27/02/2025
Cómo nos condiciona la suerte en nuestra conducta del día a día

- 14:06 MIN
Cómo nos condiciona la suerte en nuestra conducta del día a día
Con el profesor y psicólogo Edgar Bresó
¿Cómo se puede definir desde el ámbito de la psicología, la suerte?
La primera idea que quiero compartir es que la percepción que tenemos de la suerte es aprendida. Desde que somos muy pequeños nos intriga saber cómo funciona el mundo, por qué ocurren las cosas. Y, entre los 7 y 10 años coincidiendo con lo que Piaget llamaba la etapa de las operaciones concretas, en esa etapa los niños comienzan a pensar de manera más lógica y sistemática y poco a poco eso se cristaliza sobre los 11-12 años la etapa de la operaciones formales en dónde aprendemos que las cosas suceden por una causa concreta (que no es casualidad) y es ahí dónde empezamos a construir lo que para nosotros es la suerte. Que será… la explicación a todo aquello que no somos capaces de explicar de forma racional
Perfecto.. ya sabemos de dónde viene y qué es la suerte para nosotros pero. ¿Cómo se ha estudiado la suerte desde la psicología?
La suerte no es un concepto central en la psicología, sin embargo, existen investigaciones interesantes que estudian cómo las personas percibimos e interpretamos la suerte y a mi, personalmente me parece muy interesante y revelador y por eso voy compartir algunas ideas contigo y con la audiencia.
El primer aspecto del que vamos a hablar es de la Percepción de la suerte y los sesgos cognitivos; los sesgos son “atajos que nuestra mente hace para interpretar el mundo”
y dentro de ellos, nos vamos a detener en los estudios sobre la ilusión de control: En 1975 La psicóloga Ellen Langer investigó cómo las personas tendemos a creer que tenemos control sobre eventos que realmente son aleatorios, como por ejemplo, los juegos de azar. Esto se conoce como la ilusión de control.
Por ejemplo, las personas pueden sentir que tienen más probabilidades de ganar en un juego de dados si ellos mismos lanzan los dados cuando realmente es pura probabilidad.
Desde que somos pequeños estamos educados a pensar que todo tiene una causa y nos cuesta mucho pensar que las cosas, a veces, simplemente pasan porque sí, sin causa alguna y ahí es dónde muchas veces ubicamos a la suerte (o a la mala suerte) como la explicación o causa de las cosas.
El segundo aspecto sobre el que se ha investigado es la relación entre la personalidad y creencias sobre la suerte. Richard Wiseman en su libro "The Luck Factor" (2003), propone que las personas que se consideran "afortunadas" comparten ciertas características de personalidad ¿Imaginas cuáles pueden ser estas características?
Según este investigador, las personas que creen tener más suerte:
- Están más abiertas a nuevas experiencias.
- Son más resilientes ante el fracaso.
- Tienen una actitud positiva y ven oportunidades donde otros no las ven.
- Mantienen redes sociales más amplias, lo que aumenta sus posibilidades de encontrar "golpes de suerte".
De este modo, Wiseman argumenta que la suerte no es algo mágico o casual, sino el resultado de ciertos comportamientos y actitudes que, en definitiva, aumentan las probabilidades de que tengamos suerte.
esta idea está en concordancia con una conocida frase de Picasso que decía algo así como: “la inspiración existe pero lo ideal es que te pille trabajando”
El tercer aspecto ampliamente estudiado es la consideración de la suerte como una atribución causal.
Utilizar la suerte para explicar eventos que no podemos predecir o controlar. Por ejemplo:
Si alguien gana la lotería, es común atribuir el resultado a la suerte o si alguien sufre un accidente inesperado, también lo atribuímos a la mala suerte.
En estos casos, la suerte se percibe como un factor ajeno a la voluntad o capacidad de la persona, lo que la convierte en una explicación convincente para todos esos eventos que no podemos explicar
Y ¿Cómo las personas usamos la suerte en nuestras atribuciones?
Pondremos un ejemplo: En eventos positivos inesperados; cuando algo bueno me ocurre sin que yo haya hecho nada aparente para merecerlo, pues decimos que ha sido la suerte (no decimos que es simple casualidad, decimos que ha sido la suerte porque para nosotros tiene más sentido que exista una causa a que sea algo simplemente aleatorio)
Hasta aquí todo claro, pero qué ocurre cuando usamos la suerte de manera… digamos interesada… pues hacemos uso de lo que llamamos Sesgos en la atribución de la suerte. Por ejemplo, el sesgo de autoservicio:
Las personas tendemos a atribuir nuestros éxitos a factores internos (como nuestra habilidad) y los fracasos a factores externos (como la mala suerte).
