar “lo que está haciendo y lo que deja de hacer” la IA cuando interactúa con personas mayores.

El avance de asistentes inteligentes como AMY, desarrollado para ofrecer apoyo cotidiano y monitorización preventiva, llega en un contexto marcado por el envejecimiento progresivo de la población. “Cada vez vivimos más años y no siempre vivimos acompañados, escuchados y atendidos”, señala Cabello Neyla. En este sentido, considera que las necesidades emocionales y sociales de los mayores “es importante también abordarlas y estar pendiente de ellas”, especialmente en personas que viven solas o con menor red de apoyo familiar.

Desde CEOMA insisten en que la inteligencia artificial debe utilizarse como complemento y nunca como sustituto de decisiones médicas, familiares o profesionales. “La inteligencia artificial no debe sustituir nunca decisiones clínicas o familiares, sino aportar información útil y complementaria para mejorar la vida de la persona”, explica. Además, recalca la necesidad de blindar la privacidad de los usuarios, ya que estos sistemas recopilan información especialmente sensible relacionada con emociones, rutinas, salud o comportamiento cotidiano.

La incorporación de herramientas biométricas y predictivas representa uno de los grandes avances de este nuevo modelo de cuidados. Sistemas como AMY integran reconocimiento facial, análisis de voz y monitorización de constantes para detectar cambios físicos o emocionales antes de que se conviertan en un problema grave. “La solución va previendo tus posibles necesidades futuras”, afirma Cabello Neyla, quien destaca que esta tecnología puede facilitar información útil tanto a familiares como a servicios de atención y cuidado. “Probablemente la relación consigue ser más empática porque la persona mayor reconoce que hay alguien que se interesa por él”, añade.


Las organizaciones de mayores también ponen el foco en reducir la brecha digital y desmontar prejuicios sobre el uso de la tecnología entre la población envejecida. “Muchas veces pensamos que la persona mayor le tiene miedo a la tecnología, y eso es incierto”, sostiene Cabello Neyla, recordando que gran parte de los mayores ya utilizan smartphones, aplicaciones de mensajería o redes sociales en su día a día. “No queremos pensar en la persona mayor como alguien dependiente; este tipo de soluciones busca favorecer su autonomía el máximo tiempo posible”, concluye. El objetivo pasa por ofrecer herramientas accesibles y comprensibles que permitan prolongar la independencia y la calidad de vida.