01/09/2025

Javier Arias Artacho
  • 06:06 MIN

Israel ya ha perdido su guerra

opinión

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Israel ya ha perdido su guerra

Por el profesor y escritor Javier Arias Artacho

La historia está llena de episodios inolvidables y vergonzosos que, aunque el tiempo cicatrice su dolor, perduran como muescas en la madera. Son cicatrices que ya no duelen, pero imborrables. Visitar Auschwitz en Polonia es un muy claro ejemplo de cómo el horror vivido por una generación de judíos se puede convertir en un parque turístico donde los visitantes pasean entre la fascinación y el desconcierto. Al ver los cabellos y los zapatitos de los niños asesinados, el espectador no puede dejar de preguntarse cómo fue posible que el ser humano llegase a tanto.

El pueblo judío bien conoce en su reciente historia lo que significó el crimen del antisemitismo. Una segregación que, de una manera nueva, se perpetuó en Oriente Medio incluso después de que en 1947 la ONU les cediera un territorio en Palestina. Entonces ya había judíos y árabes conviviendo en aquellas tierras y no existía ningún estado palestino, sino un territorio administrado por Gran Bretaña tras la caída del Imperio Otomano. La ONU decidió dividir la región entre árabes y judíos entendiendo que, históricamente, tenían el mismo derecho tantos los unos como los otros, sin olvidar que Jerusalén fue la capital del Reino judío. Sin embargo, desde el principio, el mundo árabe no aceptó al estado de Israel y procuró acabar con ellos, pero sin esperar la resistencia de su ejército. Sí, su ejército y organización, porque Israel comprendió que si quería permanecer en aquel territorio debía armarse hasta los dientes. Sabían, y saben, que la dinámica de sus vecinos árabes es procurar tirarlos al mar y, la de ellos, la de resistir.

Los antisemitas, los propalestinos, los que siempre han despreciado al estado de Israel no ignoran, pero sí obvian, esa constante convivencia con terroristas palestinos de toda índole. Personajes sin escrúpulos que odian más a Israel que lo que aman a sus propios hijos. Terroristas, sí, no lo olviden: terroristas. Quienes el 7 de octubre de 2023 secuestraron a 250 personas, incluidos bebés, fueron los del brazo terrorista Hamas, los mismos que su en invasión mataron a alrededor de 1200 civiles. Más allá de los propagandistas de extrema izquierda, los antisemitas y propalestinos, la comunidad internacional adulta y razonable comprendió a Israel e, incluso, justificó su respuesta armada.

Sin embargo, lo que fue una respuesta lógica y justificable se acabó convirtiendo en un genocidio. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu tomó la decisión exterminar a la Franja de Gaza con todo lo que existe en ella, desde sus infraestructuras, su ciudadanía y, por supuesto, también con los terroristas que son los que se saben escabullir mejor. Se trata de matar moscas a cañonazos y aniquilar lentamente de hambre a una población extenuada de sufrimiento. Las imágenes de los niños entre los escombros, hambrientos, heridos y huérfanos esperando que el próximo día caiga sobre ellos otra bomba que los mate es tan insoportable del mismo modo que entender cómo se permitió Auschwitz. Es vergonzosa y escandalosa la permisividad europea y estadounidense y, por ello, ahora mismo existe una corriente civil internacional que exige un “ya basta”. No es exagerado hablar de genocidio. No lo es. Ni siquiera permiten que les lleguen alimentos.

El estado judío, con motivos justificables y apoyado por gran parte de la opinión pública, ha perdido cualquier tipo de legitimidad. El pueblo que sufrió el genocidio más recordado de la historia se esfuerza en repetirlo dirigido por Benjamin Netanyahu, quien asume que el fin justifica los medios. Es fácil imaginar el incendio del odio entre los jóvenes árabes que puedan sobrevivir e inverosímil creer que con un sometimiento militar así se acabará con un conflicto de décadas. Podrán someterlos hoy, pero el corazón del mundo árabe arderá hasta que llegue su oportunidad. Bien deberían saber los judíos que la historia da muchas vueltas.

Por supuesto, habrá un antes y un después de este exterminio televisado. Nadie podrá decir que no lo sabían. Desde mi punto de vista, Israel ha jugado mal sus cartas. Siempre es importante no ser odiado por todo el mundo y, mucho menos, por aquellos que te han apoyado y legitimado. Ya quedan pocos que puedan justificar esta carnicería y muchos que comenzan a preguntarse lo que antes no se preguntaban: ¿por qué los han odiado tanto a lo largo de la historia?

www.javierariasartacho.es