Por ejemplo, "Aprobé el examen porque he estudiado" pero "Suspendí porque tuve mala suerte".
Por otro lado, otro sesgo es la ilusión de control. A veces, las personas subestimamos nuestra capacidad para influir en eventos aleatorios, lo que lleva a
atribuciones erróneas. Por ejemplo, creer que usar un amuleto trae buena suerte en un juego de azar.
¿Cuáles son las consecuencias a nivel psicológico de explicar las cosas a través de la suerte?
Pues, como todo, puede tener efectos positivos y algunos no tanto. Por ejemplo, un efecto positivo es reducir la culpa: Atribuir un fracaso a la mala suerte puede proteger nuestra autoestima. Por otro lado, y muy importante, nos ayuda a aceptar la incertidumbre: Reconocer que algunos eventos están fuera de nuestro control puede ayudar a manejar la ansiedad.
Pero también tiene algunos efectos negativos. Por ejemplo, la falta de responsabilidad: Atribuir todo a la suerte puede llevar a una actitud pasiva y a no tomar medidas para mejorar y también la desmotivación: Si las personas creen que su éxito depende sólo de la suerte, pueden perder la motivación para esforzarse.
¿Para qué nos puede servir saber todas estas cosas sobre la suerte?
Entender cómo funciona la suerte desde la perspectiva de la atribución causal es muy útil en campos como la educación y la psicología clínica, ya que permite comprender cómo las personas interpretan sus éxitos y fracasos, y cómo estas interpretaciones influyen en su comportamiento y su bienestar.
En el ámbito educativo, comprender cómo los estudiantes atribuyen sus éxitos y fracasos (ya sea a la suerte, al esfuerzo, a la habilidad o a factores externos) es crucial para fomentar una mentalidad positiva y mejorar el rendimiento académico.
Atribuciones internas y controlables (como el esfuerzo) tienden a aumentar la motivación y la autoeficacia. Por ejemplo, si un estudiante atribuye su éxito en un examen a su dedicación, es más probable que se esfuerce en el futuro.
Del mismo modo, enseñar a los estudiantes a atribuir sus fracasos a factores controlables (como la falta de estudio) en lugar de a la mala suerte o la falta de
habilidad, les ayuda a desarrollar resiliencia y a ver los errores como oportunidades de aprendizaje.
También en el ámbito clínico, entender cómo las personas atribuyen eventos a la suerte es fundamental para abordar problemas emocionales y comportamentales. Las personas con depresión tienden a hacer atribuciones internas y globales para los eventos negativos (por ejemplo, "Soy un fracaso en todo").
Así las terapias cognitivo-conductuales trabajan para modificar estas atribuciones disfuncionales y fomentar patrones de pensamiento más adaptativos.
Finalmente, las personas con ansiedad pueden atribuir eventos negativos a factores incontrolables (como la suerte), lo que aumenta su sensación de incertidumbre y falta de control y enseñar a los pacientes a identificar factores controlables y a desarrollar estrategias de afrontamiento puede reducir la ansiedad.
¿Algún mensaje final a modo de conclusión?
El atribuir la explicación de ciertas cosas a la suerte (o mala suerte) no es algo malo. Es algo humano y adaptativo. Porque en nuestra vida, a veces, ocurren cosas simplemente porque sí. Sin una explicación lógica. Y debemos entender que la suerte es fundamental en la vida y, en ocasiones, por ejemplo, personas que no merecen éxito pues… tienen suerte y obtienen mucho éxito laboral por ejemplo. Y, del mismo modo, personas que merecen mucho éxito porque se lo curran mucho pues nunca lo consiguen porque hace falta también cierto grado de suerte. Pero, todo esto, no debe convertirse en un problema que nos haga abandonarnos a la suerte y no motivarnos.
De este modo, a nivel educativo y también clínico, comprender cómo y por qué las personas atribuyen la causa de más o menos eventos a la suerte es clave para fomentar una mentalidad más proactiva, resiliente y maximizar el bienestar de la sociedad

