05/06/2025

Edgar Bresó
  • 12:52 MIN

La Empatía

psicología de andar por casa

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La Empatía

Con Edgar Bresó, Profesor y Psicólogo

Hoy traemos a nuestro espacio sobre Psicología para andar por casa un concepto de esos del que hablamos a diario pero que tal vez no ponemos mucho en práctica: La empatía. Y para aclararnos algunas cosas sobre este concepto, tenemos un jueves más con nosotros a Edgar Bresó.

Buenas tardes. Cuéntanos, ¿Qué nos vas a contar hoy sobre la empatía?

La empatía es un concepto muy conocido. Es una palabra que usamos mucho pero que, como bien dices, no siempre la ponemos en práctica. Por eso hoy, digamos que mi objetivo es que pasemos a la acción y así, además de hablar de empatía (que está muy bien), usemos la empatía (que está mucho mejor). ¿Qué te parece Luís?

Muy bien. Empecemos por el principio, ¿Cómo podemos definir la empatía?

La empatía es la capacidad de una persona para comprender las emociones y los pensamientos de otra persona. No significa necesariamente estar de acuerdo con el otro, sino sentir con el otro, sin juicio (ahí está la clave).

La empatía va más allá de la simpatía (sentir lástima) o de la compasión (querer ayudar); implica "ponerse en el lugar del otro" pero de forma genuina, incluso cuando no compartes su opinión o su situación. No se trata de entender, se trata de sentir lo que el otro siente. No es algo cognitivo sino emocional.

Entender es, por ejemplo, tener Simpatía: cuando dices: "Siento que estés triste." (Reconoces su emoción desde fuera). Pero realmente no la sientes.

¿Que dice la ciencia sobre la empatía? ¿Existen estudios sobre esta habilidad?

Por supuesto, existen numerosos estudios, tanto en el campo de la psicología como también en neurociencia.

Por ejemplo, para los escépticos que estén escuchando (que seguro que los hay) comentar que diversos estudios realizados por Tania Singer (Instituto Max Planck) han demostrado que la empatía es una respuesta neurobiológica real. Es decir, haciendo uso de la Resonancia magnética funcional, se observó que, en sujetos normales (no patológicos), el cerebro responde al sufrimiento ajeno activando las mismas áreas del cerebro que el dolor propio (corteza cingulada anterior y la ínsula).

Por otro lado, a nivel más aplicado, estudios realizados en el ámbito sanitario, han demostrado que médicos con mayor puntuación en empatía tenían pacientes con mejores resultados en el control y la adherencia a los tratamientos en enfermedades como, por ejemplo, la diabetes (enfermedad con la que, como sabes, estoy muy implicado por razones obvias).

Y finalmente, estudios realizados por el profesor David DeSteno que es uno de los referentes en este ámbito han demostrado que las personas que meditan (que hacen mindfulness, esa palabra que tanto te gusta Luís) son más propensas a empatizar y ayudar a los demás.

Vayamos ahora a la parte más práctica y aplicada. ¿Cómo podemos usar la empatía en nuestro día a día?

La empatía puede aplicarse en cualquier situación, pero yo voy a resaltar 3 contextos fundamentales en dónde se puede aplicar la empatía de una forma súper sencilla:

En casa: Escuchar activamente a familiares sin interrumpir ni juzgar.

En el trabajo: Gestionar conflictos con comprensión, no con confrontación.

En la sociedad: Ser más tolerante con personas de otras culturas o formas de vida. Ayudar a personas vulnerables desde la comprensión, no la lástima.

Probablemente mucha gente piensa, vale okay. Todo eso está muy bien, pero dame pautas concretas para usarla en mi día a día (Te voy a dar 5 Ejemplos prácticos):

  1. Practica una Escucha Activa y Profunda:

Presta toda tu atención (deja el móvil).

Mantén contacto visual. Asiente. Resume lo que oyes ("O sea, te sentiste ignorado cuando...").

Haz preguntas para comprender a la otra persona ("¿Qué fue lo que más te dolió?").

  1. Evita interrumpir, juzgar, dar soluciones no pedidas, contar tu historia similar de inmediato ("¡A mí me pasó algo peor!").

  1. Valida las emociones (sin necesariamente estar de acuerdo). Reconociendo los sentimientos del otro: "Entiendo que esto te frustra mucho", "Veo que estás muy ilusionado", "Debe ser muy duro pasar por eso".

  1. Evitar minimizar ("No es para tanto"), o Negar ("No deberías sentirte así"), o incluso corregir las emociones del otro.

  1. No emitas Juicio: Sé consciente de tus propios prejuicios o suposiciones sobre la otra persona. Intenta entender por qué actúa o siente así desde su contexto, no desde el tuyo.

Si la empatía es tan buena, efectiva y recomendable, ¿Por qué no se usa?

La empatía es una competencia muy valorada en teoría, pero en la práctica, la verdad es que suele faltar por varias razones. Te voy a contar algunas de las razones por las que yo creo que ocurre esto:

1. Limitaciones cognitivas:

Esfuerzo mental: Ponerse en el lugar de otro requiere atención, reflexión y disposición emocional.

Fatiga emocional: En contextos de estrés o agotamiento, como el trabajo o la vida cotidiana, muchas personas se cierran emocionalmente para protegerse.

2. Entornos que desincentivan la empatía

Cultura competitiva: En ambientes donde se premia el éxito individual, la empatía puede verse como una debilidad.

3. Miedo y prejuicio

A veces no se empatiza porque el otro es “muy distinto” o porque se percibe como una amenaza.

4. Falta de educación emocional

La empatía no siempre se enseña. Muchas personas crecen sin modelos que la practiquen o valoren. Se priorizan otras habilidades (logro, disciplina, rendimiento) sobre la conexión emocional.

Ejemplos concretos en distintos contextos para entender por qué, a pesar de ser tan recomendable, la empatía escasea en la práctica.

Para terminar, ¿Cómo se podría mejorar la empatía de nuestra sociedad?

1. Educación emocional desde la infancia

Incluir programas de educación socioemocional en las escuelas (escucha activa, resolución de conflictos, trabajo en equipo).

Fomentar el juego cooperativo, el teatro y el debate respetuoso.

Promover la lectura de ficción, que ayuda a entender mundos interiores ajenos.

Ejemplo: Finlandia y algunos colegios en Colombia o México ya han integrado currículos de inteligencia emocional con buenos resultados en convivencia escolar.

2. Promover la conversación y la escucha activa

Enseñar a dialogar sin interrumpir ni imponer.

Valorar los matices, no sólo las certezas.

Practicar la pregunta: "¿Qué te llevó a pensar así?"

Ejemplo: Círculos de diálogo en comunidades o “cafés filosóficos” en los que las personas aprenden a escucharse sin juzgar.

3. Medios y redes sociales más responsables

Dar visibilidad a historias humanas (no solo titulares extremos o virales).

Evitar la deshumanización de colectivos (refugiados, adversarios políticos, minorías).

Promover influencers o campañas que normalicen la empatía y el respeto.

Ejemplo: Campañas como “#TodosSomos...” o videos virales que muestran a personas ayudando a desconocidos generan impacto emocional positivo.

4. Políticas públicas con perspectiva humana

Diseñar leyes y servicios escuchando a los afectados, no solo desde el escritorio.

Capacitar a funcionarios en empatía, sobre todo en salud, justicia y atención social.

Ejemplo: Presupuestos participativos, donde los ciudadanos deciden cómo usar parte del dinero público, fomentan la comprensión mutua.

5. Practicar la empatía en la vida diaria

Hacer el esfuerzo de escuchar sin interrumpir.

Preguntar más: "¿Cómo te sentiste?" en vez de dar consejos rápidos.

Ser pacientes con quien piensa distinto.

Ejemplo: En vez de reaccionar con juicio o sarcasmo ante un comentario polémico, preguntar: "¿Qué te llevó a decir eso?" puede abrir un diálogo real.

En resumen La empatía no aparece por decreto, pero se cultiva con:

Educación + ejemplo + espacios seguros para hablar + responsabilidad colectiva.

Es un cambio cultural profundo, pero posible, y empieza en cosas pequeñas